Messi es el mejor jugador del mundo. No hay discusión. Por lejos, ya que hoy en día es difícil decir cuál es el segundo. Por concepto de juego, quizá puedan entrar en la pelea Xavi o Iniesta, aunque por resolución, Leo es inigualable.

Messi no juega en la Selección como en el Barcelona. Tampoco se discute. Sin embargo, el análisis no puede ser tan simplista de acabar ahí. Porque los compañeros de Messi no son los mismos. Y porque, obviedad gigante pero necesaria, los compañeros son fundamentales.

Messi no se pone la Selección al hombro. Claro que no, porque ésa no es su naturaleza. Messi tampoco se pone al Barcelona al hombro. Dani Alves se pone al Barcelona al hombro con los surcos que deja por la banda derecha (nada que ver a lo que hacen los laterales argentinos). Se lo pone Busquets tocando todas las pelotas de primera (nada que ver a lo que hace Mascherano). Se lo pone Xavi tejiendo el fútbol hasta volver locos a los adversarios (nada que ver a Banega). Se lo pone Iniesta apareciendo por cualquier lado (nada que ver a Cambiasso). Y se lo pone Messi para, una vez que sus compañeros llevaron la pelota de un lado al otro las veces necesarias, culminar las jugadas. Es decir: al Barcelona no se lo pone al hombro un jugador. Es el equipo mismo. Entonces, comparar una cosa con la otra, no tiene ningún sentido.

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Pero que Messi sea el mejor del mundo, el goleador de la Champions League, el mayor asistidor de la Liga de España o el Balón de Oro, no implica que esté mal decir que contra Bolivia jugó relativamente bien en el primer tiempo y desapareció en el segundo o que contra Colombia apenas se lo vio para darle un gran pase a Lavezzi. Que juegue bien menos, regular o mal un partido o diez no puede cambiar el concepto sobre Messi. Ahora, decir que Messi no jugó como él puede, no es una herejía. Ni tampoco marcar que hace 14 partidos oficiales que no mete un gol con la Selección.

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Ser Messi, además, tiene una carga extra. Como en la cancha arrastra todas las marcas, afuera pasa lo mismo. ¿Cuántas críticas se escucharon a Milito y Burdisso, dos grandes asistidores de… los colombianos? ¿Cuántas críticas se escucharon a Mascherano, que tuvo licencia para pegar y no vio ni la amarilla? ¿Cuántas críticas se escucharon para Lavezzi y Tevez, chocadores y morfones? Algunas, pero nada que ver con las que recibió Messi. Así son las reglas del juego, lamentablemente para Leo. Sin dudas, estas semanas de Selección le permitirán aprender una nueva materia para su carrera.

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Lo que no se puede decir es que Messi es un antiargentino y que no le importa la Selección. Semejante afirmación no merece ningún análisis. Criticarlo porque no cante el himno es una pavada. Luis Scola, crack de la selección de básquet, reconoció que él tampoco lo canta, simplemente porque “no me gusta cantar. El tema es que no tengo tres millones de ojos encima”. Maradona contó que Messi fue el que más lloró tras la eliminación del Mundial. Y nadie llora por algo que no le importa. El Barcelona no quería cederlo para los Juegos Olímpicos y Messi presionó, viajó a China y fue campeón. Pequeños ejemplos para los que hablan sin saber lo que dicen.

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