Pablo Forconi tenía 16 años cuando con su amigo David crearon la serie animada que se convirtió en un producto de culto seguido por millones de usuarios de Internet. Una historia que incluye financistas desconocidos y hasta un adolescente con 40 personas a cargo

“El Mono Mario” se convirtió a comienzos de la década del 2000 en una serie seguida millones de internautas argentinos. El fenómeno se dio cuando aún faltaban varios años para que surgiera YouTube y cuando Netflix no estaba en los planes de nadie. En ese momento, la serie scirculaba en formato Flash y los capítulos no se descargaban en cuestión de segundos, sino que la espera se medía en horas.

En el podcast “Tecla cualquiera”, conducido por Tomás Balmaceda y Martín Garabal, “desenmascararon” en una entrevista al creador de la serie, Pablo Forconi. Con 16 años, junto a David, un compañero de trabajo, y financiados por desconocidos, Pablo se lanzó a hacer una serie animada que marcó a muchos argentinos.

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“Lamentablemente soy uno de los padres del Mono Mario. Era muy joven y me pareció lo que tenía que hacer, después uno va creciendo y va mirando lo que fue haciendo. No es un orgullo”, comenzó Forconi, para sorpresa de los conductores.

Los límites del humor fueron cambiando y, lo que una década atrás hacía reír a muchos, hoy es visto con otros ojos. “Siempre se repite lo mismo cuando te cruzás con alguien que sabe que sos el creador de El Mono Mario y tenés que ponerte a explicar muchas cosas”, contó.

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“El Mono Mario surge de la idea de David, un compañero de trabajo, y mía. Trabajábamos en una empresa haciendo banners animados y en los tiempos libres, en el almuerzo, nos dedicábamos a hacer dibujitos pelotudos en Flash. Se dibujaba en papel, se ponía tinta china, se escaneaba, se limpiaba, se traceaba, se coloreaba, se traceaba y después se animaba. No había tabletas digitalizadoras”, contó Pablo, uno de los creadores.

El jefe de ellos, al ver el producto, les preguntó: “¿Se puede vender?”. Ese fue el puntapié inicial de la serie.

“Al tercer capítulo nos dimos cuenta que estábamos creando un monstruo. Y todo fue por mails, no había prensa, difusión, ni nada”, contó Forconi. El servidor de la página donde se podían ver los capítulos se saturó a las pocas semanas.

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Además, contó cómo fueron creciendo: “En un principio éramos dos en una oficina de Florida, con dos habitaciones muy pequeñas. Para el tercer capítulo ya teníamos dos personas más trabajando. Casi que dormíamos ahí, comíamos, desayunábamos. Después nos mudamos a una casa en Urquiza y tomamos a unas diez personas y terminamos trabajando con 40 tipos”.

Y agregó: “No sabíamos quiénes ponían el dinero, por momento pensamos que lavaban plata. Pero había inversores y no sabíamos quiénes eran”, reveló Pablo Forconi, quien en ese momento no llegaba a los 20 años.

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