Tevez no tiene cerebro

Si Tevez pensara, si se sentara un instante a reflexionar diría que no. Si el tipo entendiera que jugando al fútbol en cualquier otra parte del mundo que no sea nuestro país ganaría el quíntuple de lo que ganará acá, diría que no. Para entender su accionar, hay que comprender una sola cosa: Tevez piensa con el corazón y no con la cabeza.

Vos que estás leyendo, agarrá un mapa. Elegí un país, el que quieras. En la liga de ese país que acabas de elegir a Tevez lo recibirían con las puertas abiertas. El tipo puede elegir jugar en el país del mundo en el que desee y sin embargo elige una liga averiada y desdibujada como la nuestra. El tipo bien podría quedarse donde está, en su mansión en Turín jugando un año más y así le garantizaría una vida digna a diez generaciones de Tevez. Pero no.

En el mejor momento de su carrera: habiendo ganado la liga de Italia, la copa de Italia y siendo finalista del torneo más importante de Europa, Tevez pega el portazo. Resigna millones. Cierra la puerta del dinero, de la opulencia y de los lujos y abre la de los sueños.

Tevez no existe, lo que hace Tevez no existe. El panadero de la esquina no pide recuperar su viejo trabajo en una fábrica a la cual extraña, simplemente porque en la panadería gana más. Al cerrajero de la zona no le interesa si lo llaman de su viejo empleo al cual desea volver profundamente, porque arreglando cerraduras gana más. Al kioskero de la cuadra, no le importa si su tía Berta le dice que lo necesitan de nuevo en el bar en donde trabajó toda la vida, porque dando el vuelto en caramelos gana más. Lo que hace Tevez no lo hace nadie. No se corresponde con la lógica. Un tipo no deja su oficio por otro que desea porque sí. En el capitalismo uno no resigna el dinero por los sueños.

Tevez es un fuera de serie. Es el tercer gol de Diego a los ingleses en 1986, es la atajada de Romero a Götze sobre la hora para ganar en los penales el mundial en Brasil y es el puesto número 1 de Vilas en la década del 70: no existe. Lo que hace Tevez, al igual que todos estos hechos, no existe. No se ha visto jamás y carece de sentido común.

Sumérjanse en el archivo y revisen los diarios encontrarán de todo, pero no ésto. No hay antecedente en la historia de un gesto de tal magnitud. De la noche a la mañana uno no deja su mansión en Europa y sus millones de euros para mudarse a una casa en Buenos Aires por un sueldo en pesos.

Estoy convencido de que Tevez se equivocó de época o se escapó del libreto de alguna novela. Los jugadores seguían sus sueños en el amateurismo cuando el fútbol no era un oficio sino un hobby, no en estos tiempos en donde la pasión se esfumó y el negocio lo es todo.

La única manera de entender a Tevez y su accionar descomunal es comprender que él no entiende. Él no piensa. No tiene cerebro ni le interesa tenerlo. Es pasión, es corazón. Dirán sus palmarés que ganó el Brasileirao con el Corinthians, que salvó al West Ham de perder la categoría, que fue multicampeón en la ciudad de Manchester y que alzó 4 títulos con Juventus pero no tiene cerebro. Tevez dejó su corazón en el barrio de la Boca y ahora lo va a buscar. La cabeza no actúa si no hay corazón, el cerebro no funciona si el pecho no siente el latido. Y ahí va él, a ponerse la primera camiseta que usó en su vida y probablemente también la última.

Podría haber elegido otra manera de volver; tal vez en unos años lesionado por tantas patadas y cansado de tanto fútbol, pero no. En el mejor momento de su vida, porque así se vuelve al lugar donde uno ama, entero para devolver todas las satisfacciones recibidas. Es la vuelta a casa.

A la mierda los millones y a la mierda la reputación. A este mundo le hace falta más gente como vos Carlitos, que lo resigne todo por sus sueños y que piense menos con la cabeza y más con el corazón.

Por @federacchi

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