San Juan: ochenta empleos en el desierto

Dicen las coordenadas que Jáchal está ubicado justo en la intersección de los 30 grados, 14 minutos Sur y los 68 grados, 45 minutos Oeste. El interior del interior, de acuerdo a la mirada porteño-centrista. En ese punto árido del centro oeste de la provincia de San Juan, las vidas de 80 familias, 80 historias, han comenzado a cambiar desde la semana pasada, cuando el ministro de Defensa, Agustín Rossi, inauguró una factoría de explosivos que depende de Fabricaciones Militares (FM).

”A pesar de los presagios negativos, acá estamos generando empleos, inclusión y esperanza en el futuro”, dijo, y esos 80, que son sus primeros trabajadores, con sus cascos amarillos, aplaudieron a rabiar.

Rossi recordó que es la primera fábrica de estas características que se inaugura en 52 años. Un poco más de medio siglo que, sin duda, da cuenta de la historia que atravesó la Argentina. Como prueba de ello, en su discurso inaugural, el ministro mostró los decretos presidenciales de los años noventa que habilitaban la privatización o venta de las instalaciones que pertenecían a la histórica Fabricaciones Militares. Muchas de esas empresas pasaron a manos privadas o simplemente fueron olvidadas, para destruir esa parte del Estado.

Jáchal está a 153 kilómetros de la capital sanjuanina, inmersa en un paisaje ya andino, seco, con pocas precipitaciones y un cielo que abruma de tan celeste, con un sol intenso y también una luna, algo gris y casi transparente, recortada entre destellos. Allí, a cinco kilómetros del pueblo, se alza la nueva fábrica de explosivos, cuyo objetivo principal será proveer de esta materia prima a la industria minera, una de las principales fuentes de ingreso que tiene la provincia.

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En esa inauguración, que se concretó el pasado lunes 4 de agosto, el gobernador de la provincia, José Luis Gioja, bramó ante el micrófono al sostener que ”no me importa lo que diga (Thomas) Griesa, lo que me importa es el trabajo argentino. Acá estamos y seguiremos estando, generando trabajo, una verdadera producción nacional”. La elección de Jáchal como sede de la fábrica de explosivos no sólo tiene como objetivo dinamizar la economía de la región; también está ubicada en el camino que lleva a la zona de construcción del túnel que atravesará la Cordillera de Los Andes a través del paso de Aguas Negras que comunicará con Chile. Una obra estratégica.

Mientras Rossi y Gioja recorrían las instalaciones de las 280 hectáreas que tiene la fábrica, los acompañaban el titular de FM, Santiago Rodríguez; el exultante intendente de Jáchal, Jorge Barifusa; y la directora de la flamante fábrica, la cordobesa Tamara Gerde.

Visitaron las tres canchas para el almacenamiento de nitrato de amonio con los que se fabricará el Sipolex, un explosivo nacional patentado por FM, para luego ingresar a un gran tinglado donde se prepara el explosivo. A un costado, hacia la derecha del escenario que se levantó para la inauguración, estaban los ochenta primeros trabajadores, hombres y mujeres, que con sus cascos amarillos miraban en silencio. Hugo Vera, de 42 años, es un nacido y criado en Jáchal. Tiene un título de maestro que nunca pudo poner en práctica, pues hay demasiados docentes y pocas escuelas, y por eso trabajó como albañil, pero sobre todo en explotaciones mineras, como la Pascua-Lama, que por la suspensión de su actividad lo obligó a buscar trabajo en la cosecha de cebolla. A principio de año, sin mucha expectativa presentó su curriculum ante la novedad de la apertura de la fábrica. ”La verdad que no tenía esperanza, pero cuando me llamaron no lo podía creer. La zona necesita trabajo, y ahora que veo que ya comenzamos a laburar, que mi hijo podrá continuar estudiando… no sé, me siento feliz”, dice, y la voz se le va entrecortando mientras los ojos marrones se inundan en lágrimas.

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Ahí nomás, muy cerca de Hugo, está Eliana, de apenas 26 años, también con su casco amarillo. Tiene una licenciatura en Higiene y Seguridad que obtuvo en Córdoba y, a diferencia de muchos, decidió volver a su Jáchal natal. Como Hugo, presentó su curriculum sin muchas expectativas, pero ahora no para de sonreír. ”Estoy feliz porque es mi primer trabajo y es en mi pueblo. Tengo ganas de comenzar, de aprender, y porque además espero poder continuar estudiando”, dice, sin saber que al día siguiente, unos 60 camiones se estacionarán en el ingreso de la fábrica con más de 1000 toneladas de nitrato, lo imprescindible para comenzar a producir el Sipolex.

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