Por Pablo Waisbergpara diariobae.com
”Hay que cambiar el foco del arte por la educación técnica, por la educación en energía”, esa fue la línea que trazó la nueva conducción de YPF a poco de llegar a la empresa. El planteo fue casi en simultáneo a la visita que el entonces flamante CEO de la compañía, Miguel Galuccio, hizo a Comodoro Rivadavia. ”Este es el corazón operativo de la petrolera”, dijo Galuccio, palabras más, palabras menos. Allí mismo prometió dar impulso a la investigación.
Esa promesa se tradujo en un cambio en el rumbo de la Fundación YPF, que apuntó los cañones sobre dos cursos de acción directa: educación y comunidad. Y tradujo esa nueva política en una consigna: ”Educar para la energía”.
En el primer caso buscará revertir el déficit de profesionales en energía. ”El sector demanda doscientos ingenieros en petróleo anuales, pero sólo se reciben cincuenta por año”, indicaron fuentes de la compañía. Ese es el número que quieren modificar en los próximos años para poder cumplir con el plan de crecimiento que se planteó la petrolera, que demandará 10.000 nuevos trabajadores, de los cuales más de mil serán profesionales y técnicos.
Para eso se tomó la decisión de dejar de financiar los programas que sostenía la antigua conducción encabezada por los hombres de Repsol. Hasta la nacionalización del 51% de las acciones en poder de la compañía española, la fundación financiaba el Concurso Internacional de Violín y los ”Sonidos en el Rosedal”, un ciclo musical que amenizaba las tardes de domingo con espectáculos de tango y jazz.
Al hablar de ”comunidad”, en YPF entienden que se necesitan programas culturales pero enraizados en las comunidades donde se desarrolla la empresa y que, al mismo tiempo, se apliquen planes de formación técnica.
Según los datos que manejan en la compañía, sólo el 11% de los estudiantes universitarios elige carreras relacionadas con las industrias, la informática y la ingeniería, y en ingeniería se inscriben 22.000 alumnos por año, de los cuales sólo el 20% finaliza sus estudios.
Además, sólo hay cuatro universidades argentinas que dicten carreras de grado vinculadas a la ingeniería en petróleo: Universidad Nacional de Córdoba, Universidad Nacional del Comahue, Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco y el Instituto Tecnológico Buenos Aires, donde estudió Galuccio. Sólo la UBA y el ITBA tienen posgrados vinculados al sector.
Esa radiografía de la formación en energía no es casual. Está descrita en ”Empresas transnacionales: sus estrategias de investigación y desarrollo y el papel de la Argentina y el Mercosur”, un trabajo que el economista Gustavo Svarzman realizó para la CEPAL en 2007. Ahí detalla cómo tras la privatización de la empresa se decidió el cierre del centro de Florencio Varela, primer laboratorio de tecnología de YPF, inaugurado en 1942, y que en su mayor esplendor llegó a tener quinientos profesionales.

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