Leonardo Ponzio tiene un modo de hablar particular: rápido, como si alguien lo corriera al expresarse, y algo enrevesado. Lo sabe, y se ríe de eso: lo tiene asumido con la naturalidad con que sabemos que después del verano viene el otoño. El capitán de River parece un tipo de modales sencillos, respetuoso, enemigo del divismo. La experiencia, sus dos pasos por el Zaragoza y una vida lejos de su familia desde los 14 años, cuando se sumó a las divisiones inferiores de Newell’s, fueron tallando la personalidad de un futbolista que hizo del esfuerzo físico y la inteligencia táctica las claves de su carrera. Ponzio tiene una mirada crítica de la histórica crisis que afecta al fútbol argentino, pero a la vez considera que hay luz al final del camino. Se lo nota orgulloso de vivir este presente de River y confiesa a LA NACION que, a los 35, ya se está ”preparando para el retiro”.
-Viviste más de cinco años en Zaragoza. ¿Como creés que nos ven en España?
-Hay que separarlo en dos partes. Está el jugador argentino, que vende mucho y es valorado en todo el mundo, y está el tema de la organización de nuestro fútbol. Si tuviéramos una organización seria, nos envidiarían muchos, pero eso lamentablemente no ocurre. El fútbol de acá es muy competitivo, pero desde afuera no se entiende porqué ocurren todas las cosas que pasan en la periferia teniendo tanto para que sea al revés.
-¿Qué liga extranjera preferís ver por televisión?
-Soy de mirar mucho fútbol europeo, pero la Liga de España me llama mucho la atención porque la jugué. Más allá de la hegemonía del Barça y del Madrid, me resulta atractivo verla. La liga inglesa también, sobre todo por el juego que proponen en cuanto a capacidad física y táctica. Y me gusta el modo de trabajar o planificar que tienen los equipos europeos.
-¿Por ejemplo?
-Cuando [Jürgen] Klopp estaba en el Dortmund, ya sabías más o menos a quién podían ir a buscar. Son equipos que buscan jugadores parecidos al que se fue, siempre respetando un estilo. También me gusta ver el tema de las contrataciones del Sevilla. Si tuvo errores, fueron contados con los dedos de una mano. Y eso es porque hay una planificación. Estuve leyendo cómo se maneja Monchi [el subdirector deportivo] y ya están pensando en junio de 2018. No erran porque se manejan siempre con esa capacidad de buscar antes lo que necesitan. Saben qué tipo de jugador puede encajar en el sistema o en el club porque estudian mucho el tema y lo van a buscar.
-¿A qué te referís con que estudian mucho el tema?
-A que el Sevilla hace diez años que viene con la misma estructura. Con gente mirando jugadores en otras ligas y con cazadores de talento. Es algo que acá se podría hacer. Después, está el valor de poder contratar a la persona ideal para estar al frente de ese proyecto, y que esa persona pueda lograr una comunión con todos los veedores.
– Como espectador, ¿te gustan los partidos del fútbol argentino?
-Hay momentos en los cuales los equipos no tienen tanta necesidad de resultados, como ocurrió por ejemplo cuando se jugó el torneo de Transición, en el que no hubo descensos, y se ve buen fútbol, salen lindos partidos. Se busca salir jugando de abajo, hay jugadores desequilibrantes? Pero después, casi siempre está la necesidad de sumar y sólo sirve el hecho de ganar. Cuando las cosas aprietan, el resultado es más importante y el nivel de juego baja.
-¿El Newell’s del Tata Martino en 2013 es el equipo que mejor juego desplegó en los últimos diez años?
-Me gustan los equipos con proyecto, los que se mantienen en el tiempo. Newell’s tuvo dos años buenos, pero después no pudieron mantener el proyecto que llevó adelante Martino. Valoro mucho el último tiempo de Lanús y de San Lorenzo, que después de salvarse del descenso empezó a crecer. En River, con todos los cambios que hubo en el plantel en los últimos años, logramos conformar una estructura que siempre se acomoda para ganar o para pelear cosas. Y después están los clubes del Interior, que por ahí juegan bien, como fue el caso de Godoy Cruz cuando estuvo [Sebastián] Méndez. Cuando los equipos se desarman, es complicado mantenerse.
-El problema es que al fútbol argentino no le queda otra que ser vendedor por su fragilidad económica.
-Por eso: la clave es mantener los equipos o ser ingeniosos para reinventarse, como nos pasa en River. Cuando se acomode todo de una vez por todas, los equipos que pelean arriba, que son varios, a la larga se van a hacer fuertes.
-Y a esa solución definitiva, ¿la ves lejos o cerca?
-Por ahora, tocamos de oído. Nunca se termina de saber si es por plata, por poder o por querer que uno u otro no esté. Sí creo que hay que tomarse el tiempo necesario para que todo esto no vuelva a ocurrir. Si se arregla todo para que después se siga gastando lo que uno no tiene, vamos a seguir en la misma.
-¿El fútbol se volvió un deporte de ventajeros?
-No sé si es de ahora. Cuando éramos chicos, hasta en los picados, el que no era ventajero no podía jugar. Nosotros pensamos que nuestra viveza criolla nos hace más grandes, y la verdad es que nos empobrece. Ojo que estoy metido en el círculo ese que, por ejemplo, trata de sacar ventaja con una amarilla. Es el círculo vicioso en que vivimos.
-¿A qué atribuís esta circunstancia?
-Tiene que ver con cómo nos enseñan. El hecho de saludar a tus vecinos o de tenerles respeto a los mayores, lo adquirís cuando te enseñan en tu casa. Si te hacés el dormido en el colectivo, estamos equivocados. Y lamentablemente es algo que pasa mucho. Tiene que ver con lo cultural, con lo que te enseñan. De ahí la importancia de la educación.
-¿Cómo vive un jugador de River las dificultades que colegas de ustedes tienen por cobrar sus sueldos?
-Se habla, porque casi todos lo hemos pasado. Del lado nuestro, podemos ayudar diciendo que estamos con ellos y teniendo la disposición de estar donde nos necesiten. En este momento son los que más están sufriendo. Si estás tranquilo de la cabeza, es cuando mejor jugás. Pero si llegás a fin de mes y no podés pagar el alquiler, se hace difícil.
-¿Pero notás un espíritu corporativista?
-El jugador de fútbol es individualista. En la Argentina lo ves cuando hay catástrofes naturales, asesinatos, cosas que afectan a la sociedad. Somos muy amables y capaces de muchas cosas, pero cuando hay temas individuales, decís ”no me pasó a mí”. Si no me tocan lo mío, sigo andando. Si va una persona ciega por la calle, ¿cuánta gente ves ayudándola? La mitad no y la mitad, sí. Somos así. Cuando uno está bien y tiene que ponerse a la par del otro que por ahí no lo está, no somos muy compañeros. Sin generalizar, claro.
-¿En qué lugar se paran en medio de la crisis actual?
-Lo ideal sería que el jugador que tiene que hacer un reclamo no se exponga contra el club. Tener esa persona de Agremiados que te pueda representar sin quedar expuesto. Si vas a protestar, el que se caga es uno. Si van todos juntos, algunos tienen más compromiso y otros menos. Es difícil encontrar un compromiso colectivo real porque no todos somos iguales, como en todos los órdenes de la vida. Por eso lo mejor es que te represente Agremiados.
-¿Están conformes con el gremio?
-Sería injusto de mi parte ser terminante porque hay ejemplos de todo tipo. A algunos les respondieron y a otros no. Nunca me tocó padecer una situación complicada en el sentido de no cobrar, pero el problema no va por ahí. La cuestión pasa por que el jugador no quede expuesto.
-¿El futbolista de un equipo grande vive en una burbuja social?
-Depende de si te hacen vivir en una burbuja. Si llegás a tu casa y tenés a tu familia que te idolatra continuamente y te dicen todo que sí y que sos el mejor, seguro que sí. Pero si llegás y sos el mismo de siempre a pesar de ser jugador, si te equivocas en algo y te hacen saber que no es lo mejor, no creo que se viva en una burbuja. Es un tema difícil, porque a los 19 años por ahí tenés más dinero que tu padre y se vuelve complicado, los valores se pierden y los esfuerzos no se valoran de la misma forma. El problema no es el jugador, sino el entorno. Lo mejor es salir a la calle y tener la certeza de que sos una persona más.
-¿Cuánto perjudican a los futbolistas más jóvenes las redes sociales y la Play?
La Play no sé. Nací en una época en la que había un teléfono grande para comunicarse vía celular. Los chicos no tienen la culpa de ejercer la profesión a esta edad ni de tener tanta tecnología a su disposición. A lo mejor, se dan cuenta de que tantas cosas no son útiles ni indispensables, y eso los hace crecer. El jugador que está en River valora lo que es River cuando se va de River. Te lo digo porque me pasó.
-¿Cómo es eso?
-Te cuento mi caso. Me fui de River en 2009, a Zaragoza, y con el tiempo me di cuenta lo grande que es River, lo que te da y lo que repercute a nivel nacional y mundial. River es un club para quedarse a vivir, y si las cosas van bien, como en este último tiempo, más todavía. River es esto, lo que estamos viviendo hoy. Es de lo mejor que existe en cuanto a lo que te puede ofrecer. A uno eso lo hace feliz.
-¿Hay algún jugador joven de River al que veas como un buen ejemplo para los demás?
Sí, varios. Los chicos que tenemos ahora, algunos con varios partidos en Primera, como Martínez Quarta, Montiel, Palacios, Olivera… Me gustan esos chicos que están pendientes de lo que hacen los más grandes para tratar de copiar o de captar algo para hacerlo bien. Y te respetan.
-¿Al final de tu carrera lo ves lejos o cerca?
Está cerca, soy sincero. Lejos sería cuatro o cinco años y no creo que eso ocurra. Me veo cerca del retiro con la camiseta de River, y me voy preparando para eso porque sé que no es fácil. Lo voy asimilando porque es mejor. Pensando que falta poco, siendo consciente de eso. Disfrutando las pretemporadas, sabiendo que pueden ser las últimas, lo mismo con cada entrenamiento, con cada partido. Cuando me voy a mi pueblo [Las Rosas], por ejemplo, me pongo a pensar si mi lugar es el pueblo, Buenos Aires, Rosario? Me fui a los 14 años y sería volver de otra manera. Me gustaría seguir vinculado al fútbol. Veremos.
-¿Estás haciendo el curso de técnico?
-No. No me veo porque lo miro a Marcelo [Gallardo] y sé que para ser entrenador hay que estar más metido que como jugador. Como futbolista, a las dos o tres de la tarde llegás a tu casa y si pensás en tu rival es porque vos querés. En cambio, como técnico hay que pensar en miles de cosas: saber cómo salió la práctica, el rival, la planificación, seguir de cerca a los juveniles, un montón de cosas que hacen que el trabajo de técnico sea el doble o el triple de lo que es el de un jugador de fútbol. Eso sí: siempre les digo a mis amigos que me dolería perder la vinculación con River. Es algo que me gustaría mantener.
-¿De qué manera?
-En algún lugar en el que pudiera ser útil. No me veo trabajando con las divisiones inferiores porque hay que tener una vocación que no tengo, ni con la figura de Enzo [Francescoli], porque tenés que tener mucho respaldo. Tal vez en algún lugar en el que se puedan corregir cosas, lo que prefiere un plantel. Hay cuestiones que como capitán te siguen dando vueltas.
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