En 2002, François Michelin cedió el testigo a su hijo Edouard, pero este se ahogó cuatro años después mientras practicaba pesca deportiva en alta mar. Desde entonces ningún otro Michelin estuvo al frente de la compañía de Clermont-Ferrand.

Se lo consideraba como el último gran patriarca de los negocios franceses y el más reservado de todos. Sin embargo, su estricta forma de dirigir la empresa también cosechó críticas.

La compañía no dio detalles sobre las causas de su muerte.

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