“Perderá mercado quien se vaya de Pro.Cre.Auto”

En medio de la delicada situación que atraviesa el sector automotor, quedó en evidencia la tensión que existe entre las fábricas automotrices y las concesionarias de autos a partir de la implementación del Pro.Cre.Auto, el plan lanzado por el Gobierno para garantizar la demanda. Mientras que desde el sector vinculado con la comercialización ponderan el programa y respaldan su continuidad hasta fin de año, las automotrices retacean la producción. Rubén Beato, secretario general de la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (ACARA), reconoce que el Pro.Cre.Auto superó las propias expectativas y que las fábricas no responden a la demanda que generó el plan. También señala que la principal causa de la crisis que atraviesa el sector no tiene que ver con el mercado interno sino con la abrupta caída en la venta de autos a Brasil, según informó Revista Veintitrés.

–¿Para las concesionarias resultó un buen negocio la implementación del Pro.Cre.Auto?

–Sí, totalmente. Con la devaluación de principio de año, el precio de los autos aumentó considerablemente. Por lo tanto, hasta el mes de mayo casi nadie compraba autos. La aparición del Pro.Cre.Auto constituyó una idea novedosa porque se trató de un crédito personal que se puede aplicar al auto. Hasta ese momento, los créditos de automóviles eran prendarios. Esto provocó el interés de los clientes que se acercaron a preguntar por el plan y generaron una masividad que ni nosotros creíamos que se podía generar ese nivel de atracción. Por otro lado, hubo que poner el plan en marcha a través del Banco Nación, en todas sus sucursales, lo que demoró un poco la cuestión ya que le costó entrar en ritmo por una serie de trabas administrativas. Pero al cabo del mes empezó a funcionar muy bien y comenzaron a hacerse operaciones. Al poco tiempo nos encontramos con la sorpresa de que algunas de las terminales bajaron su producción y no pudieron cumplir con la demanda que generó el Pro.Cre.Auto. Me parece que no calcularon o no dimensionaron bien los alcances que podía generar este plan y por lo tanto la demanda terminó siendo superior a la oferta. Nos encontramos entonces en la actual situación, en la que hay créditos otorgados, con clientes que eligen determinadas marcas de autos, pero que en las concesionarias les dicen que no pueden garantizar si se lo van a dar porque desde las fábricas no están entregando modelos.

–No es la primera vez que sucede que, luego de una caída, cuando la demanda comienza a reactivarse las terminales no puedan dar respuesta…

–El problema ahora es que el Banco Central no tiene divisas para venderles a las automotrices y por lo tanto no importan. Ahora tenemos una merma para ofertar porque los autos que venían de Brasil llegan en menor cantidad y en la industria nacional faltan autopartes. Pero todas las marcas no están en la misma situación. Algunas están cumpliendo, otras lo hacen de manera parcial y el resto no cumple nada. Por eso se están llevando adelante esta serie de reuniones con los ministros de Economía e Industria para ver cómo se adecua cada terminal a esta nueva pauta. A su vez, está la intención de la Presidenta de prorrogar hasta fin de año el plan que vence el 24 de este mes. Nosotros estamos de acuerdo porque es una herramienta de venta muy importante que no tiene comparación en el mercado. Tenemos que ver qué terminales pueden ofrecer autos para que el plan funcione. Porque si se niegan a entregar, no tiene sentido que siga funcionando. Pero somos optimistas de que al final se llegará a un acuerdo.

–¿Desde su óptica las automotrices están especulando para no entregar los autos?

–No, yo creo que la cuestión pasa porque no quieren o no pueden traer divisas, quieren utilizar las de acá y el Banco Central no tiene para ofrecérselas. El problema de fondo de la industria automotriz, que es estructural, es que es muy baja la integración nacional, que apenas llega a un 30 por ciento. Por lo tanto, siempre está supeditada a la disponibilidad de divisas. Para que la industria sea sostenible, que es lo que históricamente sostiene ACARA, tenemos que hablar de una integración que esté entre el 40% y el 50%. Eso generaría mayor estabilidad en las fuentes de trabajo, mayor ingreso de divisas y no tanta salida. El tema es complejo pero tampoco hemos trabajado mucho en ese punto. El Estado va a tener que apuntar hacia ese lugar para que la industria nacional tenga una integración mayor. De lo contrario, vamos a repetir cíclicamente esta situación en la que estamos ahora.

–¿En estos años de boom del sector no hubo una estrategia de parte del Estado y de las automotrices para mejorar esta integración?

–El Estado les reclamó a las terminales, estas se comprometieron pero no cumplieron. Igual, no hay que hacer generalizaciones. Algunas cumplieron más que otras.

”Nosotros estamos de acuerdo porque es una herramienta de venta muy importante que no tiene comparación en el mercado”.

–En caso de que no todas las automotrices estén dispuestas a seguir con el Pro.Cre.Auto, ¿sería beneficioso que continúe el plan?

–El que tenga la concesión de la fábrica que se quede en el plan va a ser beneficiado. El que tenga concesión de la fábrica que no siga se verá perjudicado.

–¿Las estimaciones de venta para este año son muy inferiores a la media histórica de estos últimos diez años?

–Si tomamos como referencia la media histórica, vamos a estar por arriba. Si hay stock disponible de acá a fin de año, creo que podemos llegar a los 700.000 autos patentados. Es un buen nivel. La banda puede estar entre 650.000 y 800.000. Esa es la franja que podemos fluctuar en los próximos años si se solucionan estos cuellos de botella que se generan cada tanto.

–Si no estamos hablando de un año tan malo en términos de ventas, ¿por qué se produce esta situación de incertidumbre con suspensión de personal y riesgo de pérdida de puestos de trabajo?

–El tema es complejo y excede el mercado interno. Por un lado, las fábricas y las concesionarias nos ampliamos para atender un mercado de un millón de autos por año. A lo mejor habría que plantearse si hicimos bien en tener esa pretensión o si nos equivocamos. En el caso de las concesionarias, hoy estamos sobredimensionadas. Nos sobran metros cuadrados y en las concesionarias grandes está sobrando personal en ventas y administración. También están sobredimensionadas las concesionarias de las marcas premium, que al estar alcanzadas y castigadas por el impuesto interno están con infraestructura y personal ocioso. En el caso de las fábricas, se exporta el 60 por ciento de la producción, y de esa exportación, el 90 por ciento está destinado a Brasil que atraviesa una crisis y bajó sensiblemente la compra de autos argentinos. Por lo tanto, una porción de la industria automotriz argentina está ociosa. Pero esto no tiene que ver con lo que perdió en el mercado interno sino lo que perdió de exportar. De ahí el fenómeno que se produce ahora con la caída de la producción y la suspensión de personal.

–¿Erraron en estimar que la producción de un millón de autos podía ser sustentable en el tiempo?

–A mí siempre me pareció que era exagerada. Pero las terminales nos llevaron a eso y al tener nosotros una concesión nos tenemos que ir adaptando a los requerimientos de las terminales.

–¿Usted es optimista respecto de que se pueda destrabar esta situación?

–Hay intereses encontrados que hacen difícil llegar a un acuerdo. Pero creo que el actual panorama no beneficia a nadie. Tendrán que ceder ambas partes. No creo que ninguna fábrica de la Argentina esté pensando en perder el mercado que ha venido ganando en todo este tiempo. Porque la empresa que se vaya del Pro.Cre.Auto pierde mercado, eso es seguro.

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