Esas más de 4.000 cuentas, en su abrumadora mayoría no declaradas y que reunían en aquel entonces más de 3.000 millones de dólares sirven como muestra de lo que se estima tienen depositados en el exterior miles de argentinos y sociedades locales. De acuerdo con la organización Tax Justice Network, en 2012 la Argentina ocupaba el cuarto puesto en América latina en cuanto a la cantidad de habitantes que más dinero poseen sin declarar fronteras afuera. Y cifraba ese monto en alrededor de 400 mil millones de dólares depositados en cuentas sin declarar en paraísos fiscales.

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Esta fuga de divisas que afecta al país está motorizada, entre otras motivaciones, por la desconfianza: Entre ellas la única limpia, remite a una cuestión de confianza en el país, en su sistema financiero y en el respeto a la intangibilidad de los depósitos. Aquel ”el que depositó pesos recibirá pesos y el que depositó dólares recibirá dólares” lanzado en el fragor de las convulsionadas jornadas de fines de 2001 y principios de 2002, en medio del corralito y la pesificación compulsiva de los depósitos de los ahorristas caló hondo y tuvo su impacto directo en la confianza de los depositantes. El sistema bancario necesita apenas unos pocos minutos para perder la confianza de sus clientes y de años para reconstruirla.

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Detrás de la fuga de divisas se esconden además delitos de distinta índole y gravedad:

Evasión: Una cuenta no declarada en Suiza o cualquier otro de los tantos paraísos fiscales que existen alrededor del mundo sirve, en primer lugar, para evadir impuestos en el país de origen.

Empresas: de modo de maximizar sus beneficios, incluso a costa de incurrir en la evasión de impuestos, las grandes empresas desarrollan complicadas ingenierías financieras. La sobrefacturación de importaciones les permite girar al exterior más dinero del necesario para pagar los bienes adquiridos por ejemplo y además inflar las erogaciones de la compañía reduciendo a la vez sus declaraciones de beneficios. La subfacturación de venta de activos es otra maniobra que les permite fugar divisas y evadir impuestos. Se declara un monto menor al obtenido por una venta realizada en el exterior, se tributa solo por lo declarado y se deja la diferencia, que no tributa al no estar declarada, en un paraiso fiscal.

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Corrupción política y empresaria: El dinero mal habido en actos de corrupción no puede ser declarado, ya que dejaría en evidencia inconsistencias en su declaración de bienes y no podría ser justificado. Al fugarlo al exterior y depositarlo en Suiza u otro paraíso fiscal se mantiene a resguardo ese dinero hasta tanto se encuentre una operatoria, casi siempre al borde de la ilegalidad, que le permita utilizarlo.

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Crimen organizado: delitos como el tráfico de drogas, la venta ilegal de armas y la trata de blancas generan grandes cantidades de dinero que no pueden ser declaradas.

De acuerdo a la denuncia de la AFIP, el HSBC montó una plataforma ilegal con el propósito de ayudar a contribuyentes argentinos a evadir impuestos. Esta plataforma destinada a la fuga de divisas y evasión impositiva estaba conformada por una red de apoderados, abogados, contadores, licenciados en Economía. Entre ellos Alfonso Prat Gay quien aparece como apoderado de Amalia Lacroze de Fortabat y de su nieta Amalia Amoedo, quienes según la información aportada por el fisco francés poseían en diciembre de 2006 una cuenta sin declarar en el HSBC de Suiza por más de 68 millones de dólares.

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