Varios de estos “hechos aislados” podrían estar preparando el caldo de cultivo de una guerra mundial, si entendemos por “mundial” una guerra que tiene su centro de operaciones en Europa y repercute en diferentes partes del planeta. Esta es una guerra provocada unilateralmente por los Estados Unidos, con la complicidad activa de Europa. Su blanco principal es Rusia y, en forma indirecta, China.

Es increíble como bajó el precio del petróleo en los últimos meses, estas bajas afectan de manera decisiva las exportaciones rusas, ya que el petróleo es una de las principales fuentes de financiación del país. El presupuesto de Rusia para 2015 fue elaborado previendo que el barril de petróleo iba a costar 100 dólares. La reducción del precio hizo devaluar del rublo en forma significativa y agravó peligrosamente el déficit presupuestario. Además, esta reducción ocasionó graves problemas en otros países considerados hostiles (Venezuela, Irán y Ecuador). El acuerdo de Cuba con EE.UU también se debió, entre muchos factores, a que Cuba se quedó sin el crudo que le provenía Venezuela debido a que Maduro no puede regalar mas su petróleo.

Lo increíble de la reducción del precio del petróleo es que fue posible gracias al pacto celebrado entre EE.UU. y Arabia Saudita, a través del cual EE.UU. protege a la familia real (odiada en la región) a cambio de que se mantenga la economía de los petrodólares (transacciones mundiales de petróleo en dólares), sin la cual el dólar colapsaría como reserva internacional y, con él, la economía de EE.UU., el país con la mayor deuda del mundo.

Es interesante también comprender el vinculo entre el Estado Islámico (IS o EI) y Arabia Saudita, donde el Estado Islámico pidió a sus partidarios en Arabia Saudita que atentaran contra funcionarios del Gobierno, musulmanes chiítas y occidentales, esto contribuyó también al acuerdo entre EE.UU y la familia real saudita, pero EE.UU también tiene otros intereses.

En un raro momento de consenso entre demócratas y republicanos, el Congreso estadounidense aprobó al presidente a adoptar medidas más agresivas para sancionar y aislar a Rusia, a proporcionar armas y otro tipo de apoyo al gobierno de Ucrania y a fortalecer la presencia militar de EE.UU. en los países vecinos de Rusia.

Para entender lo que está pasando, es necesario tener en cuenta dos hechos: la declinación de Estados Unidos como país hegemónico y el negocio altamente rentable de la guerra. La declinación del poder económico-financiero de EE.UU. es cada vez más evidente. Hay también que entender que Rusia y China son los mayores acreedores de EE.UU. y últimamente han estado vendiendo los títulos del Tesoro estadounidense y, en cambio, han estado comprando enormes cantidades de oro; extrañamente, esos títulos vienen siendo adquiridos en grandes cantidades por misteriosos inversores belgas, y muy por encima de la capacidad de este pequeño país; tanto Rusia como China están utilizando cada vez más sus monedas y no los petrodólares en las transacciones de petróleo; finalmente, el FMI se prepara para que el dólar deje de ser, en los próximos años, la moneda de reserva y sea sustituido por una moneda global, los SDR (derechos especiales de giro, por su sigla en inglés).

Sin embargo, Rusia no se quedo quieta y en los últimos días aprovecho su devaluación para recuperar el 30% de sus activos de petróleo y gas, que estaban en manos de financieros occidentales, y ello gracias al hecho de que el rublo se depreció. Es decir que debido a la caída del rublo, Moscú fue capaz de recuperar la mayor parte de sus activos. Según decían algunos analistas, ahora todos los ingresos del petróleo y el gas permanecerán en Rusia y el rublo crecerá por sí mismo, sin tener que gastar las reservas de divisas y oro.

Pero bueno, esto recién está comenzando, pero es interesante a veces analizar con otra perspectiva y ver el bosque más que el árbol.

Por: Facu Garreton

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