San Lorenzo vive un clima difícil

San Lorenzo dio otro paso más en su autodestrucción progresiva. Juan Antonio Pizzi decidió dejar el club 13 partidos después de haber asumido como garantía de estabilidad. No alcanzó para sostenerlo el recuerdo de su buena gestión deportiva entre 2012 y 2013, sentando bases para el posterior equipo campeón de América. Tampoco el otoñito caluroso -no llegó ni a veranito- de las primeras fechas del campeonato. Perdió cinco de los últimos seis partidos y chau. Aunque, a diferencia del axioma que indica que un técnico que se va descomprime y, por consiguiente, oxigena, darle el buzo a otro poco solucionará si los problemas de raíz no son solucionados a tiempo.

La sensación de piloto automático, negada por la dirigencia pero ciertamente instalada; el tufillo político; las presencias incómodas en la platea durante el partido ante Defensa… San Lorenzo vive un poco común clima enrarecido y hasta parece futbolísticamente dejado aun cuando invirtió y mucho para re perfilarse luego de un año y medio de mediocridad probada. Acarrea psicológicamente, en parte, la baja autoestima de los dos ciclos previos a Juan Antonio.Primero, el de Claudio Biaggio, ratificado sólo por los resultados, sostenido hasta que fue muy tarde. Luego, el de Jorge Almirón, un técnico reconocido al que todos hubieran llamado, pero a quien le ficharon futbolistas desconocidos -pedidos, aunque como plan X, Y y Z- a los que nadie hubiese imaginado discarles si se hubiese observado un video de YouTube. El resultado del declive: el promedio, en la próxima temporada, será nuevamente un problema.​ Sin embargo, también está pagando la escasez de líderes (sólo Fabricio Coloccini está a la altura del rol), como supieron haber en los planteles más exitosos de la última década.

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No alcanzó, por el momento, el doble fichaje estelar de Oscar y Ángel Romero, ni las apuestas por Lucas Menossi y Juan Ramírez. Tampoco ha funcionado, al menos hasta hoy, el regreso de Ezequiel Cerutti, ni el fichaje de Santiago Vergini. Sólo Bruno Pittón ha dado más de lo que se hubiera esperado en goles de él. Sin embargo, tampoco han logrado dar la talla Navarro, ni Blandi, ni Belluschi, todos referentes. Urge, entonces, una decisión firme que encamine el futuro deportivo. Una que -ya sin entrenador- deberán tomar Matías Lammens y Marcelo Tinelli, quienes mayor espalda tienen por lo logrado entre 2012 y 2016, incluso a pesar del descontento actual. Elegir el técnico idóneo, entender hasta dónde debe profundizarse la renovación -aunque duela- y devolverle a San Lorenzo ese lugar de privilegio que, hasta no hace mucho, parecía tener en el fútbol argentino y sudamericano.

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