El sueño de clasificación del ”Ciclón” se empezó a transformar rápidamente en pesadilla, ya que sobre la media hora del primer tiempo ganaba San Pablo en el Morumbí sobre Corinthians, el líder ”apriorístico” del grupo, que encima jugaba con un hombre menos desde 10 minutos antes por la expulsión de Emerson.

Esto pareció influir negativamente en el rendimiento del equipo ”azulgrana”, que no potenciaba su evidente superioridad sobre los uruguayos pese al aliento multitudinario que bajaba de las colmadas tribunas del Nuevo Gasómetro.

El instinto, las presunciones y las sensaciones del futbolero de ley suelen tener más certezas que las propias estadísticas, y conociendo la ”estadualidad” existente en Brasil, que dos equipos paulistas pasaran a octavos en la misma zona dejando afuera a un equipo argentino que además es el campeón vigente, era una circunstancia más que probable.

Por eso la gente alentó más desde el estoicismo y el agradecimiento a este grupo de jugadores y cuerpo técnico que le dio la primera Libertadores de su historia, que desde el convencimiento de que el camino espinoso podía volverse accesible a la siguiente ronda.

Y así, conforme llegaban noticias desde Brasil sobre una segunda conquista ”corinthiana” antes de los 40 minutos del primer tiempo, la resignación invadió a todos los ”cuervos” que veían como sus ilusiones habían tenido un vuelo muy corto.

Es que Corinthians, convirtiendo uno o hasta dos goles, debía cruzarse en octavos con Atlético Mineiro, mientras que si las cosas quedaban como estaban, tendrían como rival al mucho más accesible Guaraní, de Paraguay.

Por eso no era muy complicado conjeturar que la historia estaba echada prematuramente y así lo hacían saber los propios futbolistas que supieron de paradas heroicas en la edición anterior, cuando llegaron al título después de dejar en el camino como visitantes a otros brasileños como Cruzeiro y Gremio.

Danubio llegó a este partido sin puntos en su haber, con apenas tres goles a favor y la friolera de 14 en contra, pero la victoria holgada que necesitaba el ”Ciclón” (4-0) si Corinthians y San Pablo igualaban en el Morumbí, terminó transformándose en una utopía para este San Lorenzo que pareció vencido de antemano.

Y así languideció hasta el epílogo, que a los 43 minutos del segundo período se transformó en victoria uruguaya por un cabezazo goleador del ingresado Agustín Viana.

Se terminó entonces el transcurrir sanlorencista en la Libertadores, que le fue secularmente esquiva y para la que ahora deberá clasificarse si quiere volver a disputarla.

El final no lo tuvo ni a su máximo referente dirigencial, Marcelo Tinelli, presente en el estadio. Como una extensión de esa impresión inicial de ciclo copero cumplido.
Telam

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