Odette Lienau, profesora asociada de la escuela de Derecho de la Universidad de Cornell, dialogó con Tiempo Argentino y advirtió que si los holdouts ganan en los tribunales las economías tendrán más complicaciones para atraer a los inversores. ”Algunos de los países en desarrollo no dan apoyo político a la construcción de un modelo general de reestructuraciones porque son suficientemente grandes y tienen suficiente presión sistémica en el mercado como para alentar a los acreedores a sentarse a la mesa y reestructurar”, explicó luego de exponer en el seminario sobre reestructuración de deuda soberana que organizaron la semana pasada la Universidad de Buenos Aires, la Universidad de Nueva York y la UNCTAD, organismo de Naciones Unidas que vela por el desarrollo económico y el comercio global.

–En los documentos elaborados por Argentina, los tenedores de bonos reestructurados y hasta de los Estados Unidos se subraya que los holdouts no deben ganar su caso porque complicarían las futuras reestructuraciones de deuda. ¿Usted cree que es válido este argumento?

–Es imposible predecir el futuro completamente y saber cómo van a reaccionar los países y los tenedores de bonos, pero es una preocupación razonable. Parte de la razón por la que los acreedores están dispuestos a entrar a reestructuraciones es la expectativa de que otros tenedores van a estar atados al mismo proceso. Es decir, que ningún otro bonista va a ganar por encima de los otros, y que de esa forma el país se va a poder estabilizar a partir de la base de la reestructuración y va a pagar sus obligaciones en tiempo y forma. Si esto es descartado por el litigio de los holdouts es posible que los que aceptaron la reestructuración que ofreció Argentina se sientan maltratados. Ellos estuvieron dispuestos a negociar y actuar consensuadamente, y al final puede terminar recibiendo mucho menos.

–Una victoria de los holdouts podría cambiar todo el escenario.

–Es una posibilidad, porque cambian los incentivos que futuros tenedores de bonos podrían tener al momento de considerar si aceptan o no un canje. No van a querer ser los que pierden y si nadie está dispuesto a consensuar se socavan las chances de reestructuración para todos los países, eliminando así un camino que fue muy importante para el ordenamiento de las finanzas.

LEÉR MÁS  Buscan incrementar exportaciones a Panamá

–¿Y cómo quedarían ubicados los países deudores?

–Obviamente todo pasaría a ser más difícil para ellos, que muchas veces necesitan del proceso de reestructuración para salir a flote. Eso es malo, y más allá de que cada país tenga características y detalles particulares el hecho de verse ante la obligación de pagar el 100% del valor de los papeles puede dañar las economías y hacerlas menos atractivas hacia el futuro frente a los ojos de potenciales futuros inversores.

–Los holdouts descartan este punto de vista y sostienen que las Cláusulas de Acción Colectiva (CACs) que se incluyen hace años en las emisiones de deuda no van a permitir la desaparición de las reestructuraciones como un camino posible o atractivo. ¿Es así?
–Es verdad que estas cláusulas van a ayudar en las reestructuraciones del futuro, pero obviamente hay que tener en mente que todo depende de que los bonos las tengan y de que sean del tipo que permite una solución más universal. Además todavía hay mucha deuda en el mundo que no incluye este mecanismo legal y que recién en 50 o 100 años se va a haber retirado del mercado. Y de todas formas su desaparición tampoco va a garantizar que no surjan problemas como los que vemos hoy. Es necesario mirar más allá.

–¿Es posible que en el futuro se construya una regla internacional para que a partir de cierto porcentaje todos los acreedores deban aceptar una reestructuración?

–Obviamente hay una chance, pero ya hubieron esfuerzos para establecer un mecanismo de reestructuración de deudas en el pasado que no tuvo éxito por la falta de apoyo. Interesantemente, la búsqueda de discutir la creación de ese tipo de modelo alentó a los inversores a aceptar las Cláusulas de Acción Colectiva a las que ellos mismos se habían resistido al menos en el caso de los bonos de Estados Unidos.

–Pensando en el enfrentamiento entre Argentina y NML, la crisis en Europa y las complicaciones en las que parecen estar entrando los países en desarrollo, ¿se puede reabrir la posibilidad del debate y encontrar una salida consensuada?

–Es verdad que con un escenario de crisis hay una presión adicional para pensar un poco más, para replantearse el debate. Muchos de los obstáculos políticos que existieron en su momento se mantienen, pero las razones para hablar de la cuestión son más amplias. No necesariamente hay que apuntar al establecimiento de un mecanismo de reestructuración de deuda soberana basado en una sola institución nueva a la que todos los países deban recurrir, sino que existe un camino en el establecimiento de procedimientos que se compartan globalmente pero no estén contenidos en un solo lugar. Algo así como lo que surgió de los esfuerzos para establecer un procedimiento transnacional de quiebra para compañías o corporaciones al que muchos países se unieron. Esto incluye características como las que tendría una institución central, pero sería un poco más plural y descentralizado, y por ende políticamente más viable. No es que tiene que ser blanco o negro, hay procedimientos en el medio que pueden ser exitosos.

LEÉR MÁS  Buscan incrementar exportaciones a Panamá

–¿Quiénes son los que ponen resistencia política?

–La resistencia viene de varios lugares. Una como es esperable surge de los grandes acreedores privados, que rechazan la idea de perder la prerrogativa que tienen en el escenario actual para pasar a ponerla dentro de algo como una institución más legalmente delimitada, donde otras influencias estarían más presentes. Por otro lado están los países acreedores que también ponen resistencia, como por ejemplo Estados Unidos, que fue muy importante para que caiga la propuesta previa de un modelo de reestructuraciones. Y como si esto fuera poco en tercer lugar aparecen algunos países tomadores de deuda y en desarrollo, que se separan de aquellos que buscan el nuevo modelo.

–¿Cuál es la razón por la que algunos países en desarrollo endeudados actúan en línea con el rechazo de los acreedores?

–Algunos de estos deciden no dar apoyo porque son suficientemente grandes y tienen suficiente presión sistémica en el mercado como para alentar a los acreedores a sentarse a la mesa y reestructurar. Esta importancia internacional que tienen le da más incentivo al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Tesoro de los EE UU para asistir y asegurarse de que sus reestructuraciones sean exitosas. Están bien así y les preocupa que aparezca una gran institución o que se establezca un nuevo método que pueda aumentar los costos del endeudamiento que pretenden tomar. Los acreedores pueden sostener que hay un riesgo mayor de default al existir un método de default suave.

LEÉR MÁS  Buscan incrementar exportaciones a Panamá

–Los mercados internacionales siguen mostrando desconfianza en la Argentina a pesar de que ya pasaron diez años del default. ¿Por qué no cambia?

–Para los bonistas es muy claro que el país está en medio de un litigio grande y lo estuvo por varios años, entonces eso dentro de las dinámicas que señalé anteriormente y la incertidumbre de lo que puede pasar condiciona muchas veces la visión de los inversores. ¿Argentina va a tener que pagar o va a haber algún acuerdo? Nadie sabe.

–¿Cuál cree que va a ser el desenlace del enfrentamiento ahora que la Corte Suprema tiene la última palabra?

–Mi predicción es que sea lo que sea que decidan van a ser muy específicos y no se van a jugar por una decisión muy amplia. Van a referirse a una arista de tal cláusula particular, en tal contrato y en tales circunstancias. Es lo que haría yo si estuviera en la Corte, tratar de limitar las potenciales ramificaciones de la decisión. Pero a veces la Corte Suprema es sorpresiva, y por eso es difícil saberlo y adelantarse a lo que va a pasar.

Una destacada carrera académica

Odette Lienau es un abogada egresada de la Universidad de Harvard y obtuvo un doctorado en Leyes de la escuela de Derecho de la Universidad de Nueva York, donde fue galardonada con el premio Lipper Jerome a la excelencia en el derecho internacional y el premio John Bruce Moore por su destacada labor en derecho y filosofía. Este año publicó su libro Repensar la Deuda Soberana: Política, Reputación y legitimidad en las finanzas moderna y es consultora de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo. Antes de unirse a la facultad de Cornell –lugar donde es profesora asociada actualmente– trabajó en el estudio de abogados Shearman & Sterling de Nueva York en temas de reestructuración financiera.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here