Tras una compleja semana que comenzó con la primera declaración pública del ala izquierda de Syriza, el partido de gobierno, rechazando cualquier acuerdo con el FMI, el Banco Central Europeo (BCE) y la Unión Europea (UE), se ha cerrado con con una declaración cuasi-oficial de Syriza de que el país no podrá pagar el vencimiento de 303 millones de euros del 5 de junio correspondiente a un préstamo del FMI.

La declaración provino del vocero parlamentario de Syriza, Nikos Filis, quien dijo textualmente el miércoles pasado que ”no podremos pagar, a menos que la ex troika (FMI,BCE y UE) acepte desbloquear los fondos del programa de rescate que aún están pendientes”.

Filis se refería a los 7.200 millones de euros que, según el programa de rescate firmado entre la ”troika” y el anterior gobierno del entonces presidente Andoni Samarás, deberían ser entregados a Grecia a cambio del cumplimiento de los compromisos de ajuste asumidos por el país.

Pero desde la asunción del gobierno del primer ministro, Alexis Tsipras, Grecia y sus acreedores negocian a cara de perro y sin alcanzar una mínima base de acuerdos, lo que ha llevado a que la ex ”troika” se venga negando sistemáticamente a liberar esos fondos si Atenas no acata sus exigencias de reforma laboral flexibilizadora, reforma previsional con jubilaciones a la baja y reforma del Estado con despidos masivos.

Esta situación ha llevado al país a un límite en la disponibilidad de fondos propios para hacer frente a los pagos de su deuda. De hecho, el último pago, de 770 millones de euros y también al FMI, pudo hacerse merced a que este organismo multilateral de crédito permitió a Grecia utilizar 650 millones de euros en Derechos Especiales de Giro (DEG) que tenía depositados en la institución.

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Que la situación financiera está llegando a un punto de no retorno lo muestra también la primera manifestación pública hecha por el llamado ”ministro de Finanzas en las sombras” del gobierno de Syriza, John Milios, quien llamó el pasado lunes a una ”ruptura” de la negociación con los socios y acreedores de Grecia, en una condena abierta e inusual de la política que sigue Tsipras y su ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis.

”Tenemos que elegir entre firmar lo que obviamente es un acuerdo para la austeridad y romper con los acreedores… Syriza no puede convertirse en un partido de la austeridad y este gobierno no puede implementar el memorandum (el acuerdo de rescate firmado entre Samaras y la ”troika”)”, dijo Millios en una declaración publicada en una página web de su sector dentro del partido oficialista.

La postura, que podría incluso conducir a una ruptura de Syriza, fue aún más precisada por esa misma declaración y en términos aún más duros en el plano programático.

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”Nuestra única elección es una ruptura con los acreedores, suspendiendo los pagos de la deuda, (imponiendo) medidas para restringir el libre movimiento de capitales, poniendo a los bancos bajo el control estatal, impuestos sobre el capital y la riqueza para financiar medidas para apoyar al pueblo… e incluso romper con el euro”, enfatizó esta declaración.

El pronunciamiento de esta fracción de Syriza conducida por Milios, quien es un conocido economista marxista griego, no llega en cualquier momento, como puede verse, sino justamente en una coyuntura de agotamiento económico y político de la estrategia de alargamiento de las negociaciones y de hostigamiento mutuo entre la ex ”troika” y el gobierno de Tsipras.

Entre junio y agosto, el gobierno de Atenas debe hacer pagos por 2.000 millones de euros al FMI, incluido el vencimiento del 5 de junio, en tanto que tiene que enfrentar desembolsos de 6.500 millones al BCE y a otros bancos centrales.

El plan de rescate en vigor vence a finales de junio, pero ya ni siquiera esto es un plazo límite para Grecia puesto que el gobierno de Tsipras no puede siquiera cumplir con el próximo vencimiento de deuda del FMI y nadie sabe a ciencia cierta si podrá pagar salarios y jubilaciones después de junio.

No por casualidad en las últimas semanas se han acrecentado los rumores sobre un plan de contingencia o ”plan B” por parte de Syriza, el cual consistiría en comenzar a emitir cuasi-monedas al estilo de lo que hizo Argentina a escala masiva entre 2002 y 2003, una alternativa dirigida a ahorrar euros para cumplir con las obligaciones de la deuda y no provocar tampoco una cesación de pagos interna.

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Nadie piensa que Grecia pueda no pagar al BCE pues eso desataría un corte automático de las líneas a asistencia financiera de esa entidad a los bancos griegos, en condiciones de fuga de capitales generalizada, lo que derivaría en un colapso del sistema bancario y, más allá, del conjunto de la economía griega.

Hay quienes creen, aunque sin claro fundamento, en que un no pago al FMI no llevaría a un default inmediato, pero tampoco existen garantías de esto. Y mucho menos se puede prever el impacto que cualquier suspensión de pagos podría tener sobre el resto de la Eurozona y los países vecinos de Grecia.

La situación es de tal gravedad que el vicepresidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Stanley Fischer, un antiguo número dos del FMI, dijo el jueves pasado que es ”muy probable” que el euro sobreviva a la actual crisis europea, aunque no se atrevió a opinar lo mismo sobre el final de la situación de Grecia a la que calificó de ”incierta”.
Telam

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