La reasignación de subsidios posibilitará un ahorro de entre 5000 y 13 mil millones. Pero la inversión social (para la reacción, el ”gasto público”) no adelgazará ni un centavo. La industria, por su parte, no se verá afectada en absoluto; todo lo contrario.

Los planes de ajuste –que no fueron creación de los gobiernos argentinos entre 1976-2003 sino de los despachos del Departamento de Estado, el FMI y las grandes corporaciones financieras internacionales– tuvieron y tienen como objetivo una permanente sangría financiera, objetivo pensado en última instancia para reducir a cenizas el endeble perfil productivo industrial de los países ”rescatados” (sean de la periferia latinoamericana como asiática o europea).

Pero nada de esto sucedió ni sucede en la Argentina del Bicentenario. La realidad nacional echa por tierra la zoncera del ”ajuste ortodoxo”, esgrimida por la reacción política y mediática. ¿Ajuste? En la primera parte de esta nota realizamos un breve repaso a las políticas económicas entre 1976 y el lanzamiento del Australito en octubre de 1987. Sigamos.

Reunión secreta Alfonsín-FMI. En octubre de 1987, el gobierno de Raúl Alfonsín hizo caso omiso a la sostenida decadencia de las clases populares y avanzó con un nuevo programa de ajuste, el ”Australito”. A fines del mismo año, Machinea y Sourrouille viajaron a Washington para pedir al FMI aliviar las exigencias sobre la pauta fiscal. Pedido denegado. El presidente argentino se reunió en enero de 1988, en Madrid, con el número uno del Fondo. Dado lo impopular de la promesa del mandatario radical de reducir el déficit público al 2% (contra el 4,5% que original e infructuosamente se había pedido mantener), la reunión se mantuvo en secreto (ver detalles en The Argentine Drama: A View from the IMF Board, de Beaufort Wijnholds). A propósito, James Boughton en su libro Silent Revolution: The International Monetary Fund 1979–1989 (editorial del FMI) afirma que Alfonsín incluso se había comprometido a divulgar a la prensa como cifra acordada un 2,7% (en lugar del 2%).

Apertura económica, privatizaciones y regresión del ingreso. Las medidas de ajuste de 1988 se centraron en un paquete tributario de suba generalizada de impuestos, restricción de la emisión monetaria y limitación de subsidios estatales. El Tesoro dejaría de financiar a empresas públicas, provincias y a la seguridad social, obligándoselas a financiarse en el mercado de capitales local y/o extranjero. El ministro de Economía bajó línea pues a Rodolfo Terragno, ministro de Obras Públicas. Se lanzó el Plan Houston en materia petrolera, el cual implicaba una alineación de los precios domésticos a los internacionales. El Estado se hacía cargo de los intereses de las deudas de las principales petroleras privadas. Se intentaron privatizar Ferrocarriles Argentinos, SOMISA, Aerolíneas Argentinas, Entel y Fabricaciones Militares, en línea con el desmantelamiento de las FF AA iniciada en 1984. Se privatizaron: Austral Líneas Aéreas, el transporte aéreo interprovincial y la telefonía celular. Los ajustes y las reformas, no obstante, lejos estaban de satisfacer a los norteños conductores de la política económica argentina. La apertura comercial indiscriminada –según lo pactado en el memorando con el FMI– resultaba insuficiente. Entre mayo y agosto, la inflación fue del 119%, el tipo de cambio se devaluó en un 95%, las tarifas públicas subieron un 144% y los salarios un 78 por ciento.

El Plan Primavera. En junio de 1988, la misión del FMI consideró incumplidos los objetivos fiscales. Hacía falta apretar el torniquete muchísimo más. El 3 de agosto se lanzó el Plan Primavera. Buena parte del mismo había sido definido por Alfonsín y Camdessus en la reunión secreta de Madrid. Sintetizando, el nuevo plan de ajuste se proponía: devaluación (11,5%), aumento de las tarifas públicas (4% mensual), liberación del segmento financiero, caída del salario real del 50%, contracción de la demanda agregada (Brenta. Ob. Cit.). La recesión se profundizó, o en otras palabras, el programa de ajuste fue todo un éxito. Pero el éxito apenas duró unos pocos meses. En febrero de 1989 se perdieron

2000 millones de reservas en un día. Los precios se desbordaron. El pueblo al borde del abismo se manifestó en las calles, como habría de hacerlo casi una década más tarde, en 2001 y ante otro gobierno radical. La represión y muerte se abrieron paso. Alfonsín no huyó en helicóptero, pero renunció igual. La participación de los asalariados en el ingreso pasó del 43% en 1974, al 27% en 1988 y al 20% en 1989.

La desconocida (e ignorada) advertencia de Edwin Yeo. En su libro La Simulación- Argentina y el FMI: dos décadas de mentiras y autoengaños, Rodolfo Terragno relata una anécdota más que fundamental a aquellos tiempos, clave a su vez para comprender la responsabilidad del alfonsinismo en los próximos doce años infames, hasta mayo de 2003. En calidad de ministro, el autor del libro recibió una comunicación de Edwin Yeo, asesor del Banco Central de EE.UU., en octubre de 1988. Se trataba en realidad de una advertencia. El ministro radical estaba siendo informado del plan denominado ”Public Choise”, plan urdido en Washington (el Tesoro, el FMI y el Citibank) destinado a que el principal acreedor de la Argentina en 1989 -por cierto, el Citibank- se hiciera con las empresas públicas y las industrias más rentables del país. Yeo le informó a Terragno que el subsecretario del Tesoro, David Mulford, se proponía presionar hasta las últimas consecuencias de tal manera de llegar a la siguiente fórmula de pago de la deuda: industrias y empresas de servicios públicos. Transcribimos las notas de Terragno en relación a las conversaciones mantenidas con Yeo y sus advertencias: ”Mulford trabajó siempre para los árabes. A fines de los 60 ya era asesor de la SAMA (Saudí Arabian Monetary Agency-banco central saudita). Mulford es el nexo con dictaduras y gobiernos corruptos en América Latina y otras partes del mundo. Les hace prestar todos los dólares que quieran sin garantías. Los gobiernos reciben los que Uds. llaman plata dulce. Los banqueros saben que no van a recuperar capital, pero no les importa. El objetivo de ellos = cobrarse en especie. Ahora están quedando al descubierto. Ahí lo tiene a Rhodes, persiguiéndolos a Uds.; y a Mulford dándole apoyo a Rhodes desde el Tesoro. Ellos quieren que los países deudores conviertan su deuda en bonos. Y los van a ayudar a Uds. a colocar los bonos argentinos en fondos de inversión, que manejan la plata de pequeños ahorristas diseminados en todo el mundo. Cuando llegue el momento de pagar, y no puedan, ¿cómo van a hacer Uds. para renegociar con millones de ahorristas dispersos por todo el mundo? No van a poder. Entonces les dirán: paguen con acciones. Para resolver el problema de la deuda Uds. tendrán que entregar hasta la última empresa pública. Y no solo eso: los obligarán a que abran de golpe el mercado interno. La industria argentina no lo resistirá y ellos se quedarán también con empresas privadas… El Citi compra títulos de la deuda argentina a 15 [años] y después, cuando quiera quedarse con una empresa argentina les va a dar a Uds. esos mismos bonos como si valieran 100. Además, ellos quieren transformar créditos en bonos al portador. ¿Por qué? Para facilitar la compra de las empresas a precio vil. O Uds. reaccionan, o esta gente se va a quedar con toda la Argentina.”

¡Vamos por todo! La historia no absolverá al alfonsinismo, que no sólo no reaccionó sino que entregó a la Nación y a su pueblo servidos en bandeja de oro al imperialismo que venía por todo. Yeo ofreció un plan alternativo que fue rechazado por el presidente del Banco Central, José Luis Machinea (luego ministro de Economía de Fernando de la Rúa, entre diciembre de 1999 y marzo de 2000, sucedido a su vez por López Murphy). Los ajustes de la década del ochenta habían cumplido sus objetivos; la administración en el gobierno también. El FMI –el ”banco” para una Argentina pastoril y rentística– en su apogeo, presto para la Convertibilidad y el saqueo más espantoso del que el pueblo argentino tenga memoria.

{jathumbnail off}

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here