“La culpa religiosa me acompaña”

 Amy Adams es una de esas actrices todo terreno. Una artista capaz de hipnotizar al espectador tanto desde un rol de chica ingenua como en la piel de una comehombres. Y es que basta con ver cómo revolea sus ojos para sentir el poder de su atractivo. Para dejarse llevar. Un talento que hace rato abandonó la categoría de promesa para convertirse en realidad. Sin dudas, una de las mejores actrices de su generación quien hace dos semanas coronó este gran crecimiento al ganar el Globo de Oro como mejor actriz por su participación en Escándalo Americano, la película que más nominaciones recibió para los premios Oscar –al igual que Gravedad– y donde también es firme candidata a quedarse con la estatuilla.

La película cuenta la vida de dos estafadores –Adams y Christian Bale– que son obligados a trabajar con un excéntrico y presumido agente del FBI –Bradley Cooper–. Un caso real sucedido en la Nueva Jersey de los ’70 donde se ve el gran trabajo de David O. Russel –conocido por El lado luminoso de la vida y El ganador– como director de actores. “Me encontraba un tanto agotada y no sabía si quería verme involucrada en una película con las características de Escándalo Americano. Cuando hablé por primera vez con David sobre este proyecto ni siquiera existía un libreto; sin embargo, sólo le tomó diez minutos convencerme. No hablamos de los otros elementos de la película, únicamente sabía que yo tenía que interpretar este personaje”, cuenta Adams.

Y es que el filme gira en torno de su figura. Alcanza con ver las escenas en las que luce su escote en v para entender su poder. Pero en la vida real, Adams no se siente tan agraciada. “No tengo ninguna característica sin maquillaje, soy pálida, tengo pestañas rubias. Se podría pintar en mi cara como en un lienzo en blanco. Puedo ser grande y bella por lo que hago”.

Pero su calidad se realza más cuando, en este caso, consigue minimizar al rol secundario a Jennifer Lawrence –nominada y gran candidata como mejor actriz de reparto–, la última ganadora del Oscar por El lado luminoso de la vida, en un filme en el que los personajes –incluso el vestuario y la banda de sonido– están por encima del guión. “El proceso de creación de personaje de la mano de David puede resultar intenso, incluso caótico, pero creo que a muchos actores les place esta situación en particular, porque crea sentimientos de inmediatez y de responsabilidad de parte del actor. A él lo que le importa es que esa interacción suceda de verdad”, dice Adams quien tiene fama de ser meticulosa.

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Nacida en Vicenza, Italia, hace 39 años, Adams es la cuarta de siete hermanos. Luego de que su padre terminara sus tareas militares en Italia, la familia volvió a Castle Rock –Colorado– donde la pequeña Amy comenzó a desarrollarse en danza y canto mientras llevaba adelante una estricta educación religiosa. “Crecí como una mormona y eso tuvo más impacto en mis valores que en mis creencias. Soy muy dura conmigo misma. La culpa religiosa me acompaña. No puedo portarme mal sin sentirme pésimo por eso, al menos yo no puedo. Incluso cuando salgo con amigos y vamos a bares o clubes, me levanto a la mañana siguiente sintiéndome muy conflictuada por haberme divertido tanto”.

Cuando concluyó el secundario empezó a trabajar en la cadena Hooters con el fin de comprarse un auto y salir a la carretera. “Definitivamente había una inocencia en mi interpretación de lo que estaba a punto en Hooters. Aunque yo aprendí, de forma rápida, que pantalones muy cortos y cerveza no se mezclan”, comentó en una oportunidad sobre su breve experiencia laboral. Lo que sigue es la típica historia de la chica que es rescatada de una obra de poca monta por un director que la lleva a las grandes ligas a probar suerte. Y así, sin preámbulos, Adams consiguió en 1999 su primer papel en Muérete, bonita –protagonizada por Kirsten Dunst–.

Pero fue en 2002, luego de varias participaciones en series como Smalville, Buffy, la caza vampiros y That 70’s show, cuando le llegó la gran oportunidad: ser dirigida por Steven Spielberg en Atrápame si puedes. “Fue la primera vez que yo sabía que podía actuar en ese nivel con esa gente. Steven Spielberg fue una gran inyección de confianza”. Pero las cosas no salieron como ella imaginaba y Adams estuvo más de un año y medio sin conseguir otra película.

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Cuando llegó Junebug, la actriz pensó que su cuarto de hora ya había pasado. Sin embargo, su interpretación le valió una nominación al Oscar como mejor actriz de reparto. A partir de aquí la carrera de Adams empezó a ir hacia arriba. Fue seleccionada entre 300 actrices para encarnar a Giselle en Encantada, un éxito de Disney por el que la artista logró entrar en el circuito infantil –una relación que se confirmaría años más tarde con Los Muppets–. En 2008 integró nuevamente la categoría de actriz secundaria por La duda, pero tampoco tuvo suerte. Dos años más tarde le llegó la tercera por El ganador, pero no logró quedarse con el galardón. Pasaron éxitos comerciales como Una noche en el museo 2 y el duelo actoral con Meryl Streep en Julie & Julia, donde interpretó a la escritora Julie Powell.

La cuarta nominación fue gracias a la interpretación de Mary Sue, la mujer de L. Ron Hubbard, el creador de la Cienciología, pero el premio quedó en manos de Anne Hathaway por Los Miserables. Sin embargo, Adams no es la típica buscadora de fama “Tenía una crisis existencial en los Oscar, sentada al lado de Sean Penn y Meryl Streep. Me preguntaba: ¿qué hago acá? No pertenezco a este lugar. Como si todo fuera a desaparecer”.

Y pese a que también participó de algunas películas que no tuvieron el éxito esperado como Las curvas de la vida –de Clint Eastwood– y En el camino –basada en el libro de Jack Kerouac–, esta quinta candidatura confirma que, lejos de desaparecer, Adams sigue creciendo. Sólo resta saber si la quinta será la vencida.

Fuente: InfoNews

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