La gloria reciente está representada en el anillo interno del Monumental. Entre esas paredes históricas, redecoradas tras la conquista de la Copa Sudamericana, están Fernando Cavenaghi, Carlos Sánchez, Ariel Rojas, Germán Pezzella, Teófilo Gutiérrez, Ramiro Funes Mori y Matías Kranevitter. Los mismos, en definitiva, que ganaron la Libertadores después de 19 años. Sin embargo, ninguno de ellos ya se ducha en el vestuario Angel Labruna. Subsisten Marcelo Barovero y Lionel Vangioni, pero ya se sabe que partirán en junio. Y nadie puede garantizar que terminará la sangría. Como tampoco si seguirá Marcelo Gallardo, el técnico que volvió a hacer brillar a la banda roja, en el caso de que el equipo no logre sostener su corona continental más allá de mitad de año.

Así está River, jaqueado por una crisis impensada. Con un plantel diezmado, con futbolistas que extraña horrores y, en la mayoría de las situaciones, no dejaron un peso en la tesorería del club. Con refuerzos que demostraron no estar a la altura de la prestigiosa camiseta. Y un entrenador que reúne el crédito de los dirigentes y casi todos los hinchas, pero que no consiguió reinventar al campeón de América.

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Y aunque River tiene todas las posibilidades de clasificarse a los octavos de final de la Libertadores porque está ubicado en el segundo lugar en el Grupo 1 (San Pablo está tres puntos debajo) y recibirá a The Strongest y Trujillanos, en el campeonato doméstico da pena.

Los números son tan negros como indiscutibles. Se estacionó en el undécimo puesto de una zona de 15 clubes. De los últimos 21 partidos por torneos locales, sumó 21 puntos. Hace media docena de partidos que no gana. Y genera interrogantes, claro. ¿Quién es el máximo responsable? ¿El técnico, que supo armar un equipo legendario pero falló en la selección de los refuerzos y pega manotazos tácticos? ¿El Departamento de Fútbol Profesional que encabezan el manager Enzo Francescoli y el vicepresidente segundo, Matías Patanian, que no logró retener a los futbolistas más aptos? ¿Los futbolistas que, por momentos, parecen haberse olvidado de jugar?

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Rodolfo D’Onofrio salió a calmar las aguas que se volvieron turbias en Udaondo y Figueroa Alcorta. “No tengo preocupación, creo en los jugadores y el cuerpo técnico. Se está trabajando y en algún momento aflorará el River que siempre vimos”. Y bajó un mensaje para el plantel: “Espero que el miércoles haya una reacción adecuada”.

El presidente, en FM Late, bancó al entrenador: “No tengo indicios de que Gallardo se vaya en junio. Estamos planificando el futuro junto a él. El apoyo es total. No conozco a ningún hincha que ponga en duda su trabajo. El que lo hace, no entiende nada”. Es cierto. D’Onofrio sostendrá a capa y espada al Muñeco, quien renovó su contrato hasta diciembre de 2017, justo cuando termina el mandato de la actual Comisión Directiva. El tema es qué hará el propio Gallardo si el equipo no levanta. En su entorno deslizaron que su continuidad estaría atada al futuro de River en la Libertadores. Y ayer Francescoli deslizó en La Red: “Marcelo va a seguir un tiempo más en el club”.

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¿Cuánto? Dependerá de los resultados y del progreso de los jugadores. Porque el laureado entrenador tiene claro que en junio se irán Barovero y Vangioni, y tendrá que limpiar a algunos jugadores. Nicolás Bertolo (volvió a quedar afuera de los concentrados), Camilo Mayada, Tabaré Viudez y Lucho González podrían salir. Pity Martínez, si aparece una oferta, sería negociado. Además, en julio se moverá el mercado de los entrenadores en Europa. Y no son pocos los que creen que vendrán por Gallardo.

“Estamos jugando a velocidad crucero y no alcanza”, dijo el Muñeco en Paraná. El vuelo de River es muy raso. Las lesiones perjudicaron la labor del técnico: nueve jugadores sufrieron dolencias musculares. Gallardo cambió de esquema sin soluciones. El 4-2-3-1 del verano fue efímero. Siguió con un 4-1-3-2, pero terminó recurriendo al 4-4-2 que dio frutos en 2015. Así y todo, la banda roja está opaca. Mucho más, si se la pone de frente a esos murales de campeones ausentes, espejos de tantas satisfacciones.

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