El Banco Central elevó a 22% la expectativa de inflación para 2018

El aumento en el precio del dólar se traduce en más inflación por distintos canales. En Argentina, la incidencia promedio es de cuatro puntos de alza en el IPC frente a un aumento del dólar del 10 por ciento como el que se produjo esta semana.

Las devaluaciones en Argentina son acompañadas por aumentos en los precios. Un aumento en el valor del dólar se traduce en más inflación ya que se encarecen los alimentos, los insumos importados y el resto de los precios dolarizados como los combustibles. El impacto es directo sobre la capacidad de compra de los salarios. La regla es ineludible y no reconoce grietas. La inflación se aceleró con el salto cambiario de enero de 2014 durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y lo mismo sucedió tras la devaluación de finales de 2015 dispuesta por Mauricio Macri. Los investigadores del ITE de la Fundación Germán Abdala estiman que el traslado de una devaluación a los precios en el corto plazo es del 20 por ciento. Pero el impacto no se agota ahí ya que con los efectos indirectos el impacto esperado escala hasta 40 por ciento en un año. En otras palabras, una suba en el precio del dólar del 10 por ciento como la de esta semana suma 4 puntos porcentuales a la inflación a lo largo de los próximos cuatro trimestres. El Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM) que elabora el Banco Central informó que para abrirl la inflación esperada de 2018 serà del 22 por ciento, 2 puntos más de lo que habían previsto en marzo y 4,6 de lo que habían calculado en diciembre.

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Los economistas y académicos refieren al fenómeno con un anglicismo: el pass-through. El nivel es elevado en Argentina, mayor que para el resto de las economías latinoamericanas, pero la cifra final dependerá de distintos factores. Los precios internos aumentarán pero la intensidad quedará definida por cómo evolucione el tipo de cambio, la reacción de los salarios ante la pérdida del poder adquisitivo (el poder de negociación de los asalariados) y la existencia de mecanismos de indexación automática. Frente a una devaluación del 10 por ciento que, por ejemplo, lleva el dólar de 20 a 22 pesos en una semana la inflación sumará 2 puntos en el corto plazo por el impacto directo que tiene en los precios. Sobre esa inflación aumentada se montan en el mediano plazo los “efectos de segunda” vuelta como la activación de una cláusula gatillo prevista en una paritaria que, según estima el ITE, aportará otros 2 puntos a los precios.

A partir del recambio presidencial, el Banco Central se propuso “desarticular el pass-through”. Estaban convencidos que el objetivo estaba cerca pero como reflejaron los últimos comunicados e informes oficiales los funcionarios de la entidad (re)descubrieron la vigencia inflacionaria del canal cambiario. La revelación llegó ayer hasta la Secretaria de Comercio: “Subestimamos el pase de la devaluación a la inflación y subestimamos el impacto de las tarifas en la inflación general”, expresó el economista responsable de esa dependencia, Miguel Braun (ver aparte).

“El traspaso de una devaluación a los precios internos sigue siendo elevado. Las investigaciones académicas muestran que el pass through baja cuando el entorno inflacionario es más bajo y cuando hay reglas monetarias creíbles. Ninguna de esas dos condiciones se cumple en Argentina”, indicó a PáginaI12 el economista de Radar Consultora, Martín Alfie, para quien “aunque los precios no hayan mostrado una escalada como en devaluaciones anteriores hay que tener en cuenta que todavía no se agotaron los movimientos en el tipo de cambio y, por lo tanto, tampoco se terminó el pass through”.

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La evidencia internacional refleja que aquellos países con esquemas de metas de inflación consideraros exitosos el disiplinamiento en los precios internos llegó a través de la apreciación del tipo de cambio real (validada por las altas tasas de interes) y la liberalización comercial. La tasa de interés, el instrumento principal en esos regímenes, no alcanza para bajar la inflación. Los investigadores del ITE sostienen que la política antiinflacionaria ganará margen de maniobra si no existen ajustes significativos en las tarifas pero advierten que, incluso en ese escenario, persistirán dos factores que condicionarán una posible baja de la inflación: la pérdida de credibilidad del Banco Central y, fundamentalmente, la creciente fragilidad externa.

“Cuando hay una corrida cambiaria cualquier gobierno que no quiera controlar el mercado cambiario tiene tres medidas posibles para contrarrestarla y cada una tiene sus consecuencias: una es vender reservas, que expone financieramente al país, otra es convalidar una devaluación con su consiguiente impacto en precios, y la otra es subir la tasa de interés, que genera recesión. Lo insólito es que el gobierno está haciendo las tres cosas juntas, y vamos a tener los tres problemas: mayor vulnerabilidad externa, mayor inflación y recesión”, explicó el director del Observatorio de Coyuntura Económica y Políticas Públicas (OCEPP), Itai Hagman.

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