El sol es implacable en el desierto de Atacama y el viento castiga a las cientos de personas que quedaron a los pies de la inmensa duna, por la que los pilotos terminarán la especial de esta novena etapa del Dakar 2010 que unió las ciudades chilenas de Antofagasta y Copiapó, última por estas ”tierras infernales”, como las apodaron los colonizadores españoles que lo conocieron hace 500 años.

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Es el sonido del helicóptero el que devela que un piloto aparecerá en lo más alto de esa mole arena y los gritos de los fanáticos chilenos añaden más emoción al momento, a ese mágico momento en el que el hombre y su máquina -apenas perceptibles y casi del mismo tamaño de una hormiga- bajarán enfurecidos exigiéndose al máximo.

Así bajó el mendocino Orlando Terranova con su Mitsubishi, en el sexto lugar, detrás del ”rey del Dakar”, el francés Stephane Peterhansel (BMW), y de las imbatibles Race Touareg 2 del equipo Volkswagen Motorsport, hasta trepar al undécimo puesto de la clasificación general.

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Orly, de 30 años, se descolgó de ese cerro hecho una furia y envuelto en una nube de arena, a fondo, y cumplió con el primer objetivo que se impuso para esta segunda parte del Dakar del Bicentenario: llegar en el pelotón de punta en cada tramo especial.

”Quedan seis días muy duros. Espero tener más suerte que en la primera parte. Mi objetivo es llegar quinto o sexto en cada tapa”, dijo luego el mendocino, y argumentó que hay que compensar la diferencia de tiempo que hoy por hoy los diesel (Volkswagen y BMW) le sacan a los nafteros.

”Hay que dar la discusión de reglamento. La organización tiene que sentarse a hablar con la Federación Internacional del Automovilismo (FIA) de ese tema”, sentenció Terranova.

Mientras con sus manos graficaba una subida, Orly explicaba que los diesel sacan una diferencia importante y que son muchos más eficientes ”cuando aceleran de los 90 a los 140 kilómetros”, cosa que en las carreras de rally y sobre todo en un raid como el Dakar es muy notorio al final de una especia, porque se pierden ”segundos preciosos”.

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Al ser consultado sobre si Volkswagen, el equipo campeón del Dakar 2009 hoy dueño de los tres primeros lugares en la general, podría hacer presión para evitar ese cambio en el reglamento, Orly consideró que una modificación así ”sería sensata”, incluso, para el propio equipo alemán.

”La categoría tiene que dar prioridad a la mayoría, que son los autos nafteros”, apuntó el mendocino.

Enfundado en una remera roja y pantalones azules, Terranova no pierde la tranquilidad ni la sonrisa, aclara que se siente cómodo con Mitsubishi y con fe en terminar entre los 6 o 7 primeros de la general, pese a los problemas que vivió en las primeras tres etapas del Dakar y que lo relegaron en la carrera.

En la primera etapa (Colón- Córdoba) sufrió la rotura del parabrisas, en la segunda (Córdoba-La Rioja) falló el embrague y lo complicó la ”distracción” de un compañero de equipo que no se detuvo a asistirlo, lo dejaron después casi dos horas a un costado del camino, y en la tercera etapa (La Rioja-Fiambalá) se quedó sin frenos.

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Pero Orly recuerda la verdadera esencia del Dakar: ”Lo importante es llegar, hacer etapa por etapa”.

Y sentencia: ”Yo aprendí que acá nunca hay que mirar desde arriba creyéndosela porque esto es el Dakar y nunca se sabe lo que puede pasar. Ví a muchos hacer eso y al día siguiente cuando la cosa cambia no saben donde mirar. Acá se trata de llegar al final”.

Orly deja la carpa del equipo tras dialogar con los mecánicos y se pierde entre la multitud que cada día se mueve en el hormigueo constante que es un vivac Dakar.

Luego se sentará a almorzar en unas de las mesas largas de madera del comedor, entre mecánicos y periodistas con su amigo y ex compañero de equipo, una apuesta segura de rato distendido y divertido, el príncipe qatarí Nasser Al Attiyah (VW).

María Pía Del Bono, enviada especial – Telam

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