Andrés Calamaro: “A veces me siento un artista menospreciado”

El cantante presenta su próximo disco, “Cargar la suerte”, el 2 de noviembre. Aquí el artista nos abre facetas íntimas de su música.

La buena noticia es que Andrés Calamaro tiene disco nuevo. “Cargar la suerte”, que saldrá el 2 de noviembre.

El álbum no tiene aún fecha de presentación. Trae doce canciones (“12 pasos para los oyentes y adictos a la música”, en la discutible campaña marketinera que hace alusión a los 12 pasos que siguen los alcohólicos para su recuperación), todas estreno, de las que hasta ahora se conoció “Verdades afiladas”, un rock muy en su estilo: batería y guitarras al frente y esa inconfundible voz encarnando uno de sus personajes favoritos, el del perdedor que sufre por amor.

La mala -para mí- es que Andrés no está disponible para una entrevista cara a cara.

Gran conversador y hombre de detalles, verlo en acción siempre suma para la nota.

Sin embargo, nobleza obliga y para disfrute del lector, es un respondedor impecable, expansivo y lúcido. Así que las cosas se harán por escrito.

Mientras el mail con las preguntas cree viajar hacia España, Calamaro contesta desde el aire, en pleno vuelo a México, que en unas horas el cuestionario estará respondido. Y cumple en tiempo y forma.

– ¿Cómo fue el proceso compositivo del disco?

– Empecé escribiendo las letras y seguí escribiendo más cosas que le mandaba a Germán (Wiedemer, su pianista y director musical de la banda de Calamaro), que iba haciendo las maquetas y los demos.

Con Germán ya somos un equipo, pero esta es nuestra obra más ambiciosa como pareja heterosexual al servicio de la música. Con la previa en marcha, yo seguía escribiendo canciones, porque creí que era posible sumarle más a un repertorio que ya pintaba sólido.

– ¿Por qué decidiste grabar el álbum en Los Ángeles?

-Gustavo (N. de R.: Borner, productor argentino que ganó ya 15 Premios Grammy y trabajó con artistas como Roberto Carlos, Marilyn Manson, Placido Domingo, Phil Collins y Luis Miguel) vive y graba en Los Ángeles.

Personalmente, confiaba en cualquier sistema de producción, hay cincuenta maneras de grabar un disco y me gusta la que elegimos para éste. Lo grabamos en cuatro días, tocando y cantando con los músicos que nos propuso Gustavo y nos gustaron mucho, y los “músicos de sindicato” para los arreglos. Al cuarto día éramos once grabando al mismo tiempo.

Grabar así es natural, pero no se puede hacer en cualquier estudio ni con cualquier músico. Hay que escucharse bien, la sala tiene que sonar bien para grabar a todos juntos. El arte de grabar discos es una ciencia antigua, pero es una ciencia al fin.

– Las letras me parecieron con muchísima carnadura; viscerales, con calle, pero también académicas. ¿Las preparaste de algún modo especial, distinto a otros discos?

– Casi todas las letras las escribí sin música ni instrumentos a mano. Con excepción de dos o tres, todas eran texto sin música.

¡Supongo que en el inconsciente intentaba escribir letras apropiadas para alguien de mi edad! Hay referencias no musicales que resisten un análisis, menciones a Vicente Huidobro, Nietzsche, Los Tigres del Norte, Joaquín Sabina, Villa Soldati, Melingo y más detalles que salpican las letras.

Los más escépticos sostienen que las rimas anulan la “posibilidad poética”, pero habría que replantearse los versos sin el Martín Fierro, ni Dylan ni el rap… Sigo rimando. Entre declaraciones de principios, paranoias bíblicas, formas folclóricas y letras que podrían cantarse como ranchera de cordillera, ahí estamos.

La mayor diferencia con letras de otros discos es el “factor tóxico”. Escribí muchas canciones bajo los efectos secundarios de mis “medicinas alternativas”. Y aquellas letras me gustan mucho por atrevidas, tenaces y delirantes. Sigo escribiendo de noche, pero en más de una oportunidad la noche se quedó corta.

– También te leí que son letras de canciones, no textos que podrían “caminar” solos.

¿Qué importancia tiene para vos la letra de una canción y cómo conjuga o debería conjugar con la música?

– La letra es el olor de la melodía. Cuando éramos adolescentes, escuchábamos discos y no entendíamos las letras, ni siquiera las letras en castellano. Ahora las letras parecen más importantes, están de moda.

Algunos letristas tienen “categoría de poetas”, incluso algunos ganaron premios como el Nobel o el Pulitzer, pero insisto en considerar a las letras de canciones como un género que se despega de la poesía para cantar. Existe una “mirada poética”, pero creo que las letras existen para cantarse y dentro de esta mecánica hay autores que podrían tener categoría literaria poética.

Hacemos un corte entre tanta pregunta y respuesta para contar cosas de la vida cotidiana de Andrés Calamaro. No tiene novia y vive solo: “Estoy solo y, por ende, vivo solo. Sin fricciones domésticas ni horarios. Cocino siempre lo mismo, durante meses… No aburro a nadie con mi secuencia alimentaria”.

De su rutina cuenta que “me despierto tarde y lentamente. En un día perfecto, entreno boxeo, compro pescado y verduras, me hago de cenar y veo alguna pelea antes de dormir. No soy un lector constante, pero siempre estoy leyendo algo. Es normal que me pase el día entero escuchando música, y de noche grabe programas de radio. Me duermo cuando puedo. El mío es un severo cuadro de insomnio”.

Admite que duerme con “medicinas”, pero en paz. Sobre su relación con su hija de 11 años, dice: “Dudo que Charo quiera que hablemos de ella en el periódico. Ella tiene su propio Instagram para comunicarse con el resto del mundo”.

-¿Sufrís al país, lo extrañás cuando estás lejos?

– No soy un nostálgico por sistema, puedo sobrevivir lejos y sin extrañar los asados o el fútbol. Pero siento por mi pueblo. Mi verdad y mi honestidad la conocen quienes me conocen, no hace falta que explique mucho. Mi gente sabe cómo pienso, aunque no siempre les guste lo que ven.

– ¿Te queda algún sueño por cumplir?

– No soy alguien espiritual en absoluto. Dudo de la existencia del alma y del espíritu. No tengo aspiraciones espirituales ni personales, tampoco me incomoda aceptarlo. Suena un poco extraño decirlo, pero así es. Me conformo con resistir cada día y vivir muchos años. Jamás soñé con grabar discos a esta escala, Cargar la suerte celebra mis cuarenta años de grabaciones de discos. En los mismos meses, pero en 1978, grabamos con Raíces (NdR: la banda que lideraba el bajista Beto Satragni).

– ¿Cómo te ves como artista?

– Sé que tengo una obra compleja, más que un puñado de canciones populares.

Supongo que no soy reconocido por mis verdaderos méritos, pero me siento respetado y eso ya está bien. A veces me siento un artista menospreciado y mal entendido, pero aprendí a no quejarme.

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