El penal de Ezeiza

Las puertas, cerradas. Los empleados de seguridad, firmes. Los jugadores, aislados. Y los periodistas, lo más lejos posible. Desde que Boca comenzó la pretemporada, el predio de la AFA se convirtió casi en un apéndice del penal de Ezeiza. Máxima seguridad en todos los accesos, controles totales a los autos que entran y salen, sectores por los que no pueden transitar ninguna persona ajena al plantel (ni siquiera quienes practican otras disciplinas, como el fútbol playa). Boca debe ser el único de los 30 clubes de Primera que todavía no abrió un solo entrenamiento en lo que va del receso. Ni siquiera pudo verse a los jugadores trotar alrededor de la cancha, esquivar conos, jugar al loco. No hubo atención a la prensa ni partes oficiales. El primer partido del año será el sábado, un amistoso sin demasiada trascendencia contra Estudiantes en el que hasta podrían jugar algunos suplentes, pero puertas adentro todo se realiza en un marco de hermetismo total. ¿Qué es lo que esconde Guillermo? ¿Cuál es el motivo por que el plantel completará sus dos semanas de trabajo en Ezeiza sin que nadie pueda acercarse? ¿Qué es lo que no puede verse? El Mellizo no es partidario de destapar la intimidad del plantel ni los jugadores, fanáticos de mostrarse en público. Si fuese por ellos, practicarían todos los días a puertas cerradas, sin cámaras ni periodistas. En Lanús, Guillermo estuvo tres años y medio sin abrir una sola vez los entrenamientos, aunque desde el 2005 el club había adoptado esa postura por un conflicto pasado. En este caso la decisión de los mellizos tiene que ver con cuestiones que exceden lo futbolístico. La salida de Tevez fue un golpe durísimo para el plantel y el Melli quería refugiarse estas semanas y trabajar a full para ver de qué manera se acomodaba el equipo y el grupo a la ausencia de su líder futbolístico y emocional. Guillermo encontró un plantel dispuesto a dar vuelta la página y afrontar el segundo semestre convencido de que sin Carlitos también se puede salir campeón. Y jugar bien. Estos días de paz sirvieron para unir aún más al grupo y trabajar con tranquilidad. Alejarse de los rumores. No exponerse a conjeturas. Aunque el Melli sabe que debe salir a hablar para darle un corte definitivo al tema Apache. Lo más probable es que lo haga el viernes en Mardel, aunque eso tampoco está confirmado.
Aun así, la medida parece un tanto excesiva. No sólo del lado de Guillermo, sino también por parte del club. El juvenil Javier Bustillos, ahora tercer arquero, contrajo un cuadro de paperas en Ezeiza. Fue dado de baja por el cuerpo técnico y en su lugar se entrenó otro pibe, Pesalaccia, hasta que volvió Bustillos. Boca jamás informó nada. Tampoco que se jugaría un amistoso contra la Selección Sub 20 de Ubeda y ni hablar del equipo que Guillermo paró ayer en cancha con vistas al primer amistoso. Nadie pide tanto. El predio, por ahora, sigue sitiado. Ayer Boca se entrenó en la cancha más lejana a la entrada principal, una zona que sólo puede observarse desde la Ricchieri, pero que a su vez está tapeado por lonas verdes que impiden la visión.
El Melli tuvo sus razones para no mostrarse. Ahora, a hablar en la cancha.

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