La participación del Estado en la renta del agro es la más baja de los últimos diez años. En junio, el índice fue del 65,8%, según un estudio de la Fundación para el Desarrollo Argentino (FADA). Son 27 puntos porcentuales menos que en el mismo mes del año pasado, cuando gobernaba el kirchnerismo y el índice era del 93,5%. Pero preocupa el aumento de los costos y el probable incremento de los arrendamientos a partir de la primavera.

Lo que esto implica es que cada 100 pesos que genera una hectárea de soja, maíz, trigo o girasol los distintos estamentos del Estado captan 65,80 pesos, a través de impuestos, tasas y derechos de exportación, que siguen vigentes en el caso de la soja (con un alícuota del 30%). La renta es el resultado económico que se obtiene al restar los costos de producción, de comercialización y de transporte.

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En diálogo con Clarín Rural, David Miazzo, coordinador de investigaciones de FADA, destacó el fuerte contraste con el año pasado. “En 2015 se llegó al pico histórico de presión tributaria al agro en una coyuntura de precios bajos de los granos y atraso cambiario, un contexto que achicó la rentabilidad”, explicó.

Ahora, en cambio, se da una paradoja: a pesar de que bajó la presión fiscal, el estado está recaudando más porque mejoró la ecuación del negocio -se hizo más grande la “torta” a repartir-, por el aumento de las cotizaciones, la correción del tipo de cambio y la eliminación de las retenciones.

Es que un productor en este momento está pagando, en promedio, $ 5.375 de impuestos por cada hectárea de su campo y el año pasado abonaba $ 3.230 (un 66% menos).

Hay que recordar que en el 2015 había cultivos que no pagaban Impuesto a las Ganancias, como el maíz o el trigo, por la delicada situación financiera en la que estaban por el peso de las retenciones, las restricciones para exportar y las intervenciones en la comercialización.

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Según los números de Miazzo, en la soja la participación del Estado en la renta ahora llega al 70%, en el trigo al 50% (con un resultado económico que duplica el de 2015) y en el maíz cayó a solo un 40%.

“Desde las medidas que tomó el Gobierno en diciembre, la rentabilidad del maíz duplica a la soja y es esperable un incremento del área maicera de al menos un millón y medio de hectáreas en esta campaña”, adelantó.

En relación a los costos, un tema que preocupa, el estudio detectó una suba interanual del 44,7%. La suba se concentra sobre todo en el aumento de las labores y el transporte, por el incremento de combustible. “Pero con insumos dolarizados hay algún riesgo de que si hay alguna devaluación en lo que resta del año, el 2016 cierre con un incremento de costos en el sector agrícola cercano al 50%”, advierte el estudio.

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Respecto de los arrendamientos, que habían bajado en los últimas campañas por la menor rentabilidad, FADA adelanta que con los números actuales es probable que se reacomoden los contratos con un aumento, en términos reales, del 20% al 30%, siempre de acuerdo a las zonas.

El estudio también analiza el impacto de las intensas lluvias del otoño, que inundaron parte de Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y el norte de Buenos Aires. “Se estima que cerca de un millón de hectáreas resultaron gravemente comprometidas, algunas de las cuales tardarán hasta 4 años en recuperarse”, concluyó Miazzo.

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