Evitar la respuesta tradicional. Esas son las acciones y mensajes que los responsables de la política económica están llevando a cabo frente a la pronunciada escasez de dólares. Sucede que este año, según Miradas al Sur, el Banco Central perdió tres mil millones de dólares de reserva (actualmente se encuentran levemente por encima de los 27.000 millones) mientras que en los últimos nueve meses la balanza comercial (diferencia entre exportaciones e importaciones), si bien continúa siendo superavitaria (5.790 millones de dólares), disminuyó un 12% con respecto a igual período del año anterior.

Fue el resultado de diversas causas, entre las que se destacan las maniobras especulativas financieras y del complejo agroexportador, errores parciales del Gobierno en el manejo de la política cambiaria, industrial, y energética, la caída del comercio internacional, la reducción de expectativas favorables por el descenso en el precio de la soja, y el conflicto con los fondos buitre que dificultó el acceso a financiamiento internacional.

La salida tradicional a esta situación (ver nota ”Don´t Stop) implicaba una fuerte devaluación, que encarecía el precio dólar, con lo que disminuía su demanda al tiempo que, en el mediano plazo, podían llegar a aumentar las exportaciones industriales. De hecho, el mes pasado, el diputado nacional y referente económico del PRO, Federico Sturzenegger, señaló en declaraciones a FM Milenium que debería existir una devaluación del orden del “50% para mantener la competitividad”.

Por cierto, sus efectos eran una sensible caída del empleo y de los ingresos reales, situación que el Gobierno busca evitar, para lo cual buscará sostener el valor del dólar oficial a $ 8,50 mediante una serie de acciones coordinadas, que tienen un efecto tanto en el plano material como simbólico.

Sucede que las acciones tendientes a generar un mayor ingreso de la moneda norteamericana, evitar las salidas de los mismas y orientar los pesos hacia colocaciones que no presionen en la cotización de los dólares paralelos al oficial (bolsa, contado con liquidación, blue) buscan también aquietar las expectativas sobre una posible salida tradicional devaluatoria.

En este sentido, la noticia más relevante fue la difundida el pasado miércoles por el Ministerio de Economía, que anunció un acuerdo con la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (Ciara) y el Centro de Exportadores de Cereales (CEC), para que las mismas liquiden 5.700 millones de dólares por sus exportaciones, durante el último trimestre del año. El anuncio, no sólo tuvo relevancia por el hecho que hasta el momento se calcula en 26 millones de toneladas o 10.000 millones de dólares el monto que productores y exportadores, que representan la tercera parte del total de los dólares ingresados al país, retienen en silobolsas (especulando con una devaluación que hubiera aumentado sus ganancias), sino también porque estos grandes jugadores parecen haber confiado en que el Gobierno cumplirá su promesa de no devaluar, algo que posiblemente se traslade a otros sectores de la economía (si bien también influyó en su decisión el hecho de que la soja viene disminuyendo su cotización de forma sostenida, pasando de 560 dólares la toneladas a comienzos de años a menos de 350 en la actualidad).

Al día siguiente de este anuncio, es decir, el pasado jueves, Economía hizo otro anuncio que busca incidir en lo material y en las expectativas, al lanzar el “Bono de la Nación Argentina vinculado al Dólar 1,75% vencimiento 2016”, que tiene la particularidad de ofrecerse a la actual cotización oficial del dólar, pero liquidarse al precio en el que el mismo se situé al momento de su vencimiento (que difícilmente podría ser el derivado de una devaluación ampliada, por los costos que esto significaría para el Tesoro). Los bonos se emitirán el martes por un equivalente a 1.000 millones de dólares y estarán fundamentalmente destinados a aseguradoras, bancos y empresas, con la premisa de evitar que sus pesos se vuelquen al dólar y, al mismo tiempo, de lograr un financiamiento local.

Estos anuncios, son en rigor la continuación de medidas tomadas durante las pasadas semanas, como la venta de bonos públicos dolarizados para aumentar la oferta de los mismos y hacer caer su valor, lo cual implicó una baja del dólar “contado con liquidación” (adquirido en pesos a través de estos bonos y liquidado en el exterior), el acuerdo de prefinanciamiento mutuo de exportaciones (swap) con el Banco Central chino, así como una normativa para que los bancos suban al 24% la tasa de interés que ofrecen a los ahorristas (sin que el Banco Central aumente las que paga a estas entidades por medio de las Lebac) y un mayor control a las operativas ilegales con el dólar, para lo cual se designaron especialistas en esta temática (Germán Feldman y Pedro Biscay) en la Superintendencia de Entidades Financieras y Cambiarias del Banco Central.

Todas estas medidas ancladas en lo material y en las expectativas, tuvieron como saldo nuevas bajas en los valores de las diferentes cotizaciones del dólar: el paralelo bajó en la semana a los 14,65 pesos para la venta (había tocado los 16 pesos), el oficial se mantuvo estable (8,50 pesos), el dólar “bolsa” cotizó en 13,54 pesos y el “contado con liqui” subía hasta $13,15 (ambos habían superado los 14 pesos).

Como confirmación de que el Gobierno no está interesado en un plan de estabilización tradicional, que además de una devaluación implica el recorte de la inversión pública, desde Economía informaron que entre enero y agosto de este año las cuentas públicas mantuvieron un déficit permanente, que sumó 40.300 millones de pesos.

El valor adecuado para el dólar. Existe una discusión ideológica sobre el valor del dólar. Para los grupos concentrados de la economía ligados a la exportación y/o que han fugado divisas durante los últimos años, el mismo debería ser alto, ya que les asegura una amplia rentabilidad y abarata el salario (medido en dólares) que abonan a su planta trabajadora. Quienes por el contrario defienden los ingresos de salarios, jubilaciones, y planes sociales, se oponen a este dólar alto. Pero ligado a este contrapunto ideológico, también existe una discusión técnica sobre su valor apropiado, ya que un dólar a bajo costo implica también la posibilidad de desajustes macroeconómicos, pues fomenta el consumo de artículos importados (que sin una regulación sobre importación destruye la industria nacional) y el turismo al exterior, todo lo cual resta divisas al país. En este sentido, cobran relevancia las declaraciones que el titular del Banco Central, Alejandro Vanoli, formuló al diario Página/12: “Si tomamos el tipo de cambio multilateral real (Nota de R: no sólo toma en cuenta el valor del dólar, sino también el de las monedas de otros países con lo que se comercia, así como los niveles de precio), deflactado por el índice de salarios, para evitar discusiones por el índice de precios, nos da que estamos por encima no sólo respecto de diciembre de 2001, en un 50 por ciento, sino además contra la corrección cambiaria del mes de enero de este año, en un 7 por ciento”.

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