Mi nombre es Juan Martín Lena López y tengo 43 años. Nací en Montevideo, República Oriental del Uruguay. A Buenos Aires llegué en Agosto de 2011, y el motivo que tenía para venir fue que esta ciudad siempre me sedujo, siempre me gustó. Desde niño escuchaba hablar de Buenos Aires y me quedaba imaginando su gente, sus orillas y sus legendarios asados. Me gustaba la idea de aprender a cocinar y de hacer yo mismo un gran asado para todos mis amigos.

Al principio viví en Barracas, luego en Villa Urquiza y ahora estoy en Palermo, que fue el barrio que elegí para tener los bosques “al fondo de mi casa”: eso es impagable, salgo a hacer largas caminatas por el lago y a respirar aire puro, porque como uruguayo siempre estuve en contacto con la naturaleza. Mi vínculo con Uruguay es permanente; parte de mi familia vive allí, mis amigos, y mi banda de reggae Elsantoremedio, en la que siempre tengo mi lugarcito para rockear un poco cuando hay alguna fecha que coincida con mi visita (si es en los carnavales, mejor). Pero en Buenos Aires me dedico a mi profesión, soy el Chef de La Dorita, un conocido lugar de carnes de la Ciudad, así que puedo decir que cumplí mi meta con la carne y con la cocina.

Una de las cosas que más me gustan de esta ciudad es que es tan cosmopolita: hay movimiento permanente, diversidad, gente de todas partes y espectáculos, librerías, exposiciones que te estimulan y proponen paseos, incluso a veces sin cargo. Lo que más extraño de mi país son los ensayos, los toques con la banda, la familia; tener los amigos cerca, las playas, el mar, la rambla. Lo que descubrí es que hay gente buena en todos lados, y la gente de acá es muy parecida a la de allá, tenemos gustos y costumbres muy similares. Tengo muchísimos amigos porteños, tuve algún amor también, y mi esposa, que a pesar de ser charrúa es bastante porteña porque adora todo lo de esta orilla, como yo.

Me cuesta comer en lugares donde no conozco bien el funcionamiento y la confiabilidad y sé por mi labor que el cuidado en el manejo de alimentos es esencial. Por eso elijo aquellos en los que veo el esmero en la elección de proveedores.

En casa cocino pastas, las “pizzas de los viernes”, la lunchera que lleva mi hijo al cole, y también me gustan mucho las picaditas y las ensaladas. Los platos de mi país son casi iguales a los platos de aquí y por una cuestión de mi profesión, trato de no aburrir e intento cocinar siempre variado. Siempre tomamos mate, claro. Y de vez en cuando preparo también los típicos chivitos a la uruguaya: nuestro favorito lleva panceta, huevo duro y muchas papas fritas.

La historia más importante de mi vida siento que es siempre la que va a venir, le apuesto al futuro: viví seis años en Estados Unidos, en donde me formé como cocinero profesional; en Uruguay, donde estudié después para chef, y ahora en Argentina, donde estoy en la cocina que soñé.

Al sentirme casi siempre como un extranjero, uno se va llenando de vivencias, conoces gente de todas partes del mundo, costumbres distintas, siempre hay algo nuevo, algo diferente, millones de anécdotas, sabores, perfumes y también cientos de colores. Lo cierto es que en Buenos Aires me dedico a mi profesión y tengo pensado quedarme por estas tierras, donde la carne es un asunto tan importante para los porteños como para mí.

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