Se autodenomina hacker, pese a que sabe poco y nada del tema. Los medios descubren la historia, mide y lo toman en serio, ignorando las evidencias que demostraban su estafa. Primero su identidad es un misterio, hablan las víctimas y los “especialistas”. Después aparece en todos los programas diciendo que no hizo nada de lo que dicen que hizo (?), que fue hackeado por un verdadero hacker (?) y que se arrepìente de todo (?). En el medio aparecen su madre y su abuela para insultarlo de todas las maneras posibles. Y la Justicia.

¿Qué enseñanzas dejó el caso en los medios? Una decena:

1- No dejes que la verdad te arruine una buena nota

Mientras la tv se mostraba “consternada” y los famosos lloraban, en Twitter se gritaba la falsedad de la historia desde el día 1. Muchos de los panelistas que se indignaban en pantalla recibían la advertencia en sus timelines. Pero la historia daba rating y el show tenía que seguir. ¿Periodismo? No, ficción.

2- Lennnntooossssssss

La historia arrancó en Twitter, se potenció en tv, explotó en los medios digitales y, cuando ya se conocía hasta la identidad del protagonista, a cuatro días (!) de originada, Clarín decide llevarla a tapa (!) de su edición dominical (!), ignorando, de nuevo todo lo que ya se sabía sobre el tema y optando por el camino sensacionalista.

3- Cualquiera puede llegar a la información. Menos los periodistas.

La identidad de Camus Hacker la encontraron los usuarios de Twitter @hellr00t e @hispahack, sin formación periodística. Ningún periodista se tomó el trabajo de verificar estos datos. Un ex productor, el ahora abogado Hector Yemmi, tomó esos teléfonos y simplemente marcó los números. Allí encontró a la madre y la abuela del “misterioso hacker”.

4- Mi canal de tv

Yemmi no se limitó a llamar, transmitió en directo por twitcam la conversación con las familiares de Emanuel Ioselli como si de un canal de tv privado se tratase. Esa charla después se pudo repetir por los medios tradicionales porque quedó grabada. Ya no hace falta estar en tv para entrar en la agenda.

5- “No miren esto”

El tono con el que la tv cubrió la historia era el de indignación y alarma… pero de fondo no dejaban de mostrar las fotos criticadas. Eso sí, con los pezones pixelados.

6- Especialistas

En los programas de televisión hubo dos tipos de especialistas de seguridad informática. La mayoría daba información errónea o hipersimplificada de “cómo protegerse de estos ataques”: actualizar el antivirus y tapar la webcam con cinta aisladora. Los especialistas más serios, en minoría, eran sistemáticamente cortados por resultar aburridos para el rating minuto a minuto.

7- Los medios digitales, como siempre

Desde este espacio se procuró informar desde el principio, recopilando los datos probados y verdaderos y citando minuciosamente cada fuente. Sin embargo no todos tuvieron la misma prolijidad, refritando este trabajo sin citar el origen y, en el caso de Santi Siri, el extremo de atribuirse como propio gran parte de nuestro post, para concluir con una delirante teoría conspiranoicaesta sí, de su propia cosecha y sin ningún elemento serio que la avale.

8- ¿Autocritica?

No hubo ni autocrítica ni fe de erratas por parte de ningún medio ni digital, ni impreso ni electrónico. Al consumidor de información le queda la idea de que CamusHacker penetró en las computadoras de los famosos, les sacó fotos y las publicó por primera vez en Internet. Y que gracias al periodismo se descubrió que CamusHacker era Emanuel Ioselli.

9- Curador de contenido

Emanuel Ioselli fue un gran curador de contenido: buscó y filtró fotos de famosos desnudos que estaban en sitios más o menos escondidos y las compiló. Eligió un tema universal y semitabú, el sexo, le dio entidad usando a gente conocida, y publicó todo bajo una identidad atractiva, la del pirata informático, en una red especializada en viralizar este tipo de cosas, Twitter.

10- Conclusión

De un lado, usuarios que generan contenido interesante, usuarios que lo amplifican y usuarios que desenmascaran los errores y fallas de ese contenido. Es decir, usuarios actuando como periodistas.

Del otro lado, periodistas que no están informados, que desinforman a sabiendas, que llegan tarde a la información y que se apropian de información ajena. Es decir, un periodismo hackeado.

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