En cuanto a lo deportivo, las autoridades respiran tranquilas: la joya del plan olímpico londinense, el estadio de atletismo de Stratford, quedó concluido en marzo de 2011 y supuso un gasto de 468 millones de libras (556 millones de euros), algo por debajo del presupuesto inicial.

También lucen terminados el resto de instalaciones del Parque Olímpico, al este de Londres, con el Centro Acuático de la angloiraquí Zaha Hadid como eje de gravedad del proyecto arquitectónico del Comité Organizador de los Juegos (LOCOG).

El interior del recinto, un espacio diáfano de color blanco, más parecido a un museo de arte contemporáneo que a una piscina de competición, ha causado admiración en los medios británicos, a pesar de que ha costado 269 millones de libras (320 millones de euros), tres veces más de lo previsto.

El gasto público que suponen unos Juegos en tiempos de crisis es una de las principales cosas que pesan sobre la organización de Londres 2012, después de que el Parlamento hiciera público en marzo que la factura de los Juegos rondará finalmente los 11.000 millones de libras (13.000 millones de euros).

La cifra es un 20 por ciento mayor que las últimas proyecciones de gasto que había hecho públicas el gobierno del Reino Unido, que a finales de 2011 decidió doblar el presupuesto destinado al dispositivo de seguridad que blindará Londres durante este verano con la ayuda del ejército.

La capital británica recibió el encargo de organizar los Juegos en 2005, en un momento de bonanza en el que no se preveía el empobrecimiento de las economías mundiales que se avecinaba, atenuante que los organizadores de Londres 2012 esgrimen en su favor.

El LOCOG recalca que, tras ser nombrada ciudad olímpica por el COI, Londres no tardó en buscar patrocinadores, lo que sirvió para que diversas compañías firmaran jugosos acuerdos en un momento en el que sus beneficios se multiplicaban cada año.

La capital británica ha buscado hasta último momento fórmulas para rentabilizar la inversión en los Juegos, una de ellas la venta de los 2.818 apartamentos de la Villa Olímpica, cuyas obras finalizaron el pasado enero.

La antelación con la que los constructores entregaron las viviendas permitió a los organizadores amueblar con calma los pisos donde residirán los atletas este verano, en los que se han instalado, entre otro mobiliario, 16.000 camas individuales, 9.000 armarios y 11.000 sofás.

Tras los Juegos, las compañías ”Qatari Diar” y ”Delancey Estates” sacarán al mercado la mayoría de los pisos en virtud de un acuerdo de 557 millones de libras (662 millones de euros), mientras que las autoridades británicas convertirán 675 de los pisos en ”viviendas sociales”.

Detras de las 7 maravillas, las cuentas pendientes

La culminación de las obras en el Olympic Stadium (el estadio principal), el Aquatics Center, los edificios de la Villa Olímpica, el Cooper Box (estadio para estapas preliminares de handball), el IBC/MPC (edificio de transmisiones), el Riverbank Arena (canchas de hockey) y el Basketball Arena es ya una realidad; sin embargo, las autoridades deben resolver aún los problemas en el área de transporte y seguridad para evitar que la vida de los ciudadanos se vuelva caótica.

Una gran parte de ellos ”escaparán” de los Juegos para evitar los inconvenientes de tráfico que se esperan. A pesar de la inyección de 6.500 millones de libras (7.800 millones de euros), el metro de Londres es el más antiguo del mundo y muchos vagones y estaciones siguen siendo anticuadas.

La ”Jubilee line”, la principal línea que enlaza el centro de la
ciudad con el estadio olímpico, fue modernizada con un nuevo sistema de señalización, pero éste falla con demasiada frecuencia.

La red de carreteras aún no está terminada: los anillos en torno a la ciudad escasean en Londres, a pesar de que las grandes ciudades europeas suelen estar dotadas de varios de ellos.

Un 40 por ciento de los taxistas británicos, que conducen los
famosos ”cabbies”, ya anunciaron que se negarán a trabajar durante los Juegos si no se les permite solicitar una prima en compensación por la pérdida de viajeros que ocasionarán los atascos.

Los organizadores tratan de ser optimistas. ”Estamos seguros de que el sistema de transporte será resistente durante los Juegos”, señaló Mark Evers, responsable del transporte de Londres para el evento.

El LOCOG también teme un posible ataque terrorista. El atentado que sufrió la capital británica el 7 de junio de 2005, en la que murieron 52 personas, todavía está presente.

La seguridad no es un tema menor. Y más, después de que el domingo de Pascua un alborotador frenase la tradicional carrera de remos entre las Universidades de Oxford y Cambridge.

Aunque Sctoland Yard insiste en que no serán ”unos Juegos
militarizados”, los londinenes no tienen fe en ello.

Un buque de guerra está anclado en el Támesis, algunos jets ”eurofighter” están disponibles en una base aérea cercana a Londres y varios misiles tierra-aire están preparados para su lanzamiento.

Hasta 23.000 agentes velarán por la seguridad de los Juegos, de los cuales 13.000 son soldados, un número mucho más alto que el de tropas británicas en misión en Afganistán.

La seguridad aumentó los costos aún más. Aunque el gobierno y los organizadores esperan que el total asciendan a 9.300 millones de libras (11.200 millones de euros), hay muchos críticos que piensan en una cifra mucho mayor debido a la crisis financiera.

La diputada laborista y presidenta de una comisión de auditoría, Margaret Hodge, estima un costo de 11.000 millones de libras para los contribuyentes. Critica, por encima de todo, la campaña publicitaria de 400 millones de euros destinada a que un millón de británicos comenzara a hacer deporte. Hasta ahora, tuvo acogida en 110.000 ciudadanos. El resto prefiere seguir yendo al pub.

Infobae

 

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