Las postergadas decisiones de la Asociación de Fútbol Argentina, a través de la dupla fuerte Tapia y Angelici, es motivo para estas reflexiones del autor de esta columna de opinión.

Por Sergio Levinsky
Si hay algo en común en todos los frentes que tiene la AFA por estas semanas es que en todos los casos, siempre patea la pelota afuera y lo más lejos posible, llámese elección de director técnico de la selección mayor, determinar una estructura para todos los equipos nacionales, o determinar -como presiona el Gobierno- si se acepta o no la llegada de los capitales privados a partir de la incorporación de las sociedades anónimas a los clubes participantes en los distintos torneos de la entidad.
Cuando la pasada semana todos esperaban una definición sobre el nuevo director técnico de la selección mayor, y hasta el propio presidente de la Nación, Mauricio Macri, manifestó sus deseos de que éste fuera Jorge Almirón (hoy en Atlético Nacional de Medellín), el presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, y el verdadero Hombre Fuerte del fútbol argentino, Daniel Angelici, pospusieron la decisión dejando hasta fin de año, como interino, a Lionel Scaloni, secundado por Pablo Aimar.
La elección de Scaloni y Aimar para dirigir a la Selección hasta fin de año no es ninguna casualidad, aunque también rondaba el nombre de Jorge Burruchaga, manager hasta el Mundial. Scaloni, integrante del cuerpo técnico de Jorge Sampaoli hasta hace pocos días y surgido en Newell’s Old Boys, era uno de los más allegados a Lionel Messi durante los días de concentración en Rusia, mientras que Aimar es nada menos que el ídolo de la infancia del crack del Barcelona.
Esta es una buena forma, entonces, de mantener intacta la chance de que el diez pueda evaluar un eventual regreso cuando las aguas se aquieten, ya sea antes o después de junio de 2019 cuando se dispute el primer torneo de interés real para la AFA, más allá de que de la boca para afuera se insista en que en la Copa América de Brasil “no tenemos expectativas porque apuntamos al Mundial de 2026”.
Al mismo tiempo, y por las dudas, significa matar dos pájaros de un tiro porque, al menos Tapia y los dirigentes más cercanos, aspiran a que José Pekerman, con contrato con la Federación Colombiana hasta el 31 de agosto, pueda ingresar como manager general, aunque todavía no tienen claro si esto abarcará a la selección mayor o sólo a los juveniles y la mayor se podría manejar en forma separada e independiente. Y tanto Scaloni como Aimar fueron jugadores de Pekerman, y lo mismo Diego Placente, en el sub-15, mientras se mantiene como entrenador de arqueros al hijo de Hugo Tocalli -muy identificado con Pekerman-, Martín.
Tapia sigue con su idea de que sea Mauricio Pochettino quien dirija a la selección mayor, pero parece muy difícil que esto suceda en el corto plazo. De hecho, en mayo intentó contratarlo el Real Madrid y el presidente del Tottenham Hotspur, Danny Levy, pidió a los blancos españoles 50 millones de euros para soltarlo y no sólo eso, sino que el ex jugador de Newell’s y Espanyol de Barcelona pidió que para renovar su contrato por cinco años, el club de Londres también hiciera lo mismo con sus principales jugadores (Kane, Ali, Eriksen) y en todos los casos, así ocurrió.
Si tomamos los casos de Diego Simeone en el Atlético Madrid o de Marcelo Gallardo en River Plate (club disidente de la AFA al punto de no formar parte de su Comité Ejecutivo), todo indica que sus situaciones son complicadísimas como para hacerse cargo del equipo nacional, pero además, al comenzar la temporada en todo el mundo en esta semana, la mayoría de los DT van resolviendo sus contratos y son pocos los que van quedando libres, al menos hasta junio de 2019.
Pero la AFA también patea otras pelotas afuera, como la de aceptar tratar (aunque en lo posible no aprobar) un viejo proyecto de Macri desde que estaba en el llano en los años noventa: el ingreso de las sociedades anónimas al fútbol argentino, que siempre fue rechazado en tiempos del grondonato (1979-2014).
Hoy deberían elegirse los representantes del Nacional B a la Asamblea de la AFA que se realizará entre el 16 y el 25 de octubre, y en la que entre otros temas del día, debería evaluar si ingresan o no las SAD aunque todo indica que la mayoría, como tantas veces, está en contra. Al menos así parece desde el Ascenso (bajo el mando de Tapia) y varios clubes de peso en Primera, como Racing Club, Independiente, Huracán, Lanús o Rosario Central, con lo cual, a primera vista, parece que la suerte estaría echada.
Sin embargo, hay un elemento de presión importante que juega el Gobierno nacional: la deuda de casi 50 millones de dólares que los clubes mantienen con el fisco, y que las entidades, tradicionalmente sin fines de lucro y de los socios, pagan sólo un 7 por ciento de algunos gravámenes gracias al decreto 1212 de 2003 promulgado por la presidencia interina de Eduardo Duhalde, que establece un régimen especial para el ámbito futbolero.
El Gobierno quiere, en lo posible, triplicar este gravamen y entonces esto da pie para que en algunos casos, se negocie aceptar el debate en Asamblea del ingreso de las SAD a los clubes de fútbol (¿y sería uno de los motivos de la invitación de Macri a Marcelo Tinelli a una reunión privada, para que el conocido dirigente de San Lorenzo trate de convencer al titular del club, Matías Lammens?).
De cualquier modo, salvo Talleres de Córdoba, Defensa y Justicia, y solapadamente Boca (para que se aplique en otros, no para sí mismo), podrían aprobar la medida junto a socios menores, pero el hecho de que al menos se debata podría contribuir al deshielo entre Tapia y Angelici, dos hinchas de Boca que manejan la AFA y que representan, respectivamente a Hugo Moyano y a Macri, que no sintonizan para nada en otros frentes y que pueda hacer peligrar la alianza que mantienen en el fútbol nacional.

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