Freeganos argentinos: pibes que viven sin un peso porque así lo elijen

El ideal de una vida sin consumo ni dinero moviliza a jóvenes argentinos, muchos de clase media, que buscan sus alimentos entre los residuos, se nutren en huertas urbanas y regalan lo que les sobra, como una contracara de los hurgadores de basura surgidos con la crisis de 2001.

»Procuro vivir sin dinero. Procuro sembrar una nueva sociedad y dejar de alimentar tanto como pueda a esta vieja sociedad de la inequidad», dice a la agencia AFP Ariel Rodríguez Bosio, de 34 años, que se define como ‘freegano’, una mezcla de vegano (que no comen animales ni sus derivados) y ‘free’, libre en inglés.

Este joven atlético de mirada profunda, que viste ropa deportiva sin marca, usa limón como desodorante y desiste del teléfono móvil y la televisión, explica que en el ‘freeganismo’, se busca »gastar lo menos posible y dejar de depender del sistema de consumo, aprendiendo a ser autogestivos».

»El freeganismo no es vivir de las sobras de los otros sino de las obras de la naturaleza», sintetiza antes de salir a ‘freeganear’, según el neologismo que incorporó a su vida cuando hace tres años y medio prácticamente dejó de utilizar dinero.

El movimiento, nacido en Estados Unidos, sienta sus bases en 1999 cuando el músico punk Warren Oaks escribe el planfleto »¿Por qué freegano?», en el que define la práctica como »una ética anticonsumista de la alimentación» basada en la recuperación de residuos.
La necesidad de Bosio de »desapegarse de las cosas» está a la vista en su departamento a metros de una estación de tren en Liniers, un barrio de clase media baja en el límite oeste de la capital federal, donde el mayor lujo es un gran ventanal con vista abierta desde lo alto sobre las vías.

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Este instructor de Kung Fu y Tai Chi Chuan, que tuvo una empresa de servicios de albañilería, electricidad, herrería y carpintería, sale a diario acompañado por su perro a recorrer el barrio.

Revisa los tachos de residuos para recuperar todo lo que puede ser usado o comido, se trepa como mono a un árbol de paltas para llevarse sin dinero un tesoro que le ofrece la naturaleza y los verduleros le guardan la mercadería sin vender, que de otro modo tirarían.

»Tenemos un sistema de vida de escasez donde el que no tiene dinero no come y de hecho mueren de hambre dos personas por segundo en el mundo, mientras paralelamente se tiran a la basura 1.300 millones de toneladas de alimentos en buen estado por año», advierte.

La computadora de este joven fundador de la ONG Arco Iris Universal, con casi 3.000 seguidores en la red social Facebook, es el único bien de consumo que admite porque le sirve para difundir las bondades de la ‘alimentación viva’, vegana y cruda, y la medicina natural, además de promover las ‘gratiferias’, sus ferias gratuitas.

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»Llevate lo que quieras»

Varios de los seguidores de Ariel desafían el frío invernal en el Parque Centenario, en el centro de la capital federal, donde extienden grandes mantas para exhibir ropa, libros o discos que cualquiera puede llevarse.

»El lema de la gratiferia es ‘Traé lo que quieras o nada y llevate lo que quieras o nada’. Es para concientizar que en el mundo hay abundancia de objetos y que en realidad hay que compartirlos y no consumirlos», destaca Diego Belossi, un ‘gratiferiante’ de 33 años, a la AFP.

Federico Rizzo, un vegano de 19 años que estudia naturopatía (medicina natural) y cursa la carrera de chef en ‘alimentación viva’, regala empanadas (masa con relleno) vegetarianas que él mismo preparó.

No hay estadísticas sobre cuánta gente sigue estas prácticas en Argentina pero aseguran que son »cada vez más» y que las gratiferias »se están difundiendo muy rápidamente en todo el mundo».

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