‘Rafa’ y ‘Pico’ batallaron durante una hora y media para doblegar a los especialistas checos Cermak y Vesely, y generaron las primeras grandes ovaciones del torneo en el Buenos Aires Lawn Tennis Club, que estuvo ocupado en un 70 por ciento de su capacidad total, que alcanza a 6.030 espectadores.

Nadal, 9 veces campeón de Roland Garros y considerado en forma unánime como el mejor de la historia sobre polvo de ladrillo, pisó la cancha central del Buenos Aires después de una década, con vincha y muñequeras amarillas con vivos blancos, remera blanca y pantalón gris, y recibió enseguida el cariño de la gente.

”Rafa quedate para siempre, en mi casa hay lugar”, rezaba la bandera especialmente colocada por los fanáticos para el crack nacido en Mallorca hace 28 años, quien retribuyó tanto afecto con su ‘garra’ y entrega habitual, la que ofrece en el circuito cuando afronta cada una de sus hazañas.

Nadal y Mónaco, amigos desde la infancia, cuando el tandilense decidió instalarse en España para formarse como tenista, suelen disfrutar cuando se juntan para un torneo de dobles, y también ganan, como lo hicieron este año en Doha, en un torneo que se anotaron para pasarla bien y terminaron alzando el trofeo.

El primer set del partido favoreció a los checos, quienes demostraron mejor coordinación, arriesgaron con tiros ganadores y tuvieron a Cermak bien plantado en el fondo de la cancha y al longilíneo Vesely preciso en la red, con varias voleas de alta calidad.

La pareja checa se entendía mejor, con Cermak al mando, ya que a los 38 años domina el tema dobles y ya era profesional a los 17, justo cuando nacía su compatriota Vesely, de apenas 21 y un buen futuro por delante como singlista.

Una doble falta de Nadal les dio el primer set a los checos por 6-4, y un quiebre sobre el servicio del español los puso adelante 5-3 en el segundo, con la victoria cercana.

Sin embargo, el público comenzó a alentar sin pausas, con el ”Vamos Rafa vamos, ponga huevos que ganamos” y el clásico ”y pegue Pico pegue”, y el partido increíblemente cambió, y lo que parecía derrota segura comenzó a transformarse.

Nadal jugó cuatro games excepcionales, con garra, determinación y tiros ganadores, el estadio se levantó y lo que era 3-5 pasó a ser 7-5 y a empezar de nuevo, pero con los checos aturdidos, incómodos y con mucho miedo escénico, conscientes de que enfrente tenían a un grande en serio.

En el súper tie break al mejor de 10, Nadal siguió en altísimo nivel y Mónaco lo acompañó con una notoria mejoría en la red, con tres voleas que fueron tres puntos y así se mantuvieron al frente hasta el 10-8 final que desató el festejo de dos amigos dentro de la cancha y la gente en las tribunas.

Nadal tardó una década en volver al estadio del barrio de Palermo, pero regresó con toda la furia y demostró ser un ganador que no quiere perder ni siquiera un partido de dobles, a 24 horas de su debut en el cuadro de singles, que será mañana a las 21 ante el cordobés Facundo Argûello.

El español se metió al público en el bolsillo y a Mónaco la victoria le vendrá más que bien para maquillar la decepción que le generó quedar afuera del equipo de Copa Davis, más allá de lo que suceda en el próximo compromiso de la pareja, que será el jueves ante la dupla argentina conformada por Federico Delbonis y Andrés Molteni.

El Buenos Aires tuvo su mayor lleno de la semana, para un partido de dobles de una primera ronda, algo que solo puede generar un gran campeón como Nadal.

En tanto, mientras Nadal y Mónaco generaban ovación tras ovación, en la cancha del fondo, la número 2, un argentino, Guido Andreozzi (194), avanzó a los octavos de final tras dejar en el camino a su compatriota Molteni (280) por 6-2 y 6-2 luego de una hora y 12 minutos.

Andreozzi, cuyo triunfo fue presenciado por un puñado de familiares cercanos, jugará en octavos de final ante el uruguayo Pablo Cuevas (24).
Telam

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