Fríos, calculados y casi ajedrecistas. Así fueron cada uno de los movimientos de Alejo Lagouarde durante la versión local del famoso reality de cocina MasterChef. Si bien con su personaje de “malo” logró sumarse varios enemigos dentro y fuera del programa, fue a fuerza de talento y creatividad cómo finalmente se alzó con el premio mayor  y demostró que –a veces– los villanos también ganan.

“Creía que perdía. Quizás Martín era más talentoso que yo, no lo sé, pero creía que al ser un reality iban a elegir al ganador que la gente quería o tenía más afinidad”, se sinceriza.

Alejo ganó 350 mil pesos, la publicación de su libro de recetas y una beca para formarse en la escuela de cocina Mausi Sebess

Pero lejos de recibir críticas por su fuerte personalidad, hoy Alejo cosecha tantos elogios como nuevos fanáticos. Con el tiempo, el público logró darse cuenta de que detrás de ese cocinero amateur también había una persona extremadamente simpática, seductora y, sobre todo, con un gran futuro en la cocina.

¿En qué anda ahora? Después de haberse convertido en el ganador de la segunda edición de MasterChef Argentina, junto con su mellizo lleva adelante una empresa de catering con la que ya participaron en varios eventos y van a adquirir un food truck: “También estoy con proyectos para la tele, con una productora. Todo a pulmón”.

Además, lanzó su libro de recetas –editado por Planeta y que formaba parte del premio– en el que fomenta la cocina con amigos, distendida pero sabrosa, y llama a que la gente se anime a probar cosas diferentes. “Tiene varias recetas: simples, francesas más antiguas o recetas de Medio Oriente. Hay muchos platos que comí en viajes y que los volqué en el libro… pero a mi manera. Siempre trato de que sean equilibradas y que tengan todo tipo de contrastes: tienen que tener algo dulce, algo salado, cremoso”, explica.

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En diálogo con InfoGourmet, Alejo contó cómo realizó este libro de 40 recetas, adelantó algunos de los planes que tiene –como un proyecto de ley para que haya talleres de cocina en los colegios– y cómo revirtió su imagen de malo.

InfoGourmet: En el libro invitás constantemente a que la gente se anime a mezclar sabores o texturas. ¿Creés que los argentinos somos un poco tímidos a la hora de innovar o buscar cosas diferentes?

Alejo Lagouarde: Somos re tímidos, mal. Vamos a lo seguro: a un pedazo de carne, a una ensalada, a unas pastas. Hay que salir un poco de eso. Se tienen que animar a probar y a usar los mismos métodos de cocción que utilizan habitualmente (hervir, saltear) pero con otros sabores. Yo siempre digo que el motor de la vida es la curiosidad… Y si no somos curiosos, nos quedamos ahí.

IG: Eso es un poco lo que demostraste en el certamen. ¿Era real que en muchas de las pruebas que pasaste –incluso en la final– no tenías bien definido qué plato ibas a preparar?

AL: Casi siempre fue todo sobre la marcha. No tenía nada planteado pero sí mucha curiosidad por lo que seguía. Yo no fui a competir a MasterChef, me fui a divertir. Entré para probar y después fui por un personaje, pero fue la curiosidad lo que me hizo querer llegar más adelante, querer saber qué venía después, qué pasaba. Si no llegaba a la final me moría, pero por el hecho de perder un montón de experiencias.

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IG: ¿Entraste al certamen ya con la idea de montar ese personaje y marcar una diferencia con los otros participantes, o se fue dando y te diste cuenta de que eso en algún punto “garpaba”?

AL: Esa es la palabra, tal cual. Vi que era todo como una gran hermandad, eran todos buenos, se ayudaban entre todos… Yo también lo hacía y de hecho cambié miles de platos para prestarle un ingrediente a un compañero, pero quería que la gente viera otra cosa. Si yo tenía un error y otro también, quizás iban a echar al otro, a ese que no pinchaba ni cortaba, que en definitiva también se iba a ir. Garpaba. Pero mis compañeros sabían cómo era yo realmente. Se mataban de risa. Por suerte supe diferenciar lo que era yo del personaje.

IG: ¿Y ahora te cuesta salir de ese personaje? ¿La gente qué te dice?

AL: No, no me cuesta. Soy muy histriónico, me río de cualquier cosa y, si a la gente la saludás con un beso y te reís, ya al toque se da cuenta de que era todo mentira, algo armado. Creo que muchos de los chicos se olvidaban de que estaban en un reality y sufrían todos los días. No jugaban.

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”No fui a competir a MasterChef, me fui a divertir. Entré para probar y después fui por un personaje”

IG: El jurado tuvo elogios contados con  vos. ¿Aprendiste de eso?

AL: Sí. De hecho, en unos de los primeros programas, fuera de cámara, me dijeron cosas como “eso no me sale ni a mí con tantos años de práctica”… ¡Obvio que me había salido de pedo! (risas). Me han tirado elogios, pero muy pocos. Igual no voy a mentir: cuando entré supe que tenía chances de llegar a la final.

IG: ¿Por qué? ¿Al ver el nivel de tus compañeros?

AL: Al ver a los demás, lo que hacían. A muchos les faltaba. A veces querían hacer un plato rico y no sabroso, pero si pensás un poquito más podés lograr las dos cosas.

IG: ¿Y te imaginabas esa final?

AL: Sí. Martín era todo lo contrario a mí. Creo que, más que la destreza, eligieron un perfil completamente contrario. Una vez Martín la había pifiado y todos los chicos decían “hoy se va”, pero todos sabían que no lo iban a sacar porque no convenía.

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