Abel Pintos: “Al final, todo lo que pasa me sorprende”

El cantante repasa las sensaciones de una noche única, en la que se convirtió en el más ganador de los premios a la música argentina.

Hace casi un par de horas que la 19 edición de la entrega de los Premios Gardel vio a Abel Pintos levantar su tercer estatuilla dorada -la había ganado en 2013 y 2014-, y mientras el movimiento en los pasillos del backstage del Gran Rex todavía sigue siendo algo febril, en uno de los camarines del teatro el cantante cierra una charla telefónica -una más y van…-, y se sienta a repasar su pasado más inmediato. Ese que lo vio transitando, a punto de quebrarse, la delgada línea en la que la que coinciden la emoción y la conmoción.

Razones no le faltan. Al fin de cuentas, con el tercer Oro, que consiguió con su disco 11, Pintos acaba de convertirse en el hombre récord de los Gardel. Aunque le cueste asimilarlo. “Gustavo (Cerati) también tiene tres”, se ataja.

-No. Él, Charly, Calamaro y Spinetta tienen dos.

– Bueno, con más razón tiene sentido la emoción. Me dan escalofrío los nombres que mencionás. Así tenga mil de estos -señala sus nuevos tres Gardelitos que descansan sobre la larga mesada espejada-, de acá al final de mi carrera, no me podría poner al lado de los nombres de mis maestros. Lo que sí puedo decir, es que me honra mucho. Es una emoción muy grande. No sé decirlo de otra manera.

– Uno podría pensar que ya estás preparado, y que todas esas sensaciones podés tenerlas bajo control.

– No es así. Eso tiene que ver con que cuando me pongo a hacer un disco nuevo no pienso en nada de lo que quiero lograr, ni de cómo quiero hacer la gira, ni si va a vender lo mismo que el anterior. Eso genera que todo lo que viene después, por poco o mucho que sea, me conmueve mucho. Porque es lo que ese disco, lo que esa apuesta logró. Por eso conté, cuando ganamos el premio a la mejor canción del año, que con Leiva (el ex pereza, productor de 11) y con mi hermano Ariel nos preguntábamos si íbamos a dejar un compás de silencio en una canción. “Yo quiero que se oiga en la radio”, les decía.

– ¿Realmente creías que podían no pasar los temas?

– Sentía que me estaba autobombeando. Igual que con los singles del disco, que superan los cuatro minutos. Pero la idea fue esperar a ver qué pasaba. Y si no hubieran sonado en la radio, sería que el disco debía ir por otro lado. Por eso, al final, todo lo que pasa me sorprende. Es una jugada nueva cada vez.

– ¿Fantaseás con el resultado de tus nominaciones, al comparar tus temas o discos con los otros?

– Desde ya que existe esa fantasía de ganar una u otra terna. Pero más desde la admiración. La primera vez que gané por Mejor Canción, no podía creerlo, porque estaba nominado con Calamaro, con Ciro y creo que Vicentico, quienes han enseñado a hacer canciones a varias generaciones. Existe la fantasía, pero más desde la admiración que desde le expectativa.

La experiencia -y un sinnúmero de entrevistas previas- indica que hay una barrera inexpugnable que Abel Pintos interpone entre su perfil público y el de puertas adentro. Un límite que respeta a rajatabla; que le permite ir, cuando es necesario, a los lugares en los que, dice, hace “pie”.

-¿Cuáles son esos lugares?

– Mi fe, algunas personas… Porque quienes son parte de mi círculo más íntimo están ahí, recibiéndome. Porque cuando compongo una canción en la intimidad de mi hogar, y esa persona que la escucha lo único que está recibiendo es mi sentimiento; puro y exclusivo. Después vendrán el disco, la producción y todo lo demás. Por eso, ellos son las imágenes que también tengo permanentemente al recibir un premio.

– Alguien cercano a vos decía que éste es el momento de hablar, porque mañana vas a estar “recluido”. ¿Esa reclusión es una manera de asimilar el efecto de una noche como ésta?

– En verdad, quienes trabajan conmigo desde hace mucho saben que el mejor momento para hablar conmigo de algo es cuando las emociones que ese algo provoca están en ebullición. Entonces, hablar de estos premios el mejor momento es ahora, porque mañana ya lo haré desde un lugar más crítico, más objetivo;menos visceral. Por otro lado, cuando marco esos límites de privacidad no lo hago por una cuestión de misticismo; tiene justamente que ver con que quiero llegar a casa y estar de frente con esa gente sin que nada de lo que haya sucedido contamine la relación que tengo con ellos. Desde ese lugar de despojo es desde donde puedo festejar con ellos del modo más genuino. Ahora, cuando llegue a casa, no llega Abel Pintos artista, cuyo nombre a lo mejor creció un poco más por un premio. Llega el mismo que se había ido de la casa unas horas antes.

– ¿Siempre fue así? ¿Nunca lidiaste con el mal del día después de la gira?

-No. Yo disfruto mucho de mi día a día. Es mi forma de vivir. Te lo voy a poner de manera gráfica: hoy al mediodía fui al super, y un tipo me preguntó qué hacía ahí, si a la noche tenía que venir a una entrega de premios. Y mi respuesta fue que no tengo otro día para hacer el pedido. En mí conviven perfectamente la necesidad de cargar mi casa de los elementos necesarios para vivir con la de ir a una entrega de premios. Las dos cosas me alimentan por igual. Es como cuando una vez, un amigo que vino al camarín en una seguidilla de shows en el teatro Opera se sorprendió y dijo: “Uy, ¡qué aburrido! Pensé que los camarines tenían velas, sahumerios, cosas especiales”. Y le respondí: “Cuando vas a mi casa; ¿ves que hay velas, sahumerios y cosas especiales. No. ¿Qué ves? Libros, discos…” Bueh;¿por qué voy a armar una vida especial cuando hago de músico? Soy músico. Vivo como músico en el concierto como lo hago en mi casa.

Alguien avisa que hay que abandonar el camarín, y la salida al garage enfrenta a Pintos con medio centenar de fans que buscan llevarse su imagen en sus celulares. Por un par de minutos, él las deja hacer. Yse va.

Once -nada es casual- horas después, retoma la charla desde un celular. Más objetivo, menos visceral, retorna sobre los Gardeles que ahora, cuenta, lo miran desde una vitrina. “Sigo confirmándome que el hecho de poder levantar un premio es una emoción inconmensurable y una anécdota hermosa, pero que, al final, lo que me pasa es que disfruto del espíritu de la fiesta en sí mismo”.

– ¿Qué quiere decir eso?

– Que el hecho de la emoción por cada premio tiene que ver con cosas personales y profesionales de cada uno, pero que también está el orgullo que te genera poder ganar un premio en ternas que compartís con personas que querés y que admirás. Entonces, que todos nos podamos emocionar cuando ganamos un premio habla de que la Argentina sigue disfrutando de una escena musical muy nutrida, con una vara muy alta. Eso es lo que más feliz me pone. Finalmente, todos trabajamos dentro de la música argentina, y lo que pretendemos es seguir haciéndolo, y que siga creciendo. Hoy, desde la tranquilidad, puedo darme cuenta de que está el peso de la emoción; pero que también está buenísimo que la música tenga un espacio así.

Lo que viene: “Gira 11”

“Estamos en un momento más eufórico del camino”

-Cuando recibiste el oro, les dijiste a tus fans: “Lo vamos a festejar mucho”. ¿Cómo sigue esto?

– El 27 de julio empieza la Gira 11, que irá por toda la Argentina, hasta el 29 de octubre. Unos 40 conciertos en tres o cuatro meses. En noviembre viajo a España y México, y en diciembre voy a cantar en Buenos Aires.

-¿En qué se va a diferenciar esta gira de los shows de presentación de “11”?

– Cuando presenté 11, hacía un mes y medio que existía el disco. Amén de que el público conocía todas las canciones, estábamos en eso de ir al detalle. Ahora, ya conocemos bien el disco. Estamos en un momento más eufórico, más suelto y liviano, del camino.

– Ahora, la gira; en verano, los festivales. ¿Vacaciones?

– El año pasado me tomé vacaciones por primera vez en 20 años. Y entendí que así como aprendí que merece la pena parar para hacer un disco, merece la pena tomarse un tiempo de descanso. Pero no tengo la mente y la capacidad para planear ese descanso. Tengo muchas ganas de salir a cantar.

Deja un comentario