El, ahora embajador mundia de Unicef declaró que “ que hay millones de niños que no están bien, que tienen enfermedades y que no se alimentan bien ni tienen educación”.

En el acto lo acompañaban Joan Laporta, presidente; O’Brien, representante del organismo; y Pep Guardiola, su entrenador;  Xavi, su compañero, escondido en las últimas filas, mientras niños, con la camiseta azul del Unicef, disfrutaban de una mañana insólita.

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Estaban al lado de Messi y poco después pisarían el césped del Camp Nou con el niño que se hizo estrella en el Barcelona. El niño que aún habita en ese cuerpo de mago, capaz de viajar a ”África, a Haití o a dónde haga falta para ayudar a los otros niños”.

Messi, que asume un cargo que ostentan, entre otros, la reina Rania de Jordania, los actores Mia Farrow y Orlando Bloom, la cantante Shakira y el tenista suizo Roger Federer, recibió ayer una insignia en la solapa de su chaqueta que simboliza la ayuda a los niños desfavorecidos. Y en su primer acto como embajador global del Unicef, el delantero apeló a la ”humildad” para no reírse de la desgracia blanca en Europa. ”Lo que pasó es un aviso para nosotros. En la Champions no hay favoritos. Hay que jugar cada partido como si fuera una final. Debemos tener los pies en el suelo”.

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