La gente va a Nueva York para estudiar; conocer el Empire State Building; convertirse en médicos, chefs o escritores; o alcanzar el éxito en Broadway. Pero Chen Guangbiao estuvo semanas atrás en la ”Gran Manzana” para comprar The New York Times. Esta no es una propuesta tan sorprendente para ninguna persona que sepa algo sobre Chen, el millonario y filántropo chino de 45 años experto en lanzar iniciativas que ocupan las primeras planas en nombre de la política, la pobreza, la ayuda humanitaria y el medio ambiente.

¿Por qué comprar el Times? ”La primera razón es su enorme influencia”, asegura Chen, desde una suite de lujo del neoyorquino JW Marriott Essex House. ”La segunda razón es que por medio de mi propia influencia personal, mi intención es vender el periódico en Asia y en cada hogar de China, para presentar información sobre temas como la paz mundial, la protección ambiental, mi carrera filantrópica y el logro de la generosidad humana”. Dice que está listo para ofrecer US$ 1.000 millones por el diario, US$ 400 millones de su propio bolsillo y US$ 600 millones de un inversionista anónimo, aunque la familia propietaria del diario, los Ochs Sulzberger, no demostró interés en reunirse con él, y menos en venderlo.

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Pero no es fácil desanimar a un magnate mediático en ciernes como Chen. Si el Times no muerde el anzuelo, dice, está preparado para intentar comprar otros medios, como la CNN y el Washington Post (aunque dice no haber hablado con su nuevo dueño, Jeff Bezos). ”Cualquiera que sea el medio, deseo publicarlo en ambas versiones, en inglés y chino”, señala Chen. ”Los chinos desean comprender las noticias”.

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Los orígenes de Chen son modestos. Criado en la humilde provincia rural de Jiangsu, soñaba con ser médico. Logró recibirse y después fundó la empresa Jiangsu Huangpu Recycling Resources Ltd., que recicla materiales de desecho de edificios demolidos en toda China.

Con un patrimonio neto de unos US$ 1.500 millones, donó más de US$ 330 millones a sociedades benéficas que, a su vez, han ayudado a más de dos millones de pobres. Como él mismo dice, ”al principio, fui un médico para las personas. Ahora me he convertido en un médico para la Tierra”.

En su excéntrica tarjeta de negocios, Chen se declara como ”el más prominente filántropo chino” o ”líder moral de China”. Y también usa métodos poco ortodoxos cuando se trata de retribuir a la sociedad. Por ejemplo, tras el devastador sismo en Sichuan de 2008, donó US$ 15 millones
en ayuda, entregó dinero en efectivo a los sobrevivientes que se quedaron sin hogar y posó en fotografías donde aparecía sosteniendo fajos de billetes. En 2012, cuando protestas antijaponesas se extendieron por toda China, Chen gastó US$ 800.000 en 43 autos de fabricación china y los regaló a las personas cuyos vehículos fabricados en Japón habían sido dañados en las protestas.

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También, Chen estrelló su Mercedes-Benz y donó 50.000 bicicletas a ciudadanos chinos para animar a las personas a conducir menos y andar más en bici. Con el mismo objeto promocional, cambió los nombres de su propia familia: uno de sus hijos se llama Protección Ambiental, su esposa ahora es Green (Verde) y él, Baja Emisión de Carbono. ”Actualmente, soy conocido [solo] en China. Ahora quiero que me conozca todo el mundo”, dice.

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