Mientras Edgardo Bauza se sigue resistiendo a darle una oportunidad en un seleccionado que arroja dudas sobre el nivel de varias individualidades, Mauro Icardi se dedica a salvarle con goles la cabeza a otro director técnico. Si Frank De Boer se mantiene como entrenador de Inter en buena medida se lo debe al golazo que hizo el capitán del equipo de Milán a dos minutos del final. Presionado por un defensor, en la entrada al área giró y sacó un derechazo que entró en un ángulo. Fue el tanto del 2 a 1 sobre Torino. Una victoria que a Inter apenas le sirve para trepar a la mitad de las posiciones de la Serie A y para atenuar un poco el descontento por las cuatro derrotas sufridas en siete encuentros en el último mes, entre el calcio y la Liga Europa.
De rebote, tras un mal despeje del arquero de Torino, Icardi también había anotado el primer gol. Los rumores en los días previos indicaban que otro mal resultado podría haberle costado el puesto al holandés De Boer, que lleva apenas dos meses y medio en el club, tras el intempestivo despido de Roberto Mancini.
El entrenador tuvo palabras elogiosas para el rosarino: ”Es un jugador fantástico. En los entrenamientos y en los partidos demuestra que es el mejor”. Y también se refirió al altercado que el delantero tuvo en las últimas semanas con los hinchas de Inter: ”Sabemos que no le fue bien con lo de su libro, pero creo que es un caso superado. Es un buen ejemplo para el equipo”.
Icardi está dispuesto a recomponer con goles su deteriorada relación con los tifosi, quienes hace un par de semanas reaccionaron con furia y pancartas (”No sos un hombre, no sos un capitán, sos una mierda. Para nosotros estás acabado”) al tramo de la autobiografía en la que Icardi relata un viejo incidente con los ultras, a los que había amenazado con enfrentarlos con mafiosos que iba a traer de la Argentina.
Fue esa una semana en la que su pareja, Wanda Nara, tuvo mucho trabajo como representante de Mauro. Tras gestionar una renovación de contrato con los dirigentes de Inter hasta 2021 por 5,5 millones de euros por temporada, con lo cual lo convirtió en el tercero entre los mejores pagos en Italia, tras Higuaín (7,5 millones) y De Rossi (6,8), Wanda adjudicó el texto de la discordia a una deficiente traducción al italiano. En uno de los palcos del Giuseppe Meazza, Wanda presenció ayer la muy buena actualidad futbolística de su pareja y la curva declinante de su ex, Maxi López, que ingresó en Torino para disputar el segundo tiempo.
Fue un día con un contraste muy particular: mientras Bauza convocaba a Lavezzi, que no disputa un partido oficial desde hace más de cuatro meses, cuando se fracturó el codo izquierdo en la Copa América, Icardi llegaba a los ocho goles en 10 cotejos en la Serie A, dos menos que el capocannoniere Edin Dzeko.
Sin ser un personaje deliberadamente conflictivo, Icardi carga con la condena de cierta parte del ambiente futbolístico por haber conquistado sentimentalmente a Wanda cuando era esposa de Maxi López. Maradona lo acusó a viva voz de ”traidor”, descripción en la que coinciden otras figuras del ambiente futbolístico que prefieren comentarlo en reserva, fuera de los micrófonos.
No son pocos los que creen que esta historia del corazón dificulta su llegada al seleccionado. Bauza dice tenerlo en cuenta, aunque no le dispensa una consideración especial: ”Icardi está entre los 60 jugadores que tenemos bajo observación. Si sigue en este nivel, en cualquier momento puede ser citado”. Pero antes debutaron Pratto y Alario. Icardi no pierde la paciencia ni la diplomacia: ” Me pondría muy contento una convocatoria. Me permitiría seguir aprendiendo de los grandes delanteros que tiene la selección”. La situación es paradójica: hace tres años disputó sus únicos 10 minutos con la Argentina por las eliminatorias para evitar que Italia lo tentara con ser un oriundi. Hoy es relegado.
Distante de la Argentina más allá de sus méritos, Icardi lleva adelante la reconociliación con el mundo Inter por una autobiografía que se le volvió en contra. En su momento, lo cuestionaron el vicepresidente Javier Zanetti y una vieja gloria del club, como Diego Milito. Ayer festejó los dos goles de cara a las tribunas cabeceras, con gestos amistosos. A los 23 años, Icardi necesita achicar su lista de enemigos para ser juzgado únicamente por lo que es: un estupendo delantero.
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