Nuevo sistema de venta para productos textiles.

Pablo Waisberg
”La mercadería se producirá en el país. No se aceptará bajo ningún concepto productos elaborados en el exterior”, reza el décimo axioma de Dogma 13, un nuevo sistema de ventas que se presentará en marzo del próximo año. Se trata de un ”contrato implícito” entre el consumidor y el comerciante que permitirá realizar compras al por mayor con sustanciales rebajas de precio. La novedad es que no se tratará de promociones puntuales sino que será un sistema destinado a evitar los crecientes costos comerciales y financieros que son capaces de multiplicar por ocho el precio de producción de cualquier manufactura.
La propuesta del nuevo sistema es funcionar por fuera de los shoppings y grandes centros de ventas, donde los costos comerciales, administrativos y laborales, obligan a elevar los precios al público y trabajar solamente con locales certificados instalados en barrios. Pero, además, a diferencia de la tradicional venta mayorista, existe la posibilidad de probarse el producto, elegir distintos talles e incluso armar ”paquetes de compra” con diferentes prendas, en el caso de la indumentaria. Así, por el precio que una persona compra hoy dos remeras podría comprar cinco o seis.
”De esta manera, bajo la auditoria del Dogma 13, el consumidor obtiene productos de calidad a precios sumamente accesibles y el comerciante logra tener el suficiente caudal de ventas para ir acomodando los precios a valores cada vez más bajos, acordes a sus costos de producción”, señaló el economista Mariano Kestelboim, que junto a un empresario textil ideo el ”nuevo contrato” de consumo.
En los últimos años, los costos productivos aumentaron menos que los comerciales y financieros. Y según la tendencia, Kestelboim prevé que el costo de producción seguirá perdiendo peso por la revalorización inmobiliaria, saturación de los sistemas de logística y abaratamiento de la mano de obra.
En un trabajo que realizó junto al economista Diego Coatz, sobre ”La formación del precio de la ropa”, Kestelboim observó como es ese proceso:
El costo de producción nacional de una prenda de marca apenas representa un 15% de su precio.
Fabricar una chomba en talleres formales, con estampa, apliques y avíos, cuesta $30, y su precio supera los $200.
En las sobrevaloradas superficies de los shoppings, la viabilidad del negocio depende cada vez más de la venta de bienes de alto valor.
Los costos de ocupación escalaron de tal manera que el costo de admisión, conocido como ”llave”, se abona por adelantado y es de entre 20 y 25 alquileres -para un local de 100 metros el alquiler mínimo son $50.000- y se paga con cada renovación. Además, pagan comisión inmobiliaria del 6% sobre el total del contrato, las expensas y el fondo de publicidad.
Esta realidad es la que vive en carne el empresario con quien ideó Dogma 13. Él fue el primero que le planteó que había que idear una nueva forma de comercialización, que permitiera eludir la concentración del mercado y sortear sus costos. Al mismo tiempo, permite superar la venta mayorista tradicional mediante un sistema de atención al público similar al de un local minorista y comprar paquetes cerrados pero con la posibilidad de intercambiar artículos.
A ellos se sumó Juan Kestelboim, quien se encargará de la promoción en redes sociales y garantizará el cumplimiento de otro de los axiomas de Dogma 13: ”No podrá ser publicitado a través del desarrollo de comerciales en ningún medio de comunicación. Solo se contará con la insignia identificatoria, la difusión boca a boca, en redes sociales o en medios de comunicación que deseen transmitir gratuitamente el funcionamiento del servicio”.
El sistema comenzará con productos de indumentaria ”porque es el sector con negocios barriales que mejor subsiste, dentro de la ruina general de todos los sectores. El resto, como perfumerísa, jugueterías, ferreterías, electrodomésticos, almacenes o heladerías, ya está demasiado dominado por grandes cadenas o ferias de venta informal”, explicó Kestelboim.

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