Enfrentar una hilera infinita esperando un turno y no perderse en un letargo eterno es un propósito difícil de lograr para Félix Cayetano, un colero profesional que intenta huir del estigma de ser siempre el último de la fila. Esa sensación de postergado lo alienta a invitar a sus colegas a agruparse y armar el sindicato que los represente. En La Cola, la película de Enrique Liporace y Ezequiel Inzaghi que se estrena esta semana, Alejandro Awada es Félix, el gestor que promueve su servicio como una ofrenda del propio tiempo. ”Félix es un hombre con buenas intenciones pero sucede que le ganan las circunstancias y a partir de ese sentirse tomado por las necesidades personales comienza a hacer cosas que desde su punto de vista ético y moral no son correctas”, define el actor.

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–¿Para Félix el fin justifica los medios?
–Sí, seguramente Félix pensará que el fin justifica los medios, cosa que yo no acuerdo. Pero su causa es noble, porque su deseo más profundo es la felicidad de su hija y espera el reencuentro con ella por un lado, y por el otro tiene un compromiso muy grande con su oficio, por el que de verdad tiene una construcción intelectual distinta a lo que vulgarmente se conoce como colero. Él trata de transformar el oficio de colero en la de una especie de gestoría, trata de transformar un trabajo que existe fuera de la ley en algo legalizado con todo lo que eso significa en relación a estar adentro del sistema.

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