Inversores mantienen al país en la C hasta comprobar si funciona el gradualismo

El disgusto llegó para el Gobierno desde el rincón menos esperado: los bancos y operadores de Wall Street que siguen el caso argentino. Los que supuestamente garantizaban el gradualismo para siempre prestando a 100 años. Los que no paraban de elogiar la gestión de Mauricio Macri y se sienten contenidos por el actual gabinete económico. Los que recibieron el beneficio de colocar deuda en Argentina como nunca en los últimos años. Tantas coincidencias no alcanzaron y llegó crudamente el baño de realismo. Nada menos que Morgan Stanley, que traicionó las expectativas y el bolsillo de la mayoría de los operadores financieros y dejó a la Argentina en el status de país frontera (la Primera C), sin ascenderla siquiera a la B Nacional de los emergentes.

Fuerte y previsible derrumbe ayer en los precios inflados de las acciones, no tan mal los bonos frente a la mala noticia, y dólar más firme contra el peso. Nada que ponga severamente en peligro la estabilidad financiera para llegar a las elecciones, pero otra vez el sabor amargo de enfrentar una realidad que a nadie en el Gobierno le gusta escuchar: entre los inversores locales e internacionales reaparecen una y otra vez dudas sobre la sustentabilidad política y económica de la era Macri. Las tribulaciones del Círculo Rojo que tanto fastidian al Círculo Negro que rodea al Presidente.

La cuestión no alcanza solamente la incertidumbre electoral con la reaparición de Cristina Kirchner como casi segura candidata. Una ex presidenta abuenada y coucheada por los consejos de Duran Barba sobre cómo hacer campaña para la clase media que no la vota desde 2011. Vestida muy sencilla, sin joyería, con mangas mesiánicas, casi un mix entre el look de María Eugenia Vidal y el de Carolina Stanley en el escenario.

El problema para la inversión no es solo el supuesto regreso de Cristina y lo que significa en términos de dificultades para profundizar la modernización de la Argentina. Aun ganando el Gobierno las parlamentarias de octubre, subsisten severas dificultades macroeconómicas que dificultan las inversiones y el repunte de la actividad, y que no está muy claro cómo serán abordadas por la administración Macri con el tono del gradualismo que ha caracterizado hasta ahora su mandato.

LEÉR MÁS  El consumo minorista cae en 4,7% en lo que va del año

Financiar el déficit fiscal que no baja y para muchos analistas sigue subiendo con dólares del mercado financiero genera atraso cambiario y altas tasas de interés en pesos. Argentina es cara para invertir y tiene un régimen impositivo y laboral asfixiante para el que trabaja y produce. Tampoco repunta el consumo porque la inflación no cede del todo y cada tanto los aumentos de tarifas y transporte para eliminar subsidios barren con el poder adquisitivo. Para peor, los argentinos que tienen capacidad de consumo lo hacen, pero en Chile, Uruguay, Asunción o Miami, donde todo cuesta un tercio o la mitad que en el país.

Cuando en Wall Street se preguntan si las reformas de Macri son irreversibles, en verdad están consultando respecto de las más básicas nociones de libertad económica y empresarial en la Argentina. Temas que no se discuten en otros países de la región (controles de precios o controles de cambios), pero que en la Argentina reaparecen en el debate político y como riesgo cierto ante el agravamiento del tamaño y peso del Estado en la economía y el déficit fiscal que semejante gasto público genera. La duda entre los inversores es sencilla: cómo hará la Argentina cada vez con más déficit fiscal para mantener la libertad económica y evitar en el futuro cepos cambiarios. Vivir de prestado para la eternidad no está disponible. Luce muy ambiciosa la reforma económica que necesita encarar el país y el gobierno de Macri después de las elecciones. El gasto hasta ahora ha sido políticamente intocable, no se puede devaluar y mucho menos aumentar impuestos. De hecho promete el Gobierno bajar impuestos y cargas laborales, con una reforma impositiva y necesariamente previsional. Avanzar por ese camino tornaría irreversible la revolución económica y cultural de Macri. Claro que de momento hay mucho por ver. Por lo pronto el resultado de las elecciones.

LEÉR MÁS  Desempleo: se registró el mayor pico de los últimos 12 años

Lo más relevante viene después del comicio. Conocer la profundidad de las reformas que promete el gobierno para la segunda parte de su mandato. El mundo económico teme que no alcance con el ritmo gradual de la primera parte del período.

Dependerá otra vez de cuánto esté el mundo financiero dispuesto a financiarle a la Argentina. En los mercados hasta ahora sobraba la confianza. El disgusto de Morgan Stanley alteró levemente ese escenario tan optimista. Si bien el país sigue en la categoría frontera, también es cierto que la mayoría de las calificadores mejoró la nota de Argentina desde la llegada de la administración Macri. Incluso el mismo banco Morgan Stanley recomendó aprovechar la caída en los precios de las acciones argentinas que ellos habían generado con su informe, para volver a comprar.

Así las cosas, el gradualismo económico supone sinsabores para el Gobierno también por izquierda. En tanto los analistas internacionales dudan de la profundidad del ajuste, la dirigencia política local pivotea en la campaña en sentido contrario contra la gestión económica del Presidente a la que califican de salvaje e insensible. Coinciden Sergio Massa y Cristina Kirchner en apuntar contra los aumentos de tarifas, de precios y los problemas de empleo en los sectores afectados por la caída del consumo. También contra la presión impositiva. Pero proponen más Estado, más controles y más impuestos.

Desde el oficialismo, siempre corridos por izquierda, se sobreactúa contra sectores empresarios. Vuelve la embestida contra los administradores de tarjetas y contra supermercados. Pero lo que más sorprendió fue la fuerte multa de u$s 20 millones que el ministro Juan José Aranguren aplicó a la petrolera de los Bulgheroni, por un reclamo de proveer gas subsidiado para garrafas que los privados dicen no estar obligados a cumplir. Cuesta creer que quien fuera víctima de las arbitrariedades de Guillermo Moreno, ahora transite por el Estado con modales tan impiadosos.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here