El trigo se consolida como el cultivo estrella de 2016

El trigo se consolida como el cultivo estrella de 2016: tras años de un mercado intervenido, todos sus indicadores han crecido a niveles sorprendentes, al punto de que el Gobierno nacional espera un aumento de casi 40 por ciento en la cosecha.
Un motivo que llevó a los productores a regresar al cereal fueron sus márgenes: un análisis de la Bolsa de Comercio de Rosario muestra cómo, libre de ataduras para exportar, los ingresos de los productores mejoraron considerablemente con respecto al año pasado.
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Más participación
El primer dato que mencionan las economistas Sofía Corina y Emilce Terré es que, por cada dólar exportado, la participación del productor pasó del 3,3 por ciento en diciembre de 2015 al 9,5 por ciento en diciembre de 2016.
Entre los factores que explican esta tendencia, el documento menciona la mayor inversión en tecnología y la ayuda de las condiciones climáticas dieron lugar a mayores rindes, por un lado; y la renovada fluidez de las ventas al exterior conjuntamente con la supresión de retenciones que acortaron la brecha entre el valor FAS doméstico y el FOB de exportación, facilitando una mejora en el precio que recibe el productor, por el otro.
Precios
Según Corina y Terré, en estos últimos doce meses ha ocurrido algo extraordinario: mientras el valor internacional del trigo se desplomó en el mundo e incluso cayó la cotización FOB de las exportaciones argentinas, el precio en el mercado doméstico registró una notable mejora. Mientras en Kansas y Chicago los futuros de trigo cayeron 15 y 18 por ciento, respectivamente; y el precio FOB oficial argentino bajó 11 por ciento, el precio referencia de la Cámara Arbitral de Rosario se elevó 31 por ciento.
¿Cómo se explica? ”Por un lado, la eliminación de retenciones y de cuotas de exportación más o menos explícitas se traducen de modo directo en una reducción del ‘costo de exportar’ argentino, que permite mejorar el precio que las exportadoras están dispuestas a pagar por adquirir el cereal. Por otro lado, inflación y depreciación han jugado en favor de incrementar los valores en pesos del trigo”, señalan las economistas.
Y agregan que, aún valuando en dólares al tipo de cambio oficial, el precio de Rosario aumentó nueve por ciento, mientras que el peso argentino se devaluó 20 por ciento.
Más ingresos
A partir de allí, mejor precio FAS y más quintales redundaron, lógicamente, en una mejora en el ingreso bruto del productor que por cada hectárea destinada al cultivo pasó de obtener 507 dólares al levantar la cosecha 2015/16 a 627 dólares con la trilla 2016/17, una mejora del 24 por ciento.
La otra columna del balance indica que los costos de producción también crecieron, pero en menor medida: 10 por ciento, elevándose de 449 a 493 dólares por tonelada.
”Con estos números, el margen bruto de producción arrojaba 57,5 dólares por cada hectárea de trigo en la campaña 2015/16, mientras que hoy el remanente para el productor alcanza los 134 dólares. Ello representa una mejora del 133 por ciento en doce meses”, ejemplifica la Bolsa rosarina.
Si a esto se les descuentan los diferentes impuestos que tiene que abonar un productor, queda un margen neto de 67,6 dólares por hectárea, casi tres veces superior a los 23,3 dólares por hectárea de doce meses atrás. Esto en campo propio: con alquiler, se pasó de un quebranto en 2015 a un saldo levemente positivo en la actualidad.
”En este marco, pese a la caída del valor FOB , por cada tonelada exportada de trigo, el sector productor retiene 16,1 dólares (9,5% del valor), cuando hace un año atrás recibía 6,3 dólares (3,3%)”, resume el documento.
Como un sueldo
Tomando el margen neto, convirtiéndolo a pesos y multiplicándolo por un caso hipotético de una explotación de 200 hectáreas, quedaría un salario (12 meses más aguinaldo) de 16.376 pesos mensuales, cuatro veces más que los 4.711 pesos que se percibían a fines de 2015.
”La mejora en la ecuación de ingresos del año 2016 ha significado una redistribución de la renta en favor del eslabón más débil de la cadena, el productor agropecuario. Ello, a su vez, redundó casi inmediatamente en un cambio de expectativas que lo llevó a invertir más recursos (tanto naturales como de capital) en su actividad”, destaca el reporte de la BCR. 
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