Rusia parece ya completamente preparada para organizar el Mundial de 2018, para lo que quedan apenas ocho meses. Pinceladas de un país con distintas realidades, en donde la organización esta asegurada. La nota del periodistas Sergio Levinsky, enviado especial del grupo Jornada a Rusia 2018.

Por Sergio Levinsky
@sergiole – www.sergiol-nimasnimenos.blogspot.

La pasada Copa de las Confederaciones que ganó (una vez más) Alemania, hace apenas tres meses, no tiene demasiados parecidos con la que se jugó cuatro años atrás en Brasil. En este caso, el Comité Organizador del Mundial del año que viene en Rusia no recibió ningún apercibimiento de la FIFA por las obras inconclusas en los estadios o por cuestiones de infraestructura ni quejas por las demoras o por el caos institucional. Nada de eso.

Rusia parece ya completamente preparada para organizar el Mundial de 2018, para lo que quedan apenas ocho meses. La mayoría de los estadios están terminados, el sistema de transportes es descomunal, la hotelería tiene suficiente capacidad para albergar a miles de turistas y las atracciones para las visitas son de las más variadas.

No se trata de un país sino, verdaderamente, de un continente en sí mismo. Con 17.100.000 kilómetros cuadrados, doce mares, abarcando parte de los océanos Atlántico y Pacífico y hasta el Glaciar Artico, Rusia ocupa la octava parte de la superficie del planeta, con los Urales y el Cáucaso, los bosques siberianos, el lago Baikal (el más profundo de la tierra) y el Río Volga (el más largo de Europa), con ciudades que tienen hasta once husos horarios diferentes, por lo que mientras hay quienes cenan en Vladivostok, también hay quienes se están levantando por la mañana en Kalingrado.

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Si Brasil ofrecía una extensión muy amplia para desplazarse de un lugar a otro, lo de Rusia puede ser aún mucho más complicado y si bien atravesarla por completo, por ejemplo de un partido a otro, puede significar la necesidad de un avión, también hay un sistema de trenes con muchas ofertas, pero básicamente una gran idea que cumple varias funciones: la del “ID Fan”.

Ya utilizado en la Copa Confederaciones, el “ID Fan” es un sistema implementado por el Comité Organizador, que continuará en el Mundial, y que consiste en que todos aquellos hinchas que tengan entradas adquiridas para los partidos podrán registrarse en una web oficial del torneo, y eso les permitirá utilizar gratis el sistema de trenes (hasta acabar las plazas, aunque seguramente volverán a colocar viajes extras), y de paso, todos tendrán colgando una especie de acreditación que los certifica como hinchas (Fans) en el torneo.

Claro que de esta forma, también el país consigue, en una época dificultosa para la seguridad, un seguimiento de cada uno de los turistas ingresados durante el tiempo del certamen. Rusia no es un país fácil. Ha cambiado ya dos veces de sistema en un siglo, desde los primeros tiempos del imperio, pasando por la Revolución desde 1917, hasta la partición de la Unión Soviética a principios de los noventa, y su sociedad tuvo que adaptarse a los cambios, especialmente a éste último.

Esto se nota en las distintas miradas, de acuerdo con las generaciones con las que nos podemos llegar a encontrar. Los mayores de treinta años fueron criados en un ámbito más cerrado, con menos contacto con el mundo occidental y eso se nota hasta en el idioma. Los más jóvenes hablan en inglés en su mayoría, pero esto es casi imposible entre los de mediana edad hacia arriba y allí todo se puede complicar. Rusia es un país con todos los servicios. Es claro que los que viven allí tienen acceso a casi todo, pero no es tan fácil para los que vienen desde afuera. Un buen ejemplo es el uso del metro en Moscú, acaso uno de los mejores del mundo por calidad, frecuencia y hasta por la arquitectura porque muchas de sus estaciones son verdaderos palacios y con monumentos de una estética asombrosa (como Teatralnaya, la de la Plaza Roja, en la que la gente se detiene para tocar el hocico de un perro en estatua para besar la mano como símbolo de suerte).

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Sin embargo, es muy factible perderse en una red de metro tan enorme y con tantos pasillos y escaleras mecánicas porque todas las indicaciones están en ruso, y por lo tanto, escritas en letras de alfabeto cirílico. Apenas en los vagones, y por una pequeña pantalla, aparecerá un par de veces en inglés la próxima estación pero por eso mismo la recomendación es llevar siempre a mano un mapa con las estaciones en letras latinas.

Toda la red de metro cuenta con wifi, pero claro, para acceder a la red, como está sponsoreada (auspiciada por alguna marca), para llegar al servicio hay que atravesar varios pasos, y todas esas indicaciones están en ruso. Entonces, hay que tratar de memorizar esos pasos en base a los colores o las imágenes.

Con 146 millones de habitantes, de cuarenta nacionalidades y grupos étnicos diferentes y más de cien lenguas, no es difícil colegir que Rusia sea un país con una enorme burocracia. Esto se nota mucho en la papelería. Hay que prepararse y armarse de paciencia porque cada trámite puede llevar demasiado tiempo, entre sellos, fotocopias y llamados telefónicos, aunque al final, todo se termina resolviendo.

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Una recomendación importante es la de tener siempre a mano rublos, la moneda local, porque se trabaja poco con billetes foráneos y esto puede llegar a ser grave en los fines de semana, cuando hay pocos lugares para cambiar. También hay que tener en cuenta, al viajar, el uso de las tarjetas de crédito porque en casi ningún lado aceptan la American Express, en cambio sí la Visa o la Mastercard.

Salvo que por el acontecimiento que significa el Mundial, seguramente los precios no subirán demasiado y pueden ubicarse en un lugar intermedio, parecidos a los valores de España. Desde lo cultural, es mucho lo que el país puede ofrecer. Desde los distintos Kremlin, todo el circuito ex soviético, hasta los distintos monumentos de épocas completamente diferentes en un contexto de un lugar que dio veinte premios Nobel con poetas como Boris Pasternak o Joseph Brodsky, compositores como Peter Tchaikovsky, Sergei Rachmaninov o Dimitri Shostakovich, escritores como León Tolstoi, Fiodor Dostoievsky o Antón Chejov, o teatros de reconocida fama mundial como el Bolshoi de Moscú o el Marinsky de San Petersburgo.

Los que tienen previsto recorrer Rusia durante el próximo Mundial de 2018 tienen que saber que entre el partido inaugural del 14 de junio y la final del 15 de julio, en ambos casos en Moscú, tendrán la posibilidad de vivir una aventura fascinante, con ciudades completamente distintas y con una tremenda riqueza geográfica y cultural, y nada menos que en el contexto de la máxima cita del fútbol internacional.

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