Parece el guión de una telenovela: una joven polaca llega a Nueva York con unos cuantos dólares en el bolsillo, la contratan como sirvienta en la casa de una de las familias más ricas de Estados Unidos, el heredero del imperio se enamora y se casa con ella.

Años después el heredero muere y ella se convierte en una de las mujeres más acaudaladas del mundo, enfrentándose a la ira de la poderosa dinastía.

Dicho así, parece que fuera una de las clásicas novelas de mediodía que ”enamoran” a miles de televidentes. De hecho, si en este momento alguien dijera que es la trama de una serie protagonizada por Thalía en los 90, nadie dudaría de que fuera cierto.

Y sin embargo, no es un invento. Todo lo antes relatado es real y la protagonista es Barbara Piasecka Johnson, que en 1983 heredó la fortuna de Johnson & Johnson, el imperio de productos farmaceúticos, y quien murió este abril en su Polonia natal a los 76 años.

Aunque parte de su historia es el ”sueño hecho realidad” de suerte, amor y riquezas, la otra parte no es tan alegre y se asemeja más a una pesadilla.

Sucede que la vida de Piasecka Johnson también estuvo plagada de disputas, peleas, críticas y enfrentamientos, principalmente con los seis hijos de su esposo que quedaron excluidos del testamento y de la fortuna Johnson & Johnson, recordó un artículo de la BBC Mundo.

Tal como lo describe Jerry Oppenheimer en su biografía de los Johnson, ”la vasta fortuna de esta dinastía fue tan tóxica como nociva para las generaciones de esta familia que dio al mundo las curitas y el aceite de bebé”.

Y sin lugar a dudas, el capítulo más polémico y extenso de la historia familiar se puede encontrar en lo que fue una verdadera batalla por la legalización del testamento de J. (John) Seward Johnson, quien a último momento antes de morir decidió excluir a sus hijos de su patrimonio.

De hecho, esa contienda legal fue calificada como ”una de las más largas, costosas, horribles, espectaculares y ostentosas en la historia de Estados Unidos”.

Pese a todas las peleas, lo cierto es que -al momento de su muerte este 1 de abril- Barbara Piasecka ocupaba el 42º lugar en la lista de las mujeres más ricas del mundo, según la revista Forbes.

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Aunque Barbara Piasecka falleció ”nadando en dólares”, su origen fue mucho más humilde. Nació en 1937 en Staniewicze, una localidad en el este de Polonia, que ahora pertenece a Bielorrusia. Fue hija de un agricultor que después de la Segunda Guerra Mundial decidió relocalizar a su familia en Breslavia, en el sudoeste del país.

Allí vivió hasta 1968, cuando la joven Barbara decidió que era hora de dejar la Polonia comunista y decidió emigrar primero hacia Roma y luego hacia los Estados Unidos.

Su deseo de irse era tan fuerte que ni siquiera pensó cómo iba a sobrevivir en aquella tierra lejana, a la que llegó casi sin dinero (se dice que tenía apenas u$s100 en la bolsa). Además, tenía otro escollo en su camino: ella no hablaba inglés.

De todos modos, se las arregló para adaptarse a su nuevo contexto y, gracias al consejo de un conserje polaco, decidió buscar empelo como mucama, en lugar de intentar entrar a trabajar en un museo o diario, como originalmente ella había pensado. La idea era sencilla: si atendía una casa, iba a tener alojamiento y comida ”gratis” mientras mejoraba su inglés y así podría conseguir un mejor puesto luego.

Es así que, al poco tiempo, consiguió entrar como sirvienta en una vivienda en Oldwick, Nueva Jersey, que era propiedad de J. Seward Johnson y de quien en ese momento era su esposa, Esther Underwood, con quien había estado casado 32 años.

Las historias sobre lo que sucedió luego son varias. Pero todas coinciden en que J. Seward se enamoró de Piasecka de inmediato, sin importar la diferencia de edad de 42 años: él tenía 76 y ella apenas 34.

Lo cierto es que Barbara apenas mantuvo su empleo por un año, y luego decidió partir hacia Nueva York para estudiar cursos de arte (ya había tenido una formación en esta materia en la Jagiellonian University de Cracovia).

Un detalle que no es de sorprender es que su ”ex empleador” haya sido quien le alquiló un departamento en Manhattan.

Sólo tres años después de que Barbara abandonara Polonia y llegara a EE.UU., el heredero de Johnson & Johnson decidió dejar a su segunda esposa y madre de sus dos hijos (tenía otros cuatro hijos con su primera esposa Diana Dill).

Así, ese 1971 resultó ser un año de grandes cambios para J. Seward. Y es que apenas ocho días después de obtener el divorcio se casó con Piasecka en una ceremonia a la cual ninguno de los hijos asistió.

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El matrimonio duró 12 años, hasta que el poderoso empresario murió de cáncer a los 87 años, no sin antes firmar un nuevo testamento en el que legaba toda su fortuna de más de u$s500 millones a Piasecka, excluyendo de su testamento tanto a sus seis hijos como a un instituto de investigación oceanográfica que Johnson había fundado en Florida.

Avaricia ”escandalosa” y una larga batalla legal

En ese momento comenzó una batalla legal que se extendería durante años: los hijos impugnaron el testamento sobre la base de que su madrastra, a la que calificaban de cazafortunas, había utilizado amenazas y abusos para forzar a su frágil padre enfermo a firmar el nuevo testamento.

Argumentaban también que el anciano no estaba en su sano juicio en el momento en el que rubricó el documento.

Barbara, quien en esos momentos ya usaba el apellido compuesto Piasecka Johnson, se defendió de todas las acusaciones y declaró que su esposo no les había dejado dinero a sus hijos porque estaba decepcionado por lo que ella llamó ”su avaricia y conducta escandalosa”.

Eventualmente, tres años después, se llegó a un arreglo antes de que el caso llegara a ser definido por el jurado. Según este acuerdo, ella conservó u$s300 millones y el resto fue dividido entre los seis hijos de Johnson, el instituto oceanográfico, impuestos y honorarios legales (que superaron ampliamente los u$s24 millones).

Durante el proceso legal, salieron a la luz historias agridulces y hasta contradictorias: hubo testigos que afirmaron que la señora Johnson había gritado e incluso golpeado a su envejecido marido, quien estaba desconcertado, mientras que otros declararon que ambos eran cariñosos y que evidentemente eran felices. Estos últimos también dijeron que el señor Johnson estaba alerta y coherente cuando decidió cambiar su testamento, relató The New York Times.

Entre los muchos argumentos secundarios del caso, la abogada que redactó el testamento impugnado, Nina S. Zagat, fue acusada por los abogados de los hijos de ser amiga de Barbara y de tener un conflicto de interés.

Asimismo, a Marie M. Lambert, jueza encargada de la causa en el Tribunal Testamentario de Manhattan, se le solicitó la recusación debido a que los abogados de Piasecka percibían un favoritismo descarado hacia los seis jovenes.

Lo cierto es que, una vez cerrado el acuerdo judicial, ambas partes se adjudicaron la victoria y decidieron realizar celebraciones. Pero un dato curioso es que los miembros del jurado y la jueza sólo acudieron a la fiesta de los hijos.

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”La Basia (como le decían a Barbara) que surgió en el caso fue alternativamente compasiva y cruel, astuta e ingenua, leal y voluble, egoísta y generosa, explosiva y mansa, articulada y con la lengua trabada, compañera y torturadora, chica de campo alegre y cortés musaraña, alguien que pasó las últimas semanas de su marido o bien limpiándolo o bien viendo los catálogos de las casas de subastas con las antigüedades que pronto iba a comprar con su dinero ”, escribió David Margolick, ex reportero de The New York Times, en ”Influencia indebida”, su libro de 1993 sobre la caso.

La vida tras la ”gran batalla”

Una vez cerrada la desgastante y extensa disputa, Piasecka Johnson se mudó a Mónaco, en donde se dedicó ávidamente a coleccionar obras de arte y residió hasta su muerte, aunque también tenía casas en Italia y Polonia.

Barbara nunca volvió a casarse, y la sobrevivió su hermano Peter Piasecki. Su fallecimiento fue anunciado por su familia en el diario polaco Rzeczpospolita, donde los únicos detalles que se dieron al respecto es que ocurrió ”después de una larga y grave enfermedad”.

También se comunicó que será enterrada en Breslavia, donde vivió parte de su juventud.

Ricky Stachowicz, abogado general de la oficina de familia de la señora Johnson, informó que Barbara utilizó su riqueza para recopilar y exhibir el arte y para apoyar causas benéficas, principalmente en su país natal.

La Barbara Piasecka Johnson Foundation resaltó su ”ayuda a los estudiantes y profesionales de Polonia para continuar sus estudios en los Estados Unidos”.

”A lo largo de los años”, agregó la fundación, ”la señora Johnson también extendió un importante apoyo al movimiento Solidaridad, a las víctimas de la ley marcial en Polonia, a varios asilos de ancianos para madres solteras, a centros de atención médica y a una serie de otros proyectos humanitarios importantes”.

Según Jerry Oppenheimer, autor del libro ”Crazy Rich: Power, Scandal and Tragedy Inside the Johnson & Johnson Dinasty” (”Demasiado rico: poder, escándalo y tragedia en la dinastía Johnson & Johnson”), este clan puede compararse al de los Kennedy por las tragedias y escándalos que los han perseguido.

El autor lo resumió en pocas palabras: ”Los Johnson son para el aceite de bebé, hisopos y curitas, lo que los Kennedy han sido para la política: una familia real y una tragedia totalmente estadounidense”.

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