Hay dos períodos de devaluación, según cuentan Esteban Bertuccio, Juan Manuel Telechea y Pablo Wahren en el documento “Crisis de divisas y devaluación en Argentina: una perspectiva histórica”, elaborado en el Ministerio de Economía. El que abarca desde 1955-1975 estuvieron asociadas a crisis en el comercio exterior. Las de 1976-2002 se debieron a las recurrentes crisis financieras. Si bien las causas son diferentes, las consecuencias de la devaluación fueron similares: caída del salario real, disminución de la actividad económica y suba del desempleo.

La primera fue en octubre de 1958, cuando el flamante gobierno de Arturo Frondizi modificó la paridad cambiaria en 68,2 por ciento y la inflación se aceleró a 113,7 por ciento anual. Esta fue la primera vez en la historia argentina en que la suba de precios superó los dos dígitos. Esto generó una caída del 20,3% del salario real. La demanda de consumo se vio reducida y el PBI se contrajo 6,5% en 1959. La política de austeridad implementada, en acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, provocó una depresión económica en 1959. Esto provocó que los salarios de los trabajadores disminuyeran, sumado a un proceso de inflación creciente, y que las huelgas se multiplicaran.

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La segunda fue en abril de 1962 con el gobierno de José María Guido y el ministro de Economía, Federico Pinedo, que liberalizó el mercado cambiario y con fuertes devaluaciones mensuales el alza del tipo de cambio nominal fue de 64,5 por ciento en el año. En términos generales, los indicadores económicos muestran lo limitado de los resultados obtenidos: el producto bruto per cápita y el consumo decayeron a su nivel más bajo en los últimos diez años, la utilización de la capacidad manufacturera instalada decayó a menos del 55%, los precios y la tasa de desempleo aumentaron, hubo una importante reducción del gasto público y la recesión hizo que los recursos del Estado cayeran en una proporción mayor.

La siguiente fue en junio de 1975, cuando el ministro de Economía, Celestino Rodrigo, ajustó 99,3 por ciento el tipo de cambio nominal, junto a una liberación de precios y suba de tarifas, con congelamiento de salarios.  En los meses siguientes se efectuaron repetidas devaluaciones, y al finalizar el primer trimestre de 1976 la suba acumulada respecto a junio de 1975 fue de 873,7 por ciento.

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En 1981, el nuevo ministro de Economía, Lorenzo Sigaut, comenzó una sucesión de fuertes devaluaciones el 2 de abril hasta terminar el año con un aumento del tipo de cambio nominal de 225,8 por ciento.  El modelo económico de Martínez de Hoz estaba mostrando sus peores consecuencias. La devaluación terminó con una contracción del -5,4%  y el desempleo pasó del 2,5% en el 1979-1980 a 4,8% en el año de la devaluación.

La quinta gran devaluación fue en febrero de 1989 cuando la paridad cambiaria subió 61,1 por ciento en relación con el mes anterior. Con la medida, el PBI se contrajo el -4,4%, los salarios cayeron un -14% y la pobreza escaló para situarse en el 40,5% de la población.

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Por último, la de enero de 2002 con el estallido de la convertibilidad y posterior devaluación violenta: la paridad trepó de 1 a 3 pesos por dólar de diciembre de 2001 a marzo de 2002. En este caso la finalización de la convertibilidad generó una de las crisis políticas y económicas más importantes del país con una contracción inmediata del PBI y un aumento histórico del desempleo, que llegó al 21,5% en mayo del 2002.
 
“En resumen, las devaluaciones aplicadas en nuestro país tuvieron consecuencias recesivas en materia de actividad económica y regresivas en términos de distribución del ingreso”, afirman Bertuccio, Telechea y Wahren. Agregan que “los episodios fueron respuesta de última instancia, y no lograron corregir los problemas estructurales de la economía argentina, teniendo en cuenta que a lo largo de la historia las crisis en la balanza de pagos siempre tendieron a reaparecer”.

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