Las designaciones que presentó Carlos Casamiquela el pasado jueves en el Ministerio de Agricultura hablan por sí mismas en lo que hace al rumbo que tomará la cartera y el alcance de su política.

Se trata de un Gabinete conformado por técnicos de trayectoria en organismos como el INTA y el SENASA y profesionales vinculados estrechamente al ministro de Economía Axel Kicillof como es el caso de Javier Rodríguez quien lo acompaña en cada paso desde su militancia universitaria y pasó por varios de los organismos y directorios de empresas que el ministro recorrió antes de llegar al Palacio de Hacienda.

De hecho, Rodríguez viene de desempeñarse en la Subsecretaría de Planificación Económica del Ministerio de Economía, donde trabajó en la evaluación de las estructuras de costos y rentabilidad de distintas cadenas de valor. La presencia del propio Axel Kicillof en la conferencia es una señal de que, el ministro de Agricultura no se ocupará de determinar ni establecer los grandes lineamientos macroecnómicos que involucren al campo y que, esos temas, quedarán en manos de la cartera de Hacienda.

Así lo confirmo el propio Casamiquela cuando fue interrogado por la prensa sobre la política de retenciones y los cupos de exportación. Casamiquela dejó en claro que sobre esos temas ”hay que preguntarle a Kicillof y a la Secretaría de Comercio.” El aporte del ingeniero Carlos Casamiquela será estrictamente técnico y buscará confluir con los lineamientos establecidos por el nuevo Gabinete en lo que hace al estudio de las cadenas de valor para promover la competitividad sectorial y la contención de precios.

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Es que, en rigor, es en lo que estuvo trabajando en sus 40 años como técnico del INTA y, más en particular, en los últimos cuatro años en los que se desempeñó como presidente de la institución. De un análisis de esa gestión surgen los diez lineamientos que caracterizarán su tarea al frente de la cartera de agricultura. Así lo ratificó en sus declaraciones recientes y en los primeros pasos que se han dado.

A la cabeza del INTA su gestión se orientó hacia el desarrollo de las economías regionales a partir de la incorporación de tecnología agropecuaria para la creación de valor en origen. Para eso contó con el presupuesto más grande de la historia de la institución con el que extendió la presencia territorial del INTA hasta los puntos más remotos del país.

A finales del pasado mes de septiembre el organismo realizó una presentación en Tecnópolis sobre los resultados de 23 proyectos de agregación de valor en origen que van desde la horticultura familiar, la agro industria láctea, textiles, bodegas, producción de mieles y llegan hasta la producción de bioetanol.

Pero, ya desde su lugar como titular del INTA, Casamiquela había señalado que el rol del instituto no podía estar acotado a la provisión de tecnología sino que debía enmarcarse en un proyecto de transformación de la matriz productiva: ”El valor agregado en origen es la llave para el desarrollo territorial argentino”, señaló y exhortó a todo el organismo ”a trabajar en políticas públicas, ya que el agregado de valor es una política de Estado. Este camino es la clave para la transformación del sector agropecuario y agroindustrial del país. Hay que empezar a producir alimentos y no materia prima y ser exportadores de materia transformada.” Señaló en su momento proyectando los alcances de la institución. Ese concepto es el que lo catapultó como ministro y es el que, según ratificó, caracterizará a su gestión.

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En aquella tarea, el ingeniero agrónomo buscó siempre involucrar a los intendentes de cada localidad como ”protagonistas fundamentales” para que las iniciativas privadas que confluyeran con el INTA se elevaran hasta una política de Estado. Desde su rol de ministro, ahora, buscará involucrar a los gobiernos provinciales en un plan estratégico. Para eso ya convocó para mañana lunes a una reunión plenaria con sus pares de cada una de las provincias para bajar a tierra los lineamientos de su proyecto. Estos nuevos ejes de desarrollo de una política agroindustrial no dejan de lado de ningún modo los objetivos del Plan Estratégico Agroalimentario que fue retomado por el ministro como un ”plan de mediano plazo” y que, incluso, buscaría proyectar hasta 2030. Por eso, también ratificó el objetivo de incrementar la producción de cereales y oleaginosas hasta las 160 millones de toneladas para 2020.

Otra señal la dio Javier Rodríguez, quien se postula como hombre clave del Gabinete. Poco tiempo atrás publicó un extenso artículo en la página web del Plan Fénix, en el que analiza las últimas dos décadas de política agropecuaria. Allí concluye que ”es necesaria una política pública que oriente y promueva la producción agropecuaria con vistas a un desarrollo sectorial, pero también al cumplimiento de otros objetivos vinculados con el desarrollo económico y la mejora de las condiciones de vida de la población. Ello involucra un impulso a producciones de mayor valor agregado, a una diversificación productiva como estrategia competitiva pero también como forma de facilitar el acceso a la alimentación de la población. Se trataría de una estrategia de desarrollo sectorial inserta en una política pública más amplia que aborde la problemática del desarrollo económico.”. Una prueba dfehaciente de cuál es el camino que buscarán transitar.

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Los diez ejes de la nueva gestión

1 Desarrollo de las economías regionales para consolidar un desarrollo federal equilibrado.

2 Agregación de valor en orígen e impulso de las economías familiares.

3 Transformación de la matriz productiva para avanzar en una Argentina proveedora de alimentos y no solo abastecedora de materias primas.

4 Análisis pormenorizado (territorial y sectorial) de las cadenas de valor y distribución para apuntalar una política de contención de precios.

5 Ratificación del Plan Estratégico Agroalimentario 2020 y su proyección hacia 2030.

6 Incremento de la producción de granos para alcanzar los 160 millones de toneladas en 2020.

7 Diversificación de la matriz productiva y sutentabilidad en el uso del suelo.

8 Inclusión social y distribución de la renta.

9 Incorporación permanente de tecnología para desarrollar la competitividad sistémica del sector.

10 Desarrollo del mercado regional y el eje sur-sur.

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