El FMI y Europa llevan hasta el final la presión sobre Grecia

El pasado jueves, el FMI comunicó su decisión al manifestar su descontento con la resistencia griega a ceder a sus exigencias, y a la del resto de los acreedores, para que el país recorte jubilaciones y pensiones, y para que proceda a una reforma que flexibilice aún más el mercado laboral.

Ayer, un día después de la retirada del Fondo de la mesa de conversaciones, los líderes de la Unión Europea (UE) comunicaron de manera pública y abierta a Grecia que el tiempo del debate se acabó y que ahora Atenas debe decidir si acepta las condiciones de sus acreedores para seguir recibiendo ayuda o, en su defecto, rompe con estos y queda fuera de la Eurozona.

”La negociación se ha acabado: es hora de pactar”, resumió el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, lo que es la posición común de la UE y del Banco Central Europeo (BCE) y también del FMI frente a la resistencia que presenta Tsipras y su gobierno.

Sin embargo, el primer ministro heleno respondió ayer de manera desafiante, al menos en público, al ultimátum de los acreedores y reafirmó que se continúa negociando para destrabar los 7.200 millones de euros del plan de rescate vigente que Grecia necesita de manera desesperada para hacer frente a los vencimientos de deuda que tiene con el FMI y el BCE de aquí a finales de julio.

A pesar de esta afirmación, Tsipras no mostró ninguna variación en su posición de no ceder ante las exigencias de los acreedores. Un vocero precisó que Grecia enviará hoy una contrapropuesta a los planteamientos de la ex-troika, la cual será tratada a mediados de la semana próxima.

Bien mirado, la fecha decisiva será el próximo jueves 18, cuando tendrá lugar una reunión de los ministros de Finanzas de la Eurozona y a la que todos los observadores y los propios negociadores ven como la última oportunidad para que se encuentre un acuerdo y se evite la suspensión de pagos de la deuda de Grecia y su salida de la moneda única.

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Los mercados interpretaron el viernes con absoluta crudeza y realismo la enorme dificultad que presenta la situación: la Bolsa de Atenas perdió más del 4%, en línea con la caída generalizada de las acciones en Europa, mientras que las acciones de la banca griega se desplomaron hasta un 13% y los bonos del país también se desmoronaron.

Los países acreedores, el FMI y las autoridades de Bruselas señalan que Grecia no quiere cumplir con el plan de rescate firmado entre ellos y el anterior gobierno conservador de Andoni Samaras y que su intención, en realidad, es buscar una nueva reestructuración de la deuda incluido un nuevo recorte de la misma.

Analizado desde el lado griego, un recorte y una reestructuración son imperiosos para impedir que el país se deslice nuevamente por la vía de una nueva depresión económica, que es lo que necesariamente ocurrirá si Siryza, el partido de izquierda en el poder, cede al ultimátum europeo y del FMI que sólo tiene un objetivo: el pago de la deuda externa helena.

Políticamente, además, Grecia se encuentra también al borde del abismo. De un lado, las contradicciones han estallado en el seno de Syriza, donde su ala izquierda pide la suspensión del pago, la salida del euro y el regreso al dracma; del otro, la extrema derecha de Aurora Dorada aguarda su hora que estima que llegará en el momento en que Tsipras no cumpla su compromiso de no ceder ante los acreedores.

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Esta situación también preocupa a Angela Merkel, la canciller alemana cuya dura posición es, sin embargo, menos decidida que la de otros de sus partidarios de la derecha germana que pretenden una rendición incondicional de Grecia o, en su defecto, su expulsión de la Eurozona.

Merkel tiene en la mira no sólo la situación de Grecia sino también su posible impacto sobre otros países del sur europeo. No sólo o en particular lo que podría ocurrir en España o en Italia en caso de un derrumbe en Grecia. La canciller germana observa con preocupación la inestabilidad en los países de los Balcanes vecinos de Grecia que, al igual que esté país, podrían mirar con mayor interés una asociación económico-política con Rusia, potencia que siempre ha tenido fuerte influencia en esa subregión europea.

Más allá de la visión estratégica de Merkel sobre la influencia negativa que tendría la caída de Grecia sobre el futuro de la construcción de Europa, la canciller deberá enfrentar fuerte oposición dentro de su gobierno, empezando por el ministro de Finanzas, Wolfgang Schauble, en el caso de que decida ceder a último momento ante Grecia para evitar su quiebra financiera.

El mismo problema, pero con el ala izquierda de su partido, y con la extrema derecha en acecho, enfrentará Tsipras si acepta la mayoría de los puntos del plan de los acreedores.

El gran problema, el que quizá haga imposible una solución pacífica y equilibrada, es que no existe un punto de acercamiento intermedio entre una parte que reclama el pago irrestricto de una deuda y la otra que sabe que no podrá cumplir con esta exigencia ni siquiera en el caso de aceptarla.
Telam

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