Entrevistado por Longobardi en la cena de la Fundación Libertad, el Premio Nobel de Literatura cargó contra Venezuela y los regímenes populistas, calificó de “extraordinario” al Lava Jato y cruzó al papa Francisco: “Es una persona simpática que se ha quedado en pura retórica”

“El enemigo de la democracia, el más terrible que haya tenido, es el comunismo. Fue una utopía que sedujo a miles de personas en todo el mundo. Ese peligro ya no existe, y lo que queda del comunismo está representado por regímenes arcaicos como Cuba o Venezuela. Hoy el populismo está allí, es una enfermedad que vive. Afecta tanto a países subdesarrollados como cultos. Es un fenómeno que no es fácil de definir. El populismo es una política que sacrifica el futuro en nombre de un presente efímero”. Ante cientos de dirigentes políticos, empresarios, intelectuales, consultores y periodistas, el escritor peruano y Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa cerró anoche la cena anual de la Fundación Libertad con una intensa y exquisita entrevista moderada por Marcelo Longobardi en la que se refirió a los Kirchner, a Mauricio Macri, al Papa Francisco, el Lava Jato, Donald Trump, su incursión política y la mutación de su ideología, sus novelas y el significado de la vida, y a los regímenes populistas de la región y el mundo, con especial énfasis en Venezuela.

“Yo creo que el populismo en cierta forma es muy atractivo. A todo el mundo le gustaría que haya medidas que resolvieran los problemas en una forma más o menos inmediata. Eso no es así. Cuando un país ha cometido errores los paga y muchas veces los sacrificios que exigen corregir esos errores son enormes. Implican costos altísimos. Hay una manera de progresar, y está al alcance de todos los países, no importan los recursos que tengan. Venezuela es un país con inmensos recursos y con políticas insensatas”, subrayó Vargas Llosa en la gala en la que fue anfitrión y que convocó a la vicepresidenta Gabriela Michetti y a ministros como Guillermo Dietrich, Andrés Ibarra, Patricia Bullrich, Ricardo Buryaile, Pablo Avelluto, Nicolás Dujovne, Luis Caputo y Lino Barañao. Mauricio Macri excusó su ausencia con un mensaje grabado en el que confesó su admiración por el escritor y pidió “generosidad de todos, de los gobernantes y de cada uno de los argentinos”.

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“Tenemos que defendernos del populismo, sin ninguna duda. Argentina retrocedió en los años del populismo de una manera peligrosísima. Pero se puede cambiar, se puede enfrentar al populismo y hacerlo retroceder. Ojalá esa fuera la reacción en Venezuela. Aunque los venezolanos se rindieron al populismo, y votaron cinco veces a (Hugo) Chávez, luego han reaccionado”, insistió el Premio Nobel de Literatura, que además hizo alusión a lo que según él fueron los rebrotes populistas en Inglaterra y Estados Unidos. “La civilizada Inglaterra había caído en la demagogia más cínica (después del Brexit). Fue una inmensa decepción ver a la cuna de la democracia descender a un populismo. Y en el caso de Estados Unidos, el populismo lleva a asumir a alguien que no está preparado para esa responsabilidad. El populismo está haciendo estragos, tenemos que afrontar esa verdad”, arremetió Vargas Llosa ante un auditorio en el complejo Golden Center de Parque Norte que lo siguió atentamente y en el que sobresalió la conductora Mirtha Legrand.

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Entrevistado por Longobardi, el escritor también fue duro con el Papa Francisco, a quien definió como una “persona simpática” que no pudo introducir ningún cambio en la Iglesia Católica. “Hasta ahora ha venido diciendo cosas inteligentes que parecen apuntar a una modernización bastante avanzada en la Iglesia. Pero si comparamos esta retórica simpática con la realidad vemos que se ha quedado en pura retórica. Es difícil mover a un aparato sórdido como el que representa el Vaticano”, explicó el autor de Cinco Esquinas, su última y brillante novela cargada de fuerte contenido político -basada en el Perú de la dictadura de Alberto Fujimori-, periodístico y erótico.

Además, el escritor calificó de “extraordinario” el proceso del Lava Jato que desnudó la corrupción en Brasil y cruzó con dureza a Lula da Silva. “Hay que sentirse muy entusiasmado, siguen apareciendo culpables a todos los niveles. Las cárceles de Brasil se están llenando de gente muy poderosa, de algunas personas que habían sido apresuradamente endiosadas, como el caso de Lula. El fenómeno de Brasil hay que verlo con mucho respeto, mucha admiración y envidia”, dijo.

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Durante el último tramo de la charla, el Premio Nobel hizo alusión a su fallida candidatura presidencial de principios de siglo: aseguró que nunca tuvo vocación de político profesional, ni siquiera cuando se postuló a Presidente de Perú. “Fui empujado por las circunstancias”, abundó.

Sobre su rutina y su costado sentimental, Vargas Llosa dijo que vive en Madrid pero que pasa gran parte de su vida arriba de un avión, y que cuando llegó a contabilizar que durante su vida había vivido en cuarenta casas distintas paró porque se asustó. Enseguida, el Premio Nobel, de 81 años, reivindicó el significado de la vida. “Lo que es importante es estar vivo hasta el final, no morirse en vida. No sentarse a esperar la muerte. La muerte es un accidente que te sorprende cuando estás todavía viviendo plenamente. Vivir es una cosa maravillosa”, remarcó.

Sin embargo, el tramo de la entrevista más festejado por el auditorio fue en el que el escritor repasó sus cambios ideológicos: desde su incursión comunista en la universidad y sus años como “demócrata confuso” hasta su presente liberal que descubrió a través de la intelectualidad. “En Argetina, demócrata confuso se dice peronista”, interrumpió Longobardi ante las carcajadas del público. “Peronista no llegué a ser nunca”, devolvió Vargas Llosa.

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