”…Hay dos tipos de dolor, el dolor que nos fortalece o el dolor inútil, el que sólo es sufrimiento…yo no tengo paciencia para las cosas inútiles. Los momentos así requieren a alguien que actúe, que haga lo desagradable, lo necesario (lo hace) Listo, no más dolor…”

Este es el primer parlamento de Frank Underwood, con el que justifica su acción cruel, ante una situación que según su particular perspectiva, sería ociosa prolongar y con esa presentación, nace nuestro villano. Un villano con el que tendremos empatía, a pesar de sus oscuros métodos, y al que seguiremos en el camino hacia su objetivo último, convertirse en el presidente de los Estados Unidos.

¿Qué nos ha ocurrido para que veamos con obstinada pasión esta serie, en dónde los protagonistas, Frank y Claire Underwood no son los héroes, sino los personajes odiados y a los que no seguiríamos nunca en sus ejemplos?

Es un interesante ejercicio también, el pensar porqué a pesar de sus particulares características culturales, House of Cards se ha transformado en una serie exitosa, vista por públicos de disimiles culturas, todas muy alejadas y diferentes entre sí.

Puede obedecer a diversos motivos, todos seguramente muy atendibles, como el excelente elenco, la producción, la dirección, el guión, las locaciones, el vestuario, pero yo creo que fundamentalmente es porque además de todas esas justificadas razones, nos roza a todos con conflictos similares a los que vivimos diariamente, más allá que la ficción transcurra en Washington.

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Eso la transforma en universal y será seguramente un clásico, porque el hombre, más allá de dónde viva o qué cultura abreve, siempre responderá, aunque tal vez de diferentes formas, a idénticas debilidades, ansiedades, temores, urgencias o reclamos.

Somos todos muy parecidos, mucho más de lo que creemos, y esto es lo que me parece, provoca que una persona tan falta de valores, como Frank Underwood, se transforme en alguien interesante para observar ¿nos estaremos también contemplando en alguna pequeña medida, a nosotros mismos?

¿Algo nuestro se estará jugando en torno al poder, a la ambición, al amor, a la conveniencia, a la mentira, a la falsedad, a la traición, a la falta de escrúpulos, a la indecencia, a la fastuosidad, al egoísmo? Pues un poco de todo esto tiene House of Cards, quizás podríamos empezar a construir nuestras propias respuestas.

Aquellos que la han visto, sabrán de qué hablo y estarán esperando con ansiedad, la cuarta temporada que se verá a partir de febrero del próximo año por Netflix y los que aún no la han visto, se las recomiendo con apasionamiento. Verán una muy buena historia y contada de manera magnifica, con un elenco parejo en talento y virtuosismo.

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Kevin Spacey, compone un Frank Underwood, deslumbrante, y aprovecha todas las posibilidades que le da la impunidad de su personaje, con transiciones muy bien ejecutadas como cuando nos habla, haciéndonos cómplices de sus pensamientos y próximos planes, rompiendo lo que se conoce como la cuarta pared, muy al estilo de lo que hace Richard III de Shakespeare, en la gran película inglesa de Richard Loncraine, protagonizada por Ian McKellen. Es un personaje hecho a su medida.

Robin Wright en la piel de Claire Underwood, en una composición tan bien elaborada, que puedo asegurarles que sus gestos, su forma de mirar, de caminar, su sonrisa, su forma de vestir, no pasarán desapercibidos, su energía es apabullante. Nuestras felicitaciones para el diseño del vestuario, sencillamente maravilloso. Quiero también resaltar el trabajo de otros intérpretes.

Michael Kelly, otro gran actor en una notable composición como Doug Stamper el fiel ayudante de Frank Underwood, un ex alcohólico, que cumple acabadamente con todas sus órdenes.

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Kate Mara como Zoe Barnes, una ambiciosa periodista que se embarcará en una peligrosa relación con Frank Underwood, pero a la vez no le dará tregua.

Es especialmente digno de destacar el trabajo de Corey Stoll que compone a un Peter Russo, sorprendente. Las escenas en las que interviene son excelentes. Es un gran actor al que habrá que prestarle atención. Trabajó en un papel menor en Homeland, luego fue convocado para trabajar en House of Cards y ahora protagoniza The Straim de Guillermo del Toro y Chuck Hogan que se emite por FX.

Beau Willimon es el guionista y show runner de la versión norteamericana, ya que la novela original es del británico Michael Dobbs y está dirigida por el talentoso David Fincher, director de Alien, El club de la Pelea, El curioso caso de Benjamin Button entre otras películas.

Como podrán apreciar el combo es de por sí muy atrayente como para dejarlo pasar, así que si todavía no la han visto, háganse el tiempo, estoy seguro que la disfrutarán.

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