¿Cuándo y cuánto bajarán los combustibles en la Argentina, algo que está ocurriendo en muchos países debido al derrumbe del precio internacional del petróleo? El ministro de Economía, Axel Kicillof, le saca filo a su ingenio desde hace días para buscar alternativas que le permitan llevar al negocio petrolero a un lugar más cercano a lo que Cristina Kirchner llamó ”maravilloso eufemismo”, es decir, el mercado.

Kicillof tiene definidos los lineamientos de una resolución que se conocerá en los próximos días. Contempla que el precio local del crudo oscile según las variaciones del barril Brent, que identifica al petróleo del Mar del Norte y se usa en Europa. El objetivo es que bajen los precios de las naftas y del gasoil, que subieron 55% en los últimos 12 meses y siguen firmes pese a la caída del crudo. Según cálculos oficiales, el plan que se analiza permitiría una reducción inicial de 5 a 7%. Lo que pase luego dependerá en parte de la marcha del mercado internacional.

Los cambios son producto de una paradoja. Mientras el petróleo se desplomó en el mundo, se mantuvo en la Argentina. Ayer, el WTI, de Estados Unidos, cerró a US$ 54,11. En el país, un producto similar cuesta 55% más.

Por eso, mientras los automovilistas de Chile y Uruguay, por ejemplo, se beneficiaron con bajas en los combustibles, los argentinos, no.

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Para facilitar el abaratamiento de las naftas y del gasoil, Kicillof prepara una reforma integral que incluye puntos que, hasta hace pocas semanas, hubieran sido impensables dentro de la lógica kirchnerista. Entre ellos, un conjunto de medidas para favorecer a las compañías petroleras, como la eliminación de las retenciones a la exportación de determinados tipos de petróleo cuando el crudo esté por debajo de cierto precio (se habla de 60 dólares por barril, con lo cual hoy se quitarían esos impuestos) y para otros derivados del crudo que son excedentes en el país, como el fueloil, la nafta virgen y solventes. Su intención es que el menor precio no afecte la generación de caja de las petroleras, en especial la de YPF.

El jefe de Economía está dispuesto incluso a hacer algunos esfuerzos fiscales y disminuir el impuesto a la transferencia de combustibles. Todo un gesto de Kicillof, ya que los combustibles fueron históricamente un ámbito que los gobiernos eligieron para recaudar, algo que llevó a que aproximadamente la mitad del precio de las naftas y el gasoil corresponda a tributos.

El Gobierno parece, sin embargo, haber hecho las cuentas. Mientras resigna recursos por la reducción de derechos de exportación y otros impuestos, obtiene un beneficio por la caída en los precios internacionales de los combustibles que importa la Argentina. Según la consultora Elypsis, el país podría ahorrar este año nada menos que 2700 millones de dólares por el traspié de los valores internacionales del crudo, que se extienden, más tarde o más temprano, al de sus derivados.

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Kicillof se reunió el martes pasado con el presidente de YPF, Miguel Galuccio, para avanzar en el tema. Ambos llegaron a un acuerdo: el precio del petróleo Medanito (propio de Neuquén y de los que mejor rinden en las refinerías locales) debe bajar hasta un nivel que permita facilitar una baja en los precios a los consumidores, pero sin dañar las inversiones de la empresa estatal y del resto de la industria. Por lo que el petróleo neuquino quedará por debajo de los 84 dólares el barril, pero por encima de los US$ 59,27 a los que cerró ayer el Brent (ver aparte), que funcionará como nueva referencia para el mercado doméstico.

El petróleo es el principal insumo de las refinadoras de combustibles, como Shell, Axion (ex Esso), Petrobras y la propia petrolera estatal. Explica cerca de un 80% de los costos de la producción de combustibles. Pero una baja en el valor local del petróleo es un arma de doble filo para el Gobierno. El rédito político y económico que puede obtener por la baja en los combustibles se contrapone con una mala señal para los inversores encargados de buscar y extraer crudo en el país, cuya producción está en caída desde hace años.

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Los empresarios del sector suelen hacer una cuenta sencilla. A mayor precio, más proyectos entran en la órbita de los factibles. Por lo que una caída en los valores reduce el espectro. De hecho, cuando YPF y Chevron analizaron los números del emprendimiento en conjunto que tienen en Vaca Muerta, tuvieron en cuenta un precio internacional por encima de los 80 dólares el barril.

Aunque parcial y con estilo propio, el plan oficial implica un intento del Gobierno por alinear los precios del petróleo en el mercado interno con las referencias internacionales. Sucede que, tras años de intervención, los precios locales del petróleo quedaron divorciados de la cotización mundial, algo que engendró paradojas. En noviembre de 2007, por ejemplo, el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, promovió una resolución que fijó el valor del crudo para el mercado interno en 42 dólares. La norma les impidió a las petroleras disfrutar del precio récord del petróleo, que en junio de 2008 alcanzó los US$ 143, mientras que ahora ocurre lo inverso.

Fuente: La Nación

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