La Argentina que se viene: entre la mediocridad y la incertidumbre

“Las opiniones expresadas son personales y no necesariamente representan la opinión de la UCEMA”.

Otra oportunidad perdida. El 2016 era el año para implementar una serie de reformas estructurales que permitieran a nuestra querida nación liberarse del estado de permanente asfixia que soporta el entorno económico desde hace décadas, un estrangulamiento que nos impide crecer, lo cual es un aspecto esencial para la eliminación de la pobreza estructural que padece nuestro país.

Lamentablemente para el futuro de la próxima generación tres aspectos contribuyeron a que esto no ocurriese. Primero, un oficialismo que no se atrevió a imponer una agenda de transformación relevante y que prefirió generar en la población la sensación de que no estábamos tan mal: la fe y la esperanza se comieron dos años y medio de gestión. Segundo, una oposición destructiva en cuanta iniciativa de cambio que intentó proponer el gobierno siendo la corrección tarifaria quizá, el ejemplo más elocuente. Tercero y lo mas importante, una sociedad que democrática y mayoritariamente votó por un cambio pero que al percibir los costos que el mismo implicaba decidió desentenderse y renunciar al mismo, no estando a la altura de semejante desafío histórico. Mucho se habla de la herencia K, lo cual es cierto, el estado de la economía argentina en 2015 era sumamente comprometido. Pero poco se habla del formidable stock de confianza con el que este Gobierno comenzó su gestión en 2016. Uno de los costos mas elocuentes del gradualismo oficialista fue la destrucción de gran parte de ese stock inicial con el riesgo país subiendo muy drásticamente desde sus mínimos en octubre 2017, aspecto que se exacerbó con la tan conocida conferencia del 28D cuyos costos seguiremos pagando por años todos los argentinos. Reconstruir ese nivel de confianza llevará años enteros de hacerlo todo bien, el mejor escenario posible en la actualidad es la recuperación parcial de las paridades de los bonos cortos y medios y una baja razonable pero nada espectacular de nuestro recalentado riesgo país. La economía del 2018 sigue siendo en esencia la misma economía K del 2015. De esta forma, nada puede salir bien bajo este marco de distorsión no corregido y los responsables somos todos: gobierno, oposición y ciudadanía ausente.

A la economía se la puede ignorar sólo por un efímero lapso. El error de diagnóstico inicial tuvo dos raíces: a) se supuso que por el solo shock de confianza se generaría un virtuoso ciclo de ingreso de dólares en la forma de inversión real, b) ante un mundo que comenzó a subir tasas, se cometió el error de suponer financiamiento externo por mucho mas tiempo de lo que efectivamente se logró. De esta forma, el mes de mayo fue para los argentinos el verdadero momento en donde dos diagnósticos erróneos confluyeron para generar una crispida crisis cambiaria: los excesos de la economía K interactuaron con la inacción M, propiciando un entorno muy conocido por todos: crisis.

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La mediocridad puede ser una buena o mala noticia, depende cómo se la mire. Con una visión de corto plazo obviamente que se extiende hasta las presidenciales del 2019 dos escenarios se plantean. Primero, de la crisis cambiaria observada entre mayo y junio de este año, que llevó al país a un estado de cuasi-esquizofrenia, percibir cierta estabilidad sustentada sobre la noción de una economía rota que en el mejor de los casos transitaría años enteros de mediocridad asistida, parecería convertirse en un escenario menos malo al inicial, lo cual es bienvenido. Segundo, también existe, la probabilidad de que en cualquier momento, la economía argentina vuelva al estado de locura vivido entre mayo y junio de este año. En estos escenarios probabilísticos todos, yo no soy de los que cree que tendremos un Armagedón a la vuelta de la esquina. Mi escenario base es el primero o sea, una economía diezmada en todos sus aspectos esenciales, que se aleja del caos al menos de caras al 2019, sobre la noción de largos años de mediocridad asistida siendo los u$s 50.000 millones del FMI la esencia de dicha asistencia y el ancla de este modelo. Lejos quedaron ya los meses en donde la tasa den interés era la referencia, hoy estamos todos dependientes de un concepto: el préstamo del Fondo Monetario Internacional que a su vez nos permite dimensionar verdaderamente lo que el gradualismo significó. En nuestro contexto de confianza perdida, la mediocridad es una buena noticia obviamente, en un sentido relativo, la confluencia de los desaciertos K sumados a las subestimaciones M, exaltan a la mediocridad como el mejor escenario posible.

El nuevo Banco Central como estabilizador y garante de un largo sendero de mediocridad asistida. Primero, claramente el BCRA ha podido estabilizar parcialmente a un mercado de cambios que había entrado en fase de locura, lo cual es muy bueno. Sin embargo, dicha estabilidad es parcial en el sentido que la otra cara de una misma moneda es una tasa de interés en pesos que en la parte corta de la curva ronda el 45%. Hasta tanto dichas tasas no bajen al 20% no podremos hablar de estabilidad cambiaria en un sentido pleno. En este aspecto mi expectativa es que este renovado BCRA anuncie en los próximos 90 días un swap de Lebac al menos aquéllas en poder de bancos públicos y privados que representan más de la mitad del stock total, contra la entrega de bonos en pesos mucho mas largos digamos, tres años, que permita descomprimir la parte corta de la curva local a cambio de un sendero mucho mas largo y mucho menos agresivo de tasas. Recuerden, la génesis de la crisis fue el mercado de Lebac, una economía no puede recuperarse en ningún aspecto hasta tanto dichas tasas no bajen significativamente. Mi expectativa es que este BCRA a diferencia del anterior, entiende la gravedad del problema, ejecutará el swap y a partir de dicha decisión comenzaría una razonable recuperación de todo el espectro de activos argentinos en especial, bonos cortos y medios hasta el 2024. Recuerden, los bonos no necesitan upside para recuperar, la mediocridad puede ser un escenario más que suficiente en especial, para durations inferiores a 4 años.

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Conclusión. A los ansiosos que esperan el helicóptero y un Armagedón en breve, me permito comentarles que le asigno a dicho escenario una bajísima probabilidad de ocurrencia de caras a las presidenciales del 2019. A los ansiosos que ya esperan un rebote mágico, me permito aconsejarles que bajen varios cambios y que comiencen a imaginar una Argentina rota económicamente, con bajísima capacidad de crecimiento sostenido pero dicha realidad no necesariamente implica caos. Me imagino a una nación con largos años de asistencia financiera que seguirá un camino de mediocridad subsidiada y siempre bajo el acecho de un shock de incertidumbre que lo pueda complicar todo. Esta es la Argentina de todos, esta es la Argentina que nunca nos animamos a corregir. Lo lamentable es que en economía los problemas no pueden ignorarse, de una u otra forma te golpean la puerta y la manera de hacerlo esta vez fue mediante un shock licuatorio cuyos costos ni siquiera han comenzado a develarse para lo que será un durísimo segundo semestre con alta recesión e inflacion. Bienvenidos a la definición mas ácida y contundente del gradualismo, concepto que en 2016 fue abalado por la mayoría de los argentinos.

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