Qué busca Sampaoli con el equipo más agresivo de la historia

Fazio y Mammana en el fondo. Biglia como único eslabón intermedio y el resto al ataque. ¿Qué busca Jorge Sampaoli con la formación más ofensiva de la historia? El dibujo podría ser. ¿2-3-4-1? El técnico prometió ‘protagonismo desmedido’, es cierto, pero ¿enloqueció? Un entrenador no es mejor por sus resultados ni por su estilo o modelo. Lo que tiene valor es la convicción del proyecto y el desarrollo de la idea. “Entiendo el fútbol de una única manera: presión constante, jugar en el campo rival y dominar la pelota”, les repite Sampaoli. Y contra Singapur y todas sus licencias se permitiría enfatizar ese pensamiento. Casi hasta la exageración.

Salvio, Acuña, Papu Gómez, Lanzini, Dybala, Di María y Joaquín Correa. Desde las intenciones puede ser muy agresiva esa formación, aunque no haya un delantero definido y sí muchos volantes mixtos. Sostener una idea de ataque exige variantes para contar con el factor sorpresa como aliado. Sampaoli buscará en Singapur subrayar un concepto vital para él: amplitud para ganar en profundidad. No comprimir el juego, sino liberarlo buscando a los hombres libres. Creando espacios desde la posesión, ensanchando la cancha, apostando por los espacios vacíos y encontrando al compañero allí. Conseguirlo con una armoniosa mecánica será más trascendente que los tres, cuatro o seis goles que seguramente convertirá la selección argentina ante un rival que se reducirá al papel de partenaire.

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Ya Marcelo Bielsa un par de veces apostó por dos zagueros en la selección. Ambas, en 2004. Y ambas, contra Ecuador, y en partidos oficiales. Apenas Ayala y Heinze atrás. Naturalmente, no hay garantías: ganó 1-0 y 6-1, sensaciones extremas. Pero esta puesta en escena va aún más allá. Podría parecer una provocación, pero parte de un líder que propone rebeldía, innovación y atrevimiento, y analizará cómo responden los jugadores.

Para Sampaoli, el fútbol es movimiento, desplazamiento. Para él hay que estar siempre corriendo. A cualquier jugador, y en cualquier circunstancia, le encuentra un motivo para que esté corriendo. Atacar siempre demanda mucha dinámica y generosidad, porque en varias jugadas alguien tiene que lanzarse hacia un lugar donde probablemente la pelota nunca irá. Aparecen las emociones y entonces ya no sólo se trata de táctica.

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