Lejos quedaron aquellos días en los que el dinero y los lujos abundaban en la vida de Emerson Fittipaldi. Es que el ex piloto brasileño bicampeón del mundo de Fórmula 1 se encuentra hundido en una severa crisis financiera. A tal punto que entre varios de los bienes que le embargaron aparecen los autos con los que se bañó de gloria.

Quien apretó el acelerador a fondo y en 1972 y 1974 fue el mejor en la F 1 como así también ganó las 500 millas de Indianápolis en 1989, tiene abiertos -según difundió la cadena televisiva brasileña Rede Record- 60 procesos judiciales en los tribunales de Brasil y acumula una deuda de 27 millones de reales, alrededor de 7.400.000 dólares.

Entre sus principales demandantes se enumeran bancos públicos y privados y empresarios. Pero el colmo llega a que hasta el propio dueño de una estación de servicio de Araraquara, en el corazón del estado de San Pablo, denunció que Fittipaldi le debe más de 16 mil dólares.

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Teniendo en cuenta su difícil situación financiera, la semana pasada la justicia brasileña decidió expropiarle varios de sus bienes.

Entre los inmuebles y trofeos confiscados aparecen dos de sus joyas más preciadas, esas con las que Fittipaldi se convirtió en una leyenda en su país. Y, claro, las que le permitieron agrandar el tamaño de sus bolsillos por aquellos tiempos. El Fittipaldi FD-04 con el que corrió las temporadas de 1976 y 1977 de F 1 como así también el Penske número 20 con el que se consagró en Indianápolis y levantó el título de F Indy en 1989 ya no están más entre sus manos.

A raíz de ese panorama los asesores de Fittipaldi dieron a conocer un comunicado oficial en el que explican que el piloto “nunca ocultó sus dificultades financieras y siempre estuvo dispuesto a negociar con sus acreedores”.

Evitando magnificar el volumen de sus deudas como así también tratando de darle una posible explicación a la crisis que enfrenta, Fittipaldi, de 69 años, aseguró que lo que debe es una cifra menor a la de su fortuna. Además culpó de sus problemas económico al “inestable clima político y financiero que enfrenta todo Brasil”.

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Está claro que el gigante sudamericano que representa una de las economías más grande de América Latina afronta una severa recesión económica además de una crisis política entremezclada con escándalos de corrupción que involucran a la mismísima presidenta Dilma Rousseff, pero sus críticos aseguran que no toda la responsabilidad de los problemas financieros de Fittipaldi se originan a partir de ello.

Es que su situación empezó a complicarse aún más cuando se convirtió en el promotor de la etapa brasilera del Mundial de Endurance entre 2012 y 2014, según le comentó al diario brasileño O Estado de São Paulo un colaborador cercano.

“Hace tiempo que Fittipaldi tiene una situación financiera muy mala y enfrenta diferentes procesos en su contra. Pero su situación se agravó cuando hizo venir a Brasil el Mundial de Endurance”, reveló el asistente que prefirió mantener el anonimato.

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A partir de esa realidad económica la Federación Interncional del Automóvil, además de despegarse de Fittipaldi, desde el año pasado decidió dejar de organizar el Endurance en Brasil.

“Los autos de carrera y los trofeos conquistados por el bicampeón de la Fórmula 1 y de las 500 millas de Indianápolis pertenecen a un museo dedicado a todos aquellos brasileños que son amantes del automovilismo. Por ello, en cuanto la cuestión sea resuelta, volverán a su lugar de origen”, rezó la nota que divulgaron los asesores del ex piloto.

Seguramente ese sea el gran deseo de Emerson Fittipaldi, que por estos días estaría negociando con sus acreedores la reestructuración de la deuda.

Son días en los que, literalmente, no tiene dinero ni para la nafta.

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