El Real Madrid venció 3-1 al Barcelona en el Camp Nou por la ida de la final de la Supercopa de España, en un partido que tuvo de todo. Cristian Ronaldo, quien entró en el segundo tiempo, metió el segundo y luego lo echaron. Messi había puesto el empate con un penal que no fue.

El Barça sucumbió en el primer partido oficial de la temporada, un clásico que desveló las carencias que aún arrastra el equipo de Ernesto Valverde, incapaz de superar a un Madrid más sólido y con las ideas más claras.

El talento de Messi, lo mejor que ofreció el Barça en la ida de la Supercopa, no fue suficiente para plantar cara al Madrid de Zidane, que liquidó el partido gracias a la contundencia de sus contragolpes, con goles de Piqué en propia puerta, de Cristiano y de Marco Asensio.

El Barça tuvo espíritu, pero le faltó fútbol para doblegar a un Madrid más competitivo y eficaz. El equipo de Valverde no mereció una derrota tan dura, pero más que nunca, la pegada del Madrid se impuso a la posesión del Barça. Ni siqueira Messi, acostumbrado a marcar en los clásicos, pudo cambiar el panorama del partido.

El Barça ya comenzó con algunas dudas en la salida de balón: primero fue Ter Stegen, que estuvo a punto de complicarle la vida a su equipo con un mal rechace, y luego Aleix Vidal, incómodo y superado.

El Madrid, que salió de inicio con un 4-4-2 y sin Cristiano Ronaldo, puso en manos de Isco todo su fútbol: el malagueño fue el mejor de su equipo sobre el césped, especialmente en la primera parte, moviéndose entre líneas, superando rivales y generando problemas a la defensa del Barça.

El equipo blaugrana contrarrestó con su mejor argumento: nuevamente omnipresente, la figura de Messi creció con el paso de los minutos. Como si la ausencia de Neymar hubiese aumentado aún más su protagonismo, el argentino capitalizó todo el fútbol del Barça.

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El ’10’ partió desde la posición del teórico media punta, intentando buscar la corona del área y combinar con sus compañeros, pero estuvo demasiado solo.

El Madrid intentó frenar a la vieja usanza, con el marcaje individual de Kovacic: el croata se desfondó en su persecución al argentino, que supo zafarse una y otra vez pese al meritorio esfuerzo del croata.

El partido discurría intenso, pero sin ocasiones claras de gol, más allá de un tímido disparo de Luis Suárez tras un gran pase de Iniesta, o el remate al primer toque de Bale a pase de Isco desde la banda izquierda, bien repelido por un atento Ter Stegen.

Muchos focos apuntaban a Deulofeu, que estuvo voluntarioso y trabajador: lo intentó una y otra vez por la banda izquierda, pero le costó conectar con sus compañeros de ataque. Aún le faltan minutos y rodaje para coordinarse mejor con Suárez y Messi. En defensa, eso sí, se desfondó para ayudar a Jordi Alba en el costado zurdo.

Por la derecha, el Barça tuvo muchos más problemas: Aleix Vidal estuvo impreciso en la salida de balón, como si hubiera perdido confianza en sí mismo. Isco y Marcelo le ganaron todos los pulsos, hasta el punto de que casi todo el juego del Madrid se volcó por la zona de acción de Aleix Vidal.

Poco a poco, el Barça se hizo con el control del partido: al menos, desde un punto de vista territorial. Se jugó más en el terreno del Madrid que en el del Barça, aunque a los futbolistas de ataque de Valverde les costó un mundo filtrarse en la defensa blanca.

Entre otras razones, porque el Barça se ofuscó en atacar una y otra vez por el centro. Deulofeu intentó abrir el campo por la izquierda, pero una y otra vez, la tendencia del juego del Barça era buscar a Iniesta y Messi por dentro. Así, el Madrid defendió con cierta comodidad: bastó con intentar anular a Messi.

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El guión del partido cambió radicalmente en los primeros compases de la segunda parte, cuando el Madrid marcó en su primera aproximación al área de Ter Stegen: una internada de Marcelo por la banda izquierda acabó en la red del portero alemán tras ser desviada por Piqué. Apenas un minuto después, la jugada estuvo a punto de repetirse, con Benzema en el rol de Marcelo y con Piqué a punto de marcar nuevamente en propia meta.

Cada internada del Madrid retrató la debilidad de Aleix Vidal en el lateral diestro del Barça: Benzema volvió a pasearse por la banda para superar a Piqué y colocar un balón a Carvajal que parecía un gol cantado, aunque Jordi Alba salvó al Barça ‘in extremis’ cuando el Madrid parecía a punto de sentenciar la Supercopa.

Con el Madrid especialmente cómodo en el Camp Nou, Zidane dio entrada a Cristiano Ronaldo en sustitución de Benzema. El técnico francés quiso apuntillar al Barça, consciente de que el conjunto de Valverde estaba aturdido y sin ideas.Valverde reaccionó de inmediato, dando entrada a Denis Suárez por Deulofeu en un intento de refrescar al equipo. El gallego estuvo activo y comprometido como extremo izquierdo, aunque le faltó picardía a la hora de rematar cuando tuvo la oportunidad.

Sergi Roberto suplió a Iniesta en el ecuador de la primera parte, al tiempo que Asensio daba descanso a Kovacic, como si Zidane relajase la vigilancia sobre Messi.

El partido apenas cambió: el Barça tenía la pelota, pero el peligro lo ponía el Madrid, hasta el punto de que Cristiano Ronaldo estuvo a punto de marcar de tijera. El portugués asistió a Marcelo poco después, con un gran toque de tacón, pero el chut de Marcelo se estrelló contra Ter Stegen.

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Con el Barça a la deriva, débil en defensa, sin ideas en ataque y con un centro del campo diluido, el Madrid intentó cerrar la eliminatoria al contragolpe. El partido se convirtió en un intenso intercambio de golpes en el que también el Barça pudo marcar: Sergio Busquets tuvo el gol en sus botas, con un balón muerto en el área que parecía gol, pero el centrocampista envió el cuero por encima del larguero.

El Barça logró el empate desde el punto de penalti, tras una caída de Suárez ante Keylor Navas en las que apenas hubo contacto. Pese a las protestas del Madrid, el árbitro señaló los once metros y Messi no falló.

Pero la alegría apenas duró un par de minutos: Cristiano Ronaldo culminó de manera brillante un contragolpe, superando a Piqué y conectando un gran disparo desde la frontal, imparable para Ter Stegen.

La gran polémica del partido llegó cuando el colegiado expulsó a Cristiano: le había mostrado una amarilla por quitarse la camiseta para celebrar su gol y le enseñó la segunda por fingir un penalti ante Umtiti.

El ‘7’ del Madrid no se tomó nada bien la roja: reaccionó con un empujón al colegiado, que podría costarle muy caro.

Con apenas cinco minutos por delante, el Barça no supo aprovechar su superioridad para igualar el partido, qy acabó encajando un gol más, obra de Marco Asensio, que culminó otro contragolpe con un disparo extraordinario, imposible para Ter Stegen.

El partido dejó una extraña sensación entre el barcelonismo: no arranca bien la ‘era Valverde’, con una amarga derrota ante el Madrid y con el reto mayúsculo de remontar el 1-3 el próximo miércoles en el Bernabéu.

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